Ser transparente, una norma y un consejo estratégico para competir

La existencia de herramientas de comunicación participativa incrementan la capacidad de exposición de las organizaciones, así como el afán fiscalizador por destapar aquellas cosas que se consideren no están funcionando bien. Esta realidad, analizada por Don Tapscoptt en este post, nos lleva a un panorama en el que vale más ahora, si cabe, aquel viejo adagio de “la mujer del césar no solo tiene que ser honesta sino que tiene que parecerlo”.

La gran noticia que se puede inferir respecto a la incidencia de la sociedad en los acontecimientos internos de las empresas, a través de valoraciones de las marcas sus productos etc, es que no se puede dejar de ver que las cosas están cambiando y que hay que tomar decisiones al respecto.  Pero no solo eso. Lo realmente importante para la empresa es que hay que amoldarse al escenario de mayor transparencia y tener la garantía de estar en forma porque no hay miedo de ocultarse para, si hubiera que mostrarse, descubrir que se está en buena forma. Y, además, aprender a competir de esa manera.

Hay que tener en cuenta, como señala Tapscott, que las empresas como corporaciones, tienen la obligación de responder legalmente ante una serie de exigencias en momentos dados y dar cuenta de interioridades que puedan estar dañadas por decirlo de alguna manera. Esta podría ser una razón añadida que obliga más si cabe a la modificación que los nuevos usos del social media imponen a las organizaciones en lo que se refiere a la apertura y la transparencia.

Eso no quiere decir, aclaremoslo, que la empresa lo tenga que mostrar todo, pues es obvio que por razones de competitividad hay decisiones estratégicas, de productos, finanzas, etc que deben conocerse solo en los ámbitos internos.

La dureza de la crisis actual, que en parte guarda episodios fraudulentos y gastos millonarios superfluos, incorpora el concepto de la transparencia como una norma de forma cada vez más inevitable. Pero ha de ser también la transparencia una actitud que se incorpore a nuestra estrategia que tiene que ser presidida también por valores como la claridad y la empatía hacia mi cliente que me va exigir mucho para confiar en mi, exigencia que se ve fortalecida por el poder que ahora tienen los clientes gracias a internet. Así que, ¿de qué vale cualquier intento de perseverar en lo ambiguo, cuando ahora supone un mayor riesgo y la transparencia es por otra parte una forma de acercarme a mis clientes que cada vez van a comprender menos que no sea leal con ellos y más me lo recriminarían si así fuera? Pues eso.


 

Las empresas tienen que hacer una reconversión de la comunicación

Tiempo-de-cambio

Está cada vez más claro que hacer negocio se consigue gracias a la comunicación. Sin comunicación no hay negocio. Esto que resulta la mayor de las obviedades que siempre se dice como lugar común, adquiere un valor tan inimaginable que quien esté ajeno a esta realidad debe temer por la viabilidad de su empresa en un plazo de cinco a 10 años. No hay que olvidar que en el momento en el que las compañías dan el paso de relacionarse con los nuevos canales de comunicación online del social media, están empezando su reconversión. ¿Que de qué reconversión hablo?, de la de empresa que de hacer negocio como siempre empieza a hacer social business en un estadio embrionario, y que de tener una organización piramidal conectada por medios unidireccionales empieza a estructurarse de manera más horizontal debido a la incidencia de los medios multidireccionales, lo que la convierten en una empresa 2.0.

En mi visión estratégica diría que las empresas tienden a ser, en el desarrollo de su actividad económica, unas plataformas de comunicación con capacidades de generar y promover un discurso a través de mensajes e interacciones. La actividad de las compañías se concreta en datos, ideas, hechos, proyecciones propias o de entorno, que van aportando a sus clientes y al mercado en general un posicionamiento competitivo en el que la reputación resulta un valor determinante. En la medida que la empresa comunica con su entorno y estimula también la interrelación con sus públicos internos, no solamente concibe una imagen respecto a sus resultados objetivos de negocio, sino que genera una serie de percepciones que son, al fin y a la postre, las que terminan en crecimientos si son percepciones positivas de la marca, o lo contrario si son negativas.

El estado de cosas, lo que sí desaconseja de forma muy clara, es cualquier intento de actividad competitiva ajena a esta realidad de máxima comunicación generada por internet y los medios participativos que otorgan un papel de gran protagonismo a las personas. Justamente por esa razón, las compañías tienen sentido en la medida que saben adaptarse a los cambios que imponen sus clientes. La clave del siguiente paso es si deben estar a remolque de los acontecimientos o si tiene que adoptar una actitud más proactiva. No hay duda que tiene que ser lo segundo.