Suenan campanadas de muerte por el e-mail

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No sé si ese eco que huele a fin tiene sentido. Tan solo tiene sentido por ser el primer caso de empresa que ha anunciado que dará el paso de terminar con los socorridos correos electrónicos. Se trata de la compañía tecnológica francesa Atos. Que da razones de eficiencia en el empleo del tiempo y la necesidad de poner en marcha un mejor sistema de comunicación a través de aplicaciones tipo red social o microblogging.

 

Según la información que promovió la propia Atos, los mandos intermedios de la misma emplean entre 5 a 20 horas semanales leyendo o contestando correos. Reciben del orden de 200 al día, de los cuales el 18% es spam. Aquí se concentran todos los argumentos para acometer una evolución hacia esa nueva empresa ‘sin e-mails’ (impensable para muchos) que realmente es un proceso que ha comenzado paulatinamente en la compañía galaieste 2011 y que finalizará en 2013.

 

La primera vez que oi hablar del final de los e-mails fue a Luis Suárez, evangelista de IBM, en el EBE de 2008. Aquí va su conferencia. Merece la pena:

 

 

Desde mi punto de vista, la posibilidad de que los e-mails desaparezcan me parece muy interesante.Lo he intentado poner en marcha en una ocasión, pero de manera infructuosa. Al final siempre vuelves a tirar de mail. Desde luego no me parece una idea para nada descabellada. Parece bastante lógico sustituir los correos por plataformas en las que comparezca todo el mundo, y en la que se vaya colocando la información relevante que sea necesaria. Y ¿para ponerte en contacto directo con alguien? Pues para eso, desde luego existen alternativas de gran utilidad como los mensajes directos dentro de una red de microblogging o la mensajería instantánea. Está claro que huérfanos no nos quedaríamos. Si tenemos alguna certidumbre en este ápoca es que tenemos cientos de posibilidades para poder comunicar. El objetivo es buscar la alternativa más conveniente, y quizás no sea la del e-mail.

 

Empresa y empleados tienen visiones distintas de la web social. El reto es coordinarlas

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Estamos en un tiempo en el que la universalización del uso de las herramientas de comunicación de la internet de la participación, no distingue entre los protagonistas de las mismas. Cada cual se surte de la manera que lo estime oportuno, pero claro, a título personal. La cosa cambia cuando nos enfrentamos con el mundo de las empresas en el que existen normas, jerarquías y cadenas de mando, que a veces no son suficientes si realmente no se tiene totalmente claro de lo que va el paño.

Desde esa óptica (y aunque la utilización de los canales de la web social, fuera como fuere, nos lleva hacia el camino del liderazgo 2.0 como magnificamente concentra en este post José Miguel Bolívar) está muy claro que si en una empresa se decide iniciar el camino de la web social, esa decisión está en manos de la dirección. Sea para lo que sea: como pura herramienta de marketing o como sistema de reclutación de talento, por poner dos ejemplos.

Dachis Group señala que la ausencia de procesos para implentar la utilización de la web participativa en las empresas, es un aspecto destacado y muy extendido que resta capacidad a la misma. Las organizaciones, sin embargo, no pueden refrenar el incremento de las utilidades que se adquieren tanto intramuros de las mismas como, por supuesto, fuera de ellos por los clientes.

La falta de criterio adecuado de las direcciones de las compañías en lo referente a la nueva filosofía que implica la web social y la apuesta personal que cada trabajador hace de sus espacios de participación, son dos realidades de nuestro tiempo. Conectar estos dos polos representa la gran apuesta para encarar de manera productiva el desarrollo de la participación en las organizaciones vía web. Es aquí donde hay que emplearse a fondo.

El análisis del social media permite a las empresas de zapatos calcular su producción

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La noticia la ha publicado PRNewswire y cita un estudio realizado por IBM, según el cual, las empresas de confección de zapatos pueden realizar análisis del social media que le permitirían saber, en primer lugar, las tendencias de los próximos modelos y, a partir de ahí, calcular las materias primas que comprar, la producción que hay que realizar, los stocks que hay que tener, o la inversión publicitaria adecuada.
El sistema es muy sofisticado pues analiza millones de referencias publicadas especialmente en blogs, que son las plataformas más habituales para hablar de moda (un ejemplo), aunque también en redes sociales en general. Y de la monitorización de esa información, se extraen las conclusiones antes comentadas respecto a las decisiones empresariales.

 

La cuestión es que la utilización empresarial del social media va más allá del Marketing y la Comunicación. No se trata solo de usar estos medios para vender a través del diálogo. Como se está comprobando también, se puede conseguir informaciones relevantes para cualquier acción que mi compañía quiera llevar a cabo. ¿No podrían los operadores de televisión, por ejemplo, analizar los tweets, pues se calcula que un 50% de los usuarios de Twitter comentan los programas televisivos a través de esta plataforma? Parecería aconsejable.

Evolución: 10 pasos para pasar de empresa a social business

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Todos los caminos llevan al social business. No hay duda, se llame como lo llamemos el día de mañana, como si seguimos llamándolo empresa 2.0. Da igual. La cuestión es que la incidencia de los medios sociales en la realidad de las empresas es un hecho imparable que, lejos de aminorar, crece y, lo que es más importante, nos lleva hacia la decisión inevitable, como empresas, de ir abriéndonos al nuevo paradigma o desaparecer. Tal evidencia nos encarrila a través de una serie de pasos que me gustaría señalar aquí de forma muy concreta. ¿Qué está pasando con la empresa que evoluciona hacia el social business. Qué pasos tiene por delante?:

  1. la empresa tiene la necesidad de contemplar el fenómeno de las redes sociales. Lo hace por una temporada. Lo reflexiona. Se anima.
  2. la empresa da el paso y se abre sus correspondientes perfiles en las plataformas habituales.
  3. la empresa se da cuenta que con solo abrir esos perfiles no es suficiente, porque ¿quién se va a encargar de gestionarlos?
  4. la empresa decider contratar a un community manager que tiene la nada fácil encomienda de 'arreglarlo todo'.
  5. la empresa, fundamentalmente, lo que pretende es utilizar estas nuevas herramientas de internet para vender más. Se cree que se trata de un camino de una sola vía. Tiene que aprender a dialogar.
  6. la empresa (a partir de este peldaño, afecta a menos compañías), se da cuenta que esto del social media es muy amplio, que se pueden obtener más rendimientos.
  7. la empresa observa, cada vez el el peldaño es más estrecho, que hay que tener un departamento que gestione el social media.
  8. la empresa, esto es más bien ficción en estos momentos, observa que la vinculación entre los objetivos de la empresa y el social media es grande y que hay que hablar de estrategia. Surge la necesidad del social media strategist.
  9. la empresa, más ficción ahora aunque no estemos hablando de ninguna barbaridad, se embarca sin querer en el paso último: convertirse en social business o empresa 2.0.
  10. la empresa le da un giro de 180º a su estructura y se organiza en medio de las redes. Este punto no sé si lo viviré algún día de forma amplia y afectando a muchas compañías.

El desarrollo del social media en la empresa provoca el declinar del culto al jefe

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Reconozco que me hallo en un terreno pantanoso en el que las afirmaciones contundentes no tienen fácil digestión. Y efectivamente, decir que se acaba el culto al jefe debido a la mayor implantación de las herramientas colaborativas en las empresas, es de ese tipo de afirmaciones rotundas que quizás pierdan el foco para muchos. Intento explicarme para justificarme.

La primera evidencia es que la participación está creciendo en las empresas, como se puede constatar en el completo post de Blog-o-corp enlazado. Al menos en lo que se refiere a los ejemplos de las compañías que poco a poco van introduciendo este tipo de plataformas para su uso diario. La clave de este incremento no consiste en el hecho de sumar nuevos juguetitos, sino, desde luego, en ligar el uso del social media a los objetivos de negocio de las empresas.

Por otra parte, hay que recaer en el hecho de que la aplicación de estas plataformas de participación genera nuevos modos de operar (usos prácticos cotidianos), como dice este post de Harvard:

  • dar cuenta a los demás de cómo progresa el trabajo que realizas.
  • aportar a los demás aquellas cuestiones que consideras importantes para desarrollar el trabajo de otros.
  • hacer oir tu voz en general para posicionarte en tu organización y saber qué haces y en qué eres bueno/a.
  • establecer sistemas de apoyo (votaciones) a proyectos.
  • establecer sistemas de generación de preguntas y respuestas sobre asuntos que hacen falta aclarar.

Y son este tipo de usos prácticos cotidianos de las plataformas y el hecho de que liguemos el social media al negocio, lo que hace variar la idea del culto al jefe puesto que se evidencia, de un lado, que la tarea de la empresa se acomete por mucha gente que aporta conocimiento y, de otro, que ese hecho, para bien o para mal, deshace la relación de que es el jefe el único que lleva el negocio hasta la obtención de los beneficios, en el caso de que se logren. Esta claro que, antes de hablar del jefe como exponente de las organizaciones tradicionales 'del ordeno y mando', es preferible hablar de liderazgo, del liderazgo abierto (Open Leadership) que sostiene la autora Charlene Li.

El social business crece en la acción externa de las empresas y es casi nulo en la interna

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Después de la lectura de varios interesantes posts, llego a la conclusión clara de que las empresas evolucionan hacia un tipo diferente de organización que hemos, algunos, denominado social business o empresa 2.0. Se trata de una evolución que se percibe mucho más en lo que se refiere al apartado externo que al interno. Altimeter ha realizado un estudio que me parece determinante a este respecto. Según el mismo, son 13 los departamentos habituales de las compañías los que están  utilizando las herramientas de la web social. El primero de estos departamentos que más las usan es Marketing (82%), seguido de Comunicación/Relaciones Públicas (75%). Esto en el ámbito externo de la compañía. Relacionados con el interno destacan Recursos Humanos( 24%) y Producción (16%).

Es bastante patente que las compañías, con mayor o menor determinación o visión estratégica, se están sumando a las plataformas más famosas para formar parte del actual concierto de la participación a través de internet. Sin duda la principal razón es que nos encontramos ante clientes conectados con otros que definen sus relaciones con las marcas a través de comunidades y no de forma aislada. Por otro lado, aunque los procesos internos van por otro camino y a otro ritmo, para mucha gente, incluido yo, estos procesos no tienen más remedio que sumarse a la nueva evolución que va marcando a las empresas poco a poco.

En Beyond the Cube, se señalan dos razones básicas, entre otras, por las que las empresas van más lentas en el desarrollo interno del social business. Una es la idea de que la colaboración es voluntaria (opcional) con lo que parece que tiene menos importancia y, por otra parte, las herramientas de la colaboración no se ven incluidas en los sistemas de información tradicionales (por ejemplo las intranet), sino que están en un universo paralelo. En ambas limitaciones se detectan a su vez dos problemas: las empresas no han asumido adecuadamente el cambio cultural que supone la empresa 2.0 y tampoco existe una clara vinculación de la web social a los objetivos de negocio.

El modelo Apple tira por los suelos la propuesta del Social Business

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Si bien cada empresa tiene su propia idiosincrasia, su cultura corporativa, su propia forma de hacer las cosas en definitiva, es bien cierto que existen similtudes entre organizaciones. Podríamos, para resumir, hablar de dos  modelos de gestión: uno clásico, piramidal con un fluido de las órdenes de arriba abajo únicamente;  y el otro, abierto y participativo, que sostiene las últimas tesis, propias de la actual cultura de la web social.

 

Apple es uno de los más claros exponentes del primer tipo de empresas. De su éxito no hace falta decir mucho. Ayer, sin ir más lejos, se conocía que era la marca más valiosa del mundo, superando a Google. La firma que dirige con dureza Steve Jobs, así las cosas, echa por tierra todo lo que tiene que ver con la propuesta que sostiene el Social Business.

 

El gran riesgo de Apple es que Jobs ( hombre cuya vida se pierde entre la niebla) deje de dirigirla, cosa que ocurrirá tarde más o menos. Su personalisima manera de llevar la empresa exige, como medida preventiva ante su ausencia, que se ponga en marcha iniciativas que palíen su vació. Ya está en marcha, por ejemplo, una universidad interna que concreta cuáles son las claves del éxito de su modus operandi. A pesar de ello, la duda sigue planeando respecto a que sin Jobs todo será diferente, o no.

 

¿Es el ejemplo de Jobs y su exitosa Apple una constatación de que las empresas siempre se han dirigido de una manera y así debe seguir siendo? ¿Significa ello que el Social Business o la Empresa 2.0 son realmente brindis al sol, frutos de una moda? Siendo realistas en estos momentos podríamos comparar unos resultados brillantes frente a posibilidades. Yo, como parece obvio, me he declarado claro promotor de la idea del Social Business, lo cual no me impide comprobar lo que da de sí el estilo Jobs. Es cuestión de tiempo. No tengo duda. De aquí a unos años podremos comprobar si el Social Business era el sueño de una noche de verano… Yo creo que no.

Los tres pasos para que una empresa se haga Social Business

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Con ánimo de abreviar y, al mismo tiempo de estructurar, condenso en tres los pasos que cualquier empresa tiene que dar para entrar en el Social Business o convertirse en una Empresa 2.0, que vienen a decir lo mismo. Los tres pasos van de menor a mayor complejidad.

  1. Las empresas observan el  uso que sus clientes y que el entorno hace de todas las herramientas de la web social. Desde una actitud expectante, y con una cierta dosis entre la incredulidad y el temor, las compañías van progresivamente aceptando el fenómeno a la vez que asumen la posible rentabilidad que les depararía involucrarse en este mundo.
  2. Las empresas entran. Después de un tiempo prudente de observación, las organizaciones -animadas por la tendencia que marca el contexto- se animan a participar. Sin más pretensiones, se abren perfiles en distintas plataformas sociales y contratan a un community manager llegado el caso. Con una mentalidad propia del paradigma de la era pre-internet, su objetivo es obtener resultados positivos  mezclando viejas ideas con nuevas herramientas. Este es el peldaño en el que se halla la mayoría de las compañías actualmente.
  3. Las empresas evolucionan. Este tercer paso es el más complicado de todos. La influencia de las redes sociales en el negocio supone  cambios más intensos si la dirección de las compañías llevan a cabo un proceso evolutivo consecuente y práctico. La influencia de las personas en el hecho económico a través de las plataformas sociales plantea cuando menos reflexiones respecto a la manera en la que las organizaciones se modifican y adaptan mejor a la nueva situación. No se trata ya solo (que lo es) de que las empresas sepan obtener rentabilidades de la conexión entre herramientas informáticas, redes sociales y resultados, si no que los organigramas clásicos de las compañías se modifican completamente.

En una regla espacio temporal, los dos primeros pasos se han dado en un período de aproximadamente 10 a 15 años. El tercero puede llevar bastante más. Actualmente ya hay empresas, las de internet y algunas tecnologícas, que apuntan maneras. La inmensa mayoría ni se lo plantea.

La difícil interpretación del trabajo colaborativo de la web social en un mundo competitivo

Competitividad

Está más que claro. Nos encontramos ante una contradicción notable entre la supuesta irrupción del trabajo colaborativo que favorecen las herramientas de la web social, inmersos como estamos en un mundo competitivo a la antigua usanza, casi podríamos decir. Esta contradicción, entre otras, forma parte de una relación de incógnitas por despejar en el proceso de evolución hacia un cambio de paradigma en las organizaciones. Para encarar esa evolución, cuando menos, debemos plantearnos una estrategia como nos cuenta Javier García León.

Las contradicciones no deben asustarnos, pues forman parte de la esencia de las personas y sus obras. Yo no puedo asegurar que lo tenga todo claro a este respecto, más allá de  afirmar que del choque de visiones contrapuestas se extraen resultantes que son la base para avanzar. Puedo añadir, sin embargo, estas otras afirmaciones que me parecen obvias a estas alturas:

  • El trabajo colaborativo, propio de la web social, resulta clave en el interior de nuestras organizaciones. Internamente se intensifica la visión de equipo frente a la primacía de las individualidades.
  • La colaboración es una actitud no reglada que, sin embargo, tiene que ser compensada, o la persona que aporta debe encontrar su compensación. Es lícito pensar en un quid pro quo o directamente en la retribución por aportaciones.
  • Las aportaciones colaborativas deben enmarcarse en un entorno regido por una visión más horizontal de las estructuras. Sin embargo, la organización se sostiene por algunos pilares necesarios alimentados de los presupuestos del poder.
  • Se abren canales que favorecen la meritocracia.
  • La creatividad es más habitual en los entornos colaborativos en los que se descarta que las aportaciones son obra de personas concretas, sino del equipo…
  • Los entornos colaborativos son más dúctiles a la hora entender la mecánica de la empresa enclavada en un entorno de creciente influencia de las personas a través de los medios de la web social.

La competencia, como una de las expresiones máximas de lo que representa nuestra economía libre de mercado, no va a desaparecer  por abrirse paso unos procesos de generación de riqueza más colaborativos. A los consumidores lo que les interesa es satisfacer sus necesidades con una oferta adecuada. Las empresas tendrán que decidir si, dentro de su evolución, se acercan a los entornos colaborativos que comulgan mejor con la web social o se mantienen en fórmulas tradicionales de organización.

La participación de los trabajadores en el Social Business no es solo por voluntarismo

Voluntarismo

Podemos pensar, y acertaríamos, que la aplicación del social media dentro de las empresas está en un estadio incipiente. Por eso, y como conclusión, el desarrollo del Social Business se encuentra igualmente dando sus primeros pasos de forma muy acelerada, de acuerdo, pero dando los primeros pasos al fin y al cabo. Es así por lo que las compañías no dejan de utilizar las herramientas tradicionales de comunicación, mientras que las nuevas van ocupando cada vez mayor protagonismo en un proceso evolutivo.

En los momentos de arranque de nuevos procesos son en los que suelen darse mayores aportaciones voluntarias. Coincidentemente, la colaboración natural es una de las bases sobre las que se asienta la generación del conocimiento colectivo dentro de la Empresa 2.0 o en el Social Business, que para mi y con pocos remilgos, significan lo mismo.

¿Hasta cuando se podría sostener una empresa suscitando las participaciones voluntarias con respecto al uso de las herramientas de la web social? Para mi esa es la pregunta pertinente. Sobre todo cuando, por otro lado, la dirección de las compañías estimulan ( las que lo hacen) el uso de la web social en la confianza de que es la mejor manera de adaptarse a un entorno nuevo y, consecuentemente, obtener resultados favorables.

Peter King es de la opinión de que no se puede dejar en mano de la voluntad la involucración de los trabajadores en el social media, puesto que lo más lógico es que estos quieran cobrar por hacer sus tareas, sean con nuevas herramientas o con las de siempre. La moda es un factor clave en el presente estado de cosas ya que esta circunstancia anima a los movimientos de inmersión espontáneos. Eso conviene a la empresa, pero no se puede confiar siempre en ello porque finalmente todo se regula sobre criterios estables como: "me involucro si obtengo algo a cambio", lo que suele conocerse como salario.