El efecto Wikileaks pone a prueba también la transparencia y coherencia de las empresas

Wikileaks está pasando como un tsunami por la vida política internacional en las última semanas y meses. Hasta este momento, vemos como se ha establecido una especie de enfrentamiento que ha coaligado, de una parte, a periódicos (muy fundamentalmente los que están gestionando las exclusivas, entre los que está El País en España) junto a los internautas y defensores de la web social (entre los que me incluyo); teniendo por otro lado las administraciones de medio mundo con la norteamericana a la cabeza, a las que se les han sumado empresas muy importantes como Bank of America Visa, Mastercard, etc,

Efectivamente, suena como una pugna entre los que gestionan y usan la información contra los que tienen el poder político y económico, que llevan incluido poder también en la gestión de información a través de los medios en los que influyen. Así visto es una lucha desigual, una especie de David contra Goliath, de la que sin embargo no habrá que esperar ni vencedores ni vencidos, por lo menos no en el corto plazo.

Lo que sí se debe considerar es que la sociedad, que está cambiando a marchas agigantadas dada la incidencia especialmente de internet y de su protagonismo creciente de las personas en él,  toma debida nota del asunto Wikileaks de estas fechas. Desde luego, puede que la cosa quede aquí y que, pasada una temporada, este caso y su promotor, Julian Assange pasen a un segundo término, y aquí paz y mañana gloria. Pero puede también que, con Wikileaks, no se haya más que iniciado una nueva dinámica que puede que cambie de nombre, pero no en cuanto a las consecuencias. De hecho ya han aparecido nuevos movimientos que actúan de forma similar.

Bajo mi punto de vista, parece bastante patente que las personas en general no dejan de apostar, una vez experimentado, por aquello que conecta con su forma de entender la vida y, para los ciudadanos y consumidores, puede resultar un derecho irremplazable saber qué es lo que se cuece en las bambalinas del poder, especialmente en el apartado político, en el que se suele abusar del doble lenguaje. Esa percepción de las personas de a pie, obviamente en las sociedades realmente democráticas y con recursos, devendrá en la exigencia de mayor transparencia y coherencia. Ya digo que puede que no por Wikileaks, que puede que desaparezca de la faz de la tierra, sino por el hecho de que la red hoy permite la repetición de hechos similares, una y otra vez, a mayor o menor escala. La reacción del poder, así en general, va a ser, está siendo, poner límite y evitar que hechos como estos se vayan a producir más veces. Esta misión es realmente difícil, puesto que como se dice muy habitualmente, el control de los mensajes en la era de la web social es básicamente imposible.

Pero este hecho tiene otra lectura que tiene que ver con el derecho a la privacidad. Yo desde luego no soy un experto, pero resulta patente que todas las personas físicas o jurídicas tienen un ámbito de acción inalienable en el que la irrupción puede considerarse delito. Este límite, en el mundo analógico, suele ser atravesado en ocasiones por la justicia, la policía o los medios de comunicación, siempre que se vayan a desvelar o subsanar actuaciones o hechos contrarios al bien general. Sería como los casos de los agresores de la violencia de género, es decir los que maltratan a sus mujeres. Hasta hace no mucho tiempo, se consideraba algo de la esfera particular de la pareja y ahora, está visto, que es algo que sobrepasa esa frontera.

Realmente lo que puede presidir esta etapa, que podemos estar inaugurando, es la existencia de una mayor transparencia que demanda coherencia. Yo creo que los ámbitos de la privacidad tienen que ser respetados para cualquiera, sea privado o público, persona u organización. Otra cosa es que haya una forma de proceder contraria al bien general. Los tiempos demandan transparencia y coherencia como afirmo, razón por la que las organizaciones tienen que hacer gala de ambos valores, de acuerdo con una dinámica social cambiante en ese sentido. Se trata de cumplir determinadas reglas que las leyes ya nos marcan, pero que en ocasiones se suelen orillar argumentando el amparo de las reservas propias del ámbito privado.

No es aceptable que bajo ese amparo se mantenga de forma permanente un doble lenguaje, que lo único que nos demuestra es el uso de la mentira para mantener un determinado status quo o formas de proceder. Sin embargo, la permanencia a lo largo de la historia de un doble carril, uno para dentro y otro para fuera, es tan humano que cualquiera lo practica. Y no es que eso esté bien, o mal, lo que pasa es que probablemente se haya aceptado y justificado en exceso hasta que haya podido llegar el momento de decir, hasta aquí hemos llegado. Por otro lado, creo firmemente en la fortaleza de la coherencia entre los distintos niveles de nuestra presencia. Ser y parecer lo mismo dentro que fuera para mi tiene un importante valor, un valor que otorga confianza. Me desagrada comprobar que, por conveniencia, se pueda actuar de forma dispar y, lo que es peor, yendo en contra de la verdad como algo natural.

Descarto completamente la posibilidad de que de que, con la irrupción de fenómenos como Wikileaks, tengamos que interpretar que viene un mundo idealizado, un mundo de cuento de hadas. Es tonto pensarlo. Lo que sí que creo es que las cosas cambian y evolucionan, y que la dirección de esos cambios (yo así lo pienso) tiene como fin superar nuestras imperfecciones y la de nuestras obras.

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Wikileaks impone a la sociedad una forma nueva de convivir con la transparencia

Las últimas filtraciones de Wikileaks han alborotado todo el mundo. No es para menos, ya que políticos, magistrados, embajadores, etc, etc están viendo cómo lo que supuestamente habían dicho sale a la luz a través de unos cables que la web ha publicado en su última entrega, que no será la última según ha informado desde un lugar desconocido su promotor Julian Assange.

La salida a escena de Wikileaks demuestra la capacidad de su gente de obtener información catalogada de confidencial, principalmente desde la administración de EEUU. Y, de otro lado, la nueva orientación de la distribución de información 'sin colorantes ni conservantes', directamente de la fuente, aunque sin su consentimiento. Obviamente si se tuviera que solicitar el beneplácito nunca en la vida se hubiera publicado nada.

El debate es muy serio y tiene sus límites, entiendo yo, particularmente cuando se pueda poner en peligro la seguridad de personas, por lo que es exigible responsabilidad y prudencia a la gente que publica en la web. Si bien, uno de los puntos novedosos de esta nueva dinámica es si nuestra sociedad y sus gestores están preparados para convivir con las grandes dosis de transparencia que ya ha inyectado Wikileaks en nuestras vidas. De momento no.

Desconocemos si la presencia de Assange y sus seguidores llegará un momento en el que deje de tener valor porque desistan de sus prácticas o porque el sistema los aisle. Ellos están dando cuenta de la capacidad intrínseca que aporta internet y los nuevos medios que convierten en un momento dado a personas anónimas en grandes protagonistas de nuestro mundo sin la necesidad de intermediarios.

Me da la impresión que con Wikileaks hemos inaugurado una nueva etapa en la forma de distribuir y entender la información. En el mundo occidental, en el de la 'prensa libre' cinematográficamente hablando , se ha adquirido una evolución importante en cuanto a la consideración de conceptos éticos, pero también jurídicos, tan claves como la transparencia. 'Todo con un límite', que podría decir también Hilary Clinton en su papel actual de máxima responsable de las relaciones exteriores de los EEUU. Será entonces una cuestión de límite, pero de momento el que los pone es Wikileaks, y puede que en el futuro ocurrirá igual con otra gente como Wikileaks que salga. La cosa es que, con ello estamos debatiendo también sobre la capacidad de la tecnología y sus posibilidades, que son muchas, tantas como las que logren sacar de sí las personas que las usen, para lo bueno o para lo malo.

Tener mejor salud dependerá de la mejora de la Comunicación

Salud

Ayer por la mañana tuve una interesante, a la vez que apasionante charla con un notable médico afincado en Sevilla con el que, por pura casualidad, empezamos a reflexionar sobre la importancia de internet y de la web social en el entramado de la salud. Los dos conveníamos en que, efectivamente, médico y paciente tienen que estar en contacto fácilmente para que el primero le pueda transmitir al segundo información de calidad que lo oriente. No entrábamos en el tema de las consultas médicas online, si no más bien en algo que es determinante en nuestros tiempos, en el que las organizaciones se convierten en unidades de comunicación.

Una clínica tiene que ser, por lo tanto, una unidad de comunicación. Eso puede traducirse en varias iniciativas que redunden en una: favorecer el entendimiento entre los dos polos de cualquier tratamiento: médico y enfermo. Para ello, considero particularmente, hay que tener una información de fondo que vaya variando en función de los acontecimientos y, por otro lado, una serie de aplicaciones que permitan la interactividad. Recalco que no para que haya consulta online del tipo: ‘ le he analizado y usted tiene esta enfermedad y requiere de este tratamiento’. No.

Cuando me refiero a la información de fondo hablo de toda esa serie de contenidos de divulgación que permiten centrar a los pacientes de una determinada clínica sobre lo que es relevante y lo que no lo es. En este sentido, habría que publicar artículos sencillos que expliquen cómo son algunas enfermedades, sus tratamientos, las alternativas viables, los consejos… El doctor con el que hablaba me señalaba la importancia del vídeo para la difusión de estos contenidos. Y estoy completamente de acuerdo. Los vídeos pueden ser muy gráficos, muy estimulantes y muy clarificadores. Al fin y a la postre, podrían actuar como un sucedaneo de lo que representa en la realidad el encuentro real paciente doctor.

Por otro lado, las herramientas que facilitan la interactividad (foros, plataformas de microblogging, blogs, incluso skype etc) cumplen el cometido de facilitar la interactividad para aclaraciones rápidas, dudas razonables, explicaciones sucintas de asuntos que no exigen iniciar ningún proceso médico habitual que, exclusivamente, se puede realizar en la clínica misma mediando las exploraciones, análisis, o indagaciones varias que cualquier tratamiento requiera.

Hacer que una clínica se convierta en una unidad de comunicación redundará en la generación de un nodo de conocimiento dentro de la telaraña de internet que, bajo mi punto de vista, permite la iniciación de procesos de mejora contínuos a través del análisis de los feedbacks, al tiempo que ampliará el nivel de conocimiento de la marca. Personalmente he tenido una magnífica experiencia con los servicios centrales de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, denominado Entorno Colaborativo de Trabajo (ECT). El trabajo es de orden interno, y pretende conectar los cerebros de esta organización para mejorar en coordinación y en resolución de problemas. Una de las conclusiones de esta iniciativa ha sido la generación de múltiples comunidades que están planteando soluciones para las obligadas respuestas administrativas y médicas de enfrermades como el cáncer.

Lo que me parece bastante claro es que relacionar el uso proactivo de las nuevas herramientas de participación de internet con las relaciones con los pacientes, cada día que pasa, no representa una decisión sobre si hacerlo o mejor no. Negarse a entrar en esta dinámica es como haberse negado en su día a utilizar el fax, por ejemplo. Lo que ocurre, pues todo hay que decirlo, es que la web social tiene otros componentes, otras normas y ciertamente una mayor complejidad que lo que significa conocer el funcionamiento de una máquina de emisión y recepción de papeles con datos. Pero como ocurre en muchas ocasiones, merece la pena tener en cuenta experiencias que nos llegan desde EEUU, como la de los blogs de las Clínicas Mayo. Finalmente, de lo que se trata es de utilizar lo que nos aporta internet para mejorar los estándares de salud, algo que bajo mi punto de vista se logra con un incremento de los niveles de comunicación.

Añadido: la consideración de las organizaciones, y en este caso los centros hospitalarios o clínicias, como unidades de comunicación, debe incluir también presencia en las redes sociales externas, y no exclusivamente en medios propios como pueden ser los blogs. Quziás se intuyera de mi redacción, pero me ha parecido oportuno subrayarlo.

El Ejército de EEUU escarmentado quizás con Wikileaks, se zambulle en el social media

Resulta un caso realmente llamativo propio de cualquier thriller. Wikileaks es considerado por el Pentágono como un delito de robo y publicación de documentación secreta (más de 75.000 documentos sobre la guerra de Afganistán) que lógicamente ha puesto en manos de sus abogados. Mientras, el promotor de la web, Julian Assange, trata de zafarse en Suecia de la acusación de violación sexual denunciada por dos mujeres. El asunto Wikileaks, como contraposición, es visto como un salto más en la nueva reconfiguración del mapa de los medios de comunicación, la libertad de expresión y el funcionamiento de las fuentes para las que sacar su información a la luz pública es mucho más sencillo ahora al disminuir el número de intermediarios.

El tema es sin duda muy peliagudo. Determinadas ONG que trabajan en Afganistán dicen que algunos de sus miembros han visto peligrar su vida al salir sus nombres publicados y quedar expuestos ante Alqaeda. Particularmente pienso que no se justifica cualquier información publicada que ponga en peligro vidas humanas. Obviamente sería un criterio que, de aplicarse con intensidad, también afectaría a muchísimos otras plataformas de comunicación por muy oficiales o legales que puedan ser. En cualquier caso, no me siento informado en profundidad como para emitir un juicio al respecto.

Pienso no obstante que, aunque Wikileaks finalice con gente encarcelada sentenciada por los delitos de robo y publicación de documentación oficial secreta, la configuración del entorno de los medios y las fuentes, ha cambiado mucho y puede que haya nuevos wikileaks en el futuro. También considero que los gobiernos, instituciones, grandes multinacionales o empresas más pequeñas intentarán reducir al máximo el margen de maniobra para evitar fugas a toda costa, lo que irá en contra de la libertad y capacidades de la nueva internet social. El equilibrio justo del binomio libertad/seguridad es muy difícil, pero ahí están las sociedades avanzadas, al menos, para aspirar a conseguirlo. Son tiempos diferentes, y no sé si guiado de esa necesidad de adaptarse a esta nueva etapa por la que el Ejército de EEUU ha decidido intensificar su inmersión en el social media.

Contento por la confianza que nos genera la victoria de España

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Hoy no quiero nada más que expresar mi satisfacción por la victoria de ayer de la selección española de fútbol que nos dio una enorme alegría como país, de esas que duran mucho y muchos años y de las que, además, tienen efectos terapéuticos para la psique colectiva. Este blog trata de temas de Comunicación y de las nuevas herramientas surgidas en el mundo de internet aplicadas especialmente a las empresas, pero la verdad es que lo que hoy traigo aquí no tiene mucho que ver con todo esto.

Creo que el éxito de los hombres de Del Bosque ( gran tipo por lo que trasluce de su imagen pública) tiene dos virtudes: genera confianza en España y sirve para, por otro lado, superar esa vieja sensación fatal de que siempre salíamos derrotados en un momento importante de cualquier competición internacional. El éxito coronado ayer nos da gasolina de alegría y perspectiva para reubicarnos de nuevo, no sólo en el panorama deportivo sino en el general. El ejemplo demostrado por estos deportistas, a mi que me gusta practicar el deporte, implica esfuerzo y fe en el éxito, valores que son muy importantes si además van unidos a la sencillez que derrochan. A mi personalmente me gusta la sensación de ganar si no va acompañada de la arrogancia.

En fin que solo quería comunicar mi alegría como tantos y tantos españoles hoy con esta memorable consecución de un puñado de 23 hombres más su entrenador y el resto de personas que los han acompañado en Sudáfrica. No quiero marcar las tintas en la épica pues casi siempre se la relaciona con entornos de confrontación violenta. A mi me parece que de este gran éxito hay que extraer conclusiones edificantes como personas y como sociedad para seguir hacia delante con confianza en lo que somos y en lo que podemos hacer en muchos campos. Gracias a los que nos han permitido levantarnos hoy con estos sentimientos.

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La falta de cultura de Comunicación en un país llamado España

Por una vez y sin que sirva de precedente, me uniré al coro de críticas que suele surcar el espacio de este país llamado España al que quiero, y más ahora que estamos en plena lucha por alcanzar la victoria final en el Mundial de Sudáfrica. Así es, en este país es bastante común pensar que nos encanta criticar lo mal que hacemos esto o aquello y decir, a renglón seguido, que es algo que solamente nos ocurre a nosotros. No lo creo que sea así (que nos ocurra sólo a nosotros), por eso digo que voy a incurrir en el fallo que denuncio.

Y aquí va mi afirmación: como periodista o como comunicador en el ámbito de la empresa, instituciones, consultoría, investigación, educación, etc y tras muchos años en la brecha, creo que puedo afirmar que en España no tenemos muy desarrollada la cultura de la Comunicación. Para sustentar esta tesis me apoyo en dos argumentos:

  • En este país solemos justificarnos en el lugar común de: "qué importante es la Comunicación" para "a la hora de la verdad" ( y vaya si es ésta última una expresión castiza) nada de nada.
  • Quizás como consecuencia de lo primero, no tenemos una política de promoción de esta disciplina y, por ende de investigación.

¿Por qué es esto así? Creo que somos hijos de un espíritu más bien cerrado ( "que tu mano izquierda no se entere de lo que hace la derecha") se suele decir por nuestros pagos. Podría retrotraerme a la época del franquismo en la que todo parecía que confabulaba y nada claro salía a la luz salvo el poder del dictador. Afortunadamente tantos años de Democracia nos ha convertido en ciudadanos amantes de la libertad, pero no sé creo que nos hace falta algo más… Suelo comprobarlo en los grupos de personas ( en el trabajo, en los momentos de ocio) en los que suele ser muy familiar aquello de convivir con mucha información 'top secret'…

No quiero decir que haya que erradicar los secretos. Lo que afirmo es que tenemos sobrevalorada la cultura del silencio pues entendemos que lo que se dice siempre choca contra algún interés perverso. No lo creo, pienso que se puede confiar algo más en el sentido común y en la consideración de las personas respecto a cualquier asunto y sus circunstancias. El creer que si se comunica algo va a ser peor que si se tapa indica la falta de confianza en la inteligencia de nuestros iguales.

Este siuación puede cambiar con la era de la web participativa y probablemente este nuevo escenario nos haga dar una vuelta de calcetín a nuestros viejos vicios. Aquí estaremos para verlo, si todo va bien. Como muestra de este nuevo enfoque de la Comunicación, merece la pena tener en cuenta este post de Abladías titulado Cultura 2.0, en el que se reflejan muchas características sobre el cambio cultural en el nuevo escenario de la Comunicación visto desde una perspectiva española. Pienso, por último, que los españoles somos personas abiertas y que, por ende, nos podremos acostumbrar muy bien a la cultura de la transparencia, que es la que se está abriendo paso.

Las marcas adquieren valor y credibilidad si logran el ‘calor’ de las relaciones sociales

Siempre es así, aunque cada vez se impone más y mas debido a la incidencia de las herramientas de la web social: las marcas tejen su compenetración con el entorno si saben alcanzar el beneficio de la aceptación de las personas. En los mercados con escasez de oferta (pensemos por ejemplo en las tristes tiendas de Cuba) el factor determinante es la necesidad. No es tanto que me gusta más o se acerca más a mis intereses entre un elenco de posibilidades, sino que único producto consigo para satisfacer una necesidad. El objetivo en estos mercados no es decidir entre un número variado de marcas de jabón según precio y cualidades, sino tener la suerte de conseguir o no el producto básico.

 

En los mercados con diversidad de oferta, el proceso de venta no termina en el instante que alguien adquiere un producto. La permanencia de una marca se dilucida en el medio y largo plazo en el que resulta fundamental la capacidad de involucración de esa marca con las personas. Las personas interactúan respecto a las aportaciones de las marcas y establecen redes de complicidad que sirven para otorgarle valor o desposeerlas del mismo. En la economía de la abundancia de oferta, propia de las sociedades occidentales, no es determinante la necesidad sino la atención. Y la atención, dada la escasez de tiempo, se logra gracias al beneplácito que conceden las personas que confían siempre más en los consejos de sus iguales.

 

El otro factor que otorgan las relaciones sociales a las marcas es la credibilidad. Hablamos de algo que funciona como un crédito, pero no dinerario sino en confianza.  El devenir de los días genera muchas idas y vueltas, bajadas y subidas que en ningún caso la gente se plantea cuando realiza el acto de compra. Yo, cuando llego a la tienda quiero que todo esté bien y que no me lleve sorpresas y menos sin son desagradables, lo que quiere decir que los productos que adquiero deben responder siempre de forma adecuada. Con el paso del tiempo les pido además que se adapten mejor a mis pretensiones y que me sorprendan, garantizándome en todo momento lo esencial que busco en ellos, su valor raíz (status, comfort…).

 

Las herramientas del social media permiten a las empresas que establezcan con las personas las relaciones sociales que son fundamentales y eso es tan importante y exclusivo de la web social que ningún otro medio de los tradicionales lo aporta. Este aspecto tiene tal relevancia que progresivamente ocurrirán dos cosas: que el social media alcanzará un lugar cada vez mas destacado en el concierto de los medios y que, por otro lado, los medios tradicionales ( como principalmente le está ocurriendo a los periódicos) no tendrán más remedio que hacerse cada vez más y más sociales.

 

Las compañías, por su parte, están obligadas a  hacer bien sus tareas y cometerán un error si insisten en ‘conquistar’ el social media como si una campaña publicitaria se tratara. Este hecho se visualiza con toda claridad en el momento en el que las marcas tienen problemas. Así, por ejemplo, British Petroleum continúa con su particular pesadilla en el Golfo de México y tratar de tener presencia en Twitter, Facebook y demás está bien aunque no suficiente, pues no resulta creible como apunta Techcrunch. ¿Pero por qué? Bajo mi punto de vista porque funciona como el dicho de: “la mujer del césar tiene que ser honrada y además parecerlo”,  y no pretendo que la cita se aplique literalmente. Cualquier empresa o marca que esté en los medios sociales tiene que hacer el esfuerzo de conectar con franqueza con las personas en el concierto de las redes sociales, de esta manera puede beneficiarse del apoyo que le otorguen a la hora de la venta. Pero no es cuestión de relajarse, pues al final siempre pasa que el público tiene la razón y da igual que no la tenga pues se la adjudicará. Por eso hay que congeniar de una forma respetuoso y creible con él en su propio terriorio, el social media.

Una percepción vale más que mil hechos

En esta dura crisis económica que atravesamos he podido comprobar, una vez más si cabe, que las impresiones respecto a la situación son determinantes. La cosa es que tengo la mosca tras la oreja pues, según las fuentes que consultes o las opiniones que oigas, la crisis afecta más a unos que a otros. La disyuntiva ( hay otras) es si España es más responsable o está peor que la media de los países europeos de su entorno o si nuestra situación es chispa más o menos similar. Es el caso, por ejemplo, de Alemania. Está claro que es la locomotora de Europa, pero claro cuando nos dicen que los bancos alemanes están peor que los españoles, te entran dudas respecto a quien en esta depresión está verdaderamente en perfecta forma, quizás China y los países emergentes…

Estoy seguro que algunos economistas que estén al tanto de la crisis en su evolución día a día, tendrá una idea muchísimo más real de lo que está ocurriendo, pero a pesar de todo, hay circunstancias que nos hacen cambiar la opinión de la noche a la mañana. Es, por poner otro ejemplo, la última llamada que Obama ha hecho al presidente español, Rodríguez Zapatero, reconociéndole el plan y los recortes para mejorar nuestra economía. Esta comunicación telefónica ha provocado en cierta medida un giro, ya que supone un espaldarazo a la política que realiza el Ejecutivo de España. Otra llamada anterior, de hace un mes más o menos, también del presidente de los EEUU, trasladó una imagen completamente distinta: Obama reprendía entonces a Rodríguez Zapatero por la situación española.

Yo ya digo, no sé si los hechos demostrarán qué país es más o menos responsable de esta depresión, pero lo que sí sé es que las impresiones nos marcan más que los datos, sean los que sean en un sentido o en otro, pues son interpretables. La cuestión se hace más obvia dado que las informaciones son casi infinitas y existe muy poco tiempo para analizarlas. Por esa razón, la inmensa mayoría de las personas nos dejamos llevar por sensaciones y casi nunca por constataciones. No en vano, el Marketing político se basa sobre las percepciones, por lo que hay que asumir con toda claridad que en este mundo hiperconectado, "una percepción vale más que mil hechos".

Pasamos de la información es poder a compartir es poder

El titular de este post creo resume perfectamente qué es lo que está ocurriendo en nuestro tiempo, llamados como estamos a utilizar nuevas herramientas de comunicación dentro del ámbito conocido como la web social, web participativa o social media. La frase la he visto en este post de PR Squared y condensa perfectamente cual es el emergente status quo. La razón parece evidente: antes los medios estaban concebidos para acaparar y difundir información a través de muy pocas manos (propietarios de medios y sus equipos), todo lo contrario que ahora que las herramientas están concebidas para que cualquiera pueda distribuir mucha información, pues los datos se generan casi hasta el infinito y a muy poco coste para ser compartidos inmediatamente.

Sobre esta base esencial, la empresa Altimeter Group está desarrollando una actividad destinada a asesorar a las empresas sobre cómo llevar a cabo la transición hacia el nuevo modelo del social business o ‘negocio social’ que diríamos en español. Una de sus últimas aportaciones se concentra en este grupo de transparencias que yo he resumido más abajo en siete pasos. Los siete pasos que cualquier empresa tendría que llevar a cabo para evolucionar hacia un tipo de organización más de acorde con los nuevos tiempos y las nuevas herramientas y usos de internet.

  1. estudio interno previo para comprobar cuáles son los objetivos de la compañía y cómo conectarlos a priori con el nuevo entorno del ‘negocio social’ o social business.
  2. analizar cómo funcionan tus clientes en los nuevos medios sociales, tipo Twitter o Facebook…
  3. qué nivel de implicación tienen los trabajadores de la empresa con este nuevo entorno.
  4. revisar la estructura de funcionamiento, pasando de un esquema clásico piramidal a otro que facilite la participación.
  5. fijar una política ( unas normas) sobre cómo será (a nivel corporativo y de empleados) la utilización que la empresa haga de las herramientas de la web social tipo blogs, wikis, microblogging…
  6. poner en marcha nuevos empleos como community manager o social estrategist.
  7. llevar a cabo planes de formación.

No quiero acabar sin, brevemente, hacer hincapié sobre la razón por la que compartir es mejor que acaparar información. Pues sencillamente porque la difusión de los datos garantiza un sistema más completo en el que todos los aspectos quedan contemplados, con aportaciones de más cerebros y garantizando, desde el comienzo, mayores cuotas de involucración. Lo contrario nos sitúa, en tiempos de mucha información compartible gracias a los instrumentos existentes, en un entorno no adaptado en el que la decisiones son tomadas continuamente por poca gente, con puntos de vista limitados y con menor capacidad de involucración/motivación.