El eje cliente-producto, clave de la transformación digital y del desarrollo de la inteligencia artificial

Si el centro de la actividad de la empresa es el cliente (evidencia que claramente se refuerza por la influencia de internet) no podemos olvidar que para el cliente lo importante es el producto. Y es por eso que atenderlo resulta primordial porque su génesis, mantenimiento y evolución se está modificando continua y notablemente, como se puede confirmar sobre todo en los productos tecnológicos o las plataformas de internet. De alguna manera es como si se estableciese, con sus limitaciones, un sistema de prueba y error desde el momento en el que producto ve la luz, obtiene el feedback del entorno hasta que llega a una cierta estabilidad; y para entender esto pensemos en un software por ejemplo.

Efectivamente, el ciclo de vida de los productos se ha hecho mucho más corto, al tiempo que se distingue también por su complejidad. La vigilancia de la evolución de los mismos se tiene que extremar. La interacción es la base de este proceso, ya que si nos encontráramos ante un acontecimiento cerrado y acotado, la aparición de un producto y su evolución se llevaría a efecto únicamente a través de los criterios de los que lo fabrican, si bien se situaría de espaldas a las reacciones del entorno. La variabilidad e inestabilidad en nuestros días es lo que hace que concibamos los productos como servicios. Es lógico dado que las personas nos pueden detectar problemas para lo que tendremos que pedir perdón y aprovechar esa información para mejorar nuestro producto, con una reflexión añadida: las mejoras que nos aporten, bien gestionadas, nos pueden permitir ganar más.

La atención al eje cliente-producto es la más completa a la hora de adaptar mi empresa al entorno digital. Esta coordenada no tiene sentido sino se le añade la capa tecnológica, pues sin la involucración de las máquinas no estaríamos bien orientados en relación con la manera de trabajar que se está imponiendo en la transformación digital. La innovación tecnológica es lo que además nos provoca los cambios continuos y lo que nos exige una capacidad de adaptación permanente. La expresión más determinante de este esquema son los datos, su análisis y la generación de algoritmos matemáticos que marcan una fórmula de progreso en la que las máquinas van ganando en autonomía propia.  Hablamos de la inteligencia artificial, nombre que nos coloca ante el reto inevitable del protagonismo de los robots frente al de las personas que gestionan las compañías.

Las noticias online son un ejemplo muy ilustrativo de cómo se ejecutan los cambios permanentes de los productos y de cómo camina el uso progresivo de la inteligencia artificial. En su día empezamos con los agregadores de noticias, unas páginas web con dispositivos RSS en las que podíamos (y podemos) concentrar aquellos medios de los que queremos estar informados. Después ha seguido la elección de artículos según los intereses de los lectores. Lo siguiente es incorporar el análisis de big data con el objetivo de anticiparse a los gustos de los lectores. Y el paso posterior, en el que trabaja por ejemplo Facebook, es descubrir las noticias falsas a través de inteligencia artificial.

Si contemplamos un panorama más global de los cambios que provoca la inteligencia artificial, podríamos distinguir tres vías, de menor a mayor complejidad o, de igual modo, con más o menos protagonismo de las máquinas. Esta triple perspectiva es muy interesante cuando, con toda la razón del mundo, en nuestros días aparecen muchas dudas con respecto al uso de la inteligencia artificial. Lo significativo de esta visión es que, sin darnos cuenta, ya existen muchas actividades que dependen de la presencia de las máquinas. Pero veamos las tres vías de las que hablamos con proyección desde el presente al futuro:

  1. La inteligencia artificial “asistida”, que está mejorando herramientas que ya utilizamos sin pararse ahí, pues las posibilidades de generar más y mejores atributos para el producto no se detienen. Es el caso de Gmail, servidor de correos electrónicos de Google que divide en varios grupos nuestros emails: principal, notificaciones, promociones y foros, simplemente analizando las características de los emails que recibimos y sin que medien nuestras indicaciones como usuarios de este servicio para que hagan esas distinciones.
  2. La inteligencia artificial “aumentada” que es aquella que permite hacer a las empresas aquello que hasta ahora era imposible de no haber contado con la involucración de algoritmos mejorados. El ejemplo es Netflix, que ha conseguido realizar propuestas de contenidos sin analizar una a una a las personas, sino estudiando sus datos en grandes escenarios sociológicos.
  3. La inteligencia artificial “autónoma”, que es aquella que funciona de manera independiente y toma decisiones por su cuenta sin necesidad de que medien los seres humanos. Esta opción está relativamente avanzada en nuestros días, aunque es claro que irá a más en el futuro.

Aunque la inteligerncia artificial demanda mucha atención de los medios en la actualidad, realmente el volumen de negocio es pequeño a nivel mundial: del orden de 644 millones de dólares, aunque para 2022 se calcula que alcance los 15.000 millones. Con este dato no hay dudas de que estamos ante un reto al que no podemos darle la espalda, como en su día ocurrió con las redes sociales.  Por esa razón, las compañías deben realizar una introspección en sus procesos para intentar mejorarlos y abaratar costes, que suelen ser los argumentos que convencen a los directivos para invertir en tecnología y apostar por la transformación digital. La mejor respuesta a los cambios en los comportamientos de los consumidores digitales es otra razón de peso para abrazar este cambio si es que queremos competir de una forma adecuada en el cambiante mercado en el que nos encontramos.

 

Lecturas usadas para este post

La persona en tanto que consumidor digital ocupa el centro de la empresa

A Strategist’s Guide to Artificial Intelligence

Product managers for the digital world

El avance silencioso e irreversible de la Inteligencia Artificial

 

 

 

 

La transformación digital no es un producto cerrado que se puede comprar

 

No hay un único camino, no existe una solución milagrosa. Se trata de rehacer o de construir desde cero, pero la transformación digital no se compra ni se vende, ni se solventa con un par de ordenadores, un software especial de propiedades milagrosas, al que se le añade una serie de plataformas de social media en las que estar presente. La transformación digital requiere básicamente dos cosas: inversiones y asumir una cultura de cambio.

El mercado de las ofertas de transformación digital es muy goloso. Se habla de miles de millones de dólares en todo el mundo, de ahí que muchas de las grandes compañías como IBM o Salesforce vendan productos cerrados y empaquetados que prometen la transformación digital. Esta perspectiva es entendible desde el punto de vista del marketing de las empresas citadas, así como de otras. Sin embargo, no es algo ni tan directo ni tan sencillo.

En un interesante artículo titulado “A Framework for Digital Transformation”, se apuntan cuatro niveles en los que se hace necesario trabajar para desarrollar un plan de transformación digital, centrándose en una empresa ya creada y con sus pilares hundidos en los esquemas tradicionales de funcionamiento (se entiende). Pero esto es algo que ocurre hasta en empresas tecnológicas creadas antes de toda esta ola de digitalización global que se empieza a mover y crecer desde hace unos 4 ó 5 años.

Los cuatro niveles citados son los siguientes: El producto o servicio, la experiencia de los clientes, la organización y los procesos. Empezando por el primero, lo novedoso es que los productos o los servicios, debido a internet, dejan un rastro de datos que tienen que ser analizados por las empresas para conocer mejor a sus clientes y proporcionarles aquello que buscan. La presencia de los consumidores se tiene que mirar desde la perspectiva de la interconexión de tal manera que un cliente da pistas sobre más gente y sobre nuevas posibilidades comerciales.

Ligada a esta cuestión, nos encontramos con la experiencia de los clientes. Su presencia en las redes sociales en particular y de internet en general como marco, va dando pistas continuamente hasta que llega lo que algunos autores denominan “el momento de la verdad”, es decir el momento de la compra. Para cuando se alcanza, efectivamente el proceso no acaba, sino que nos lleva a estar en continuo aprendizaje sobre los gustos de las personas y sus cambios constantes, visto desde una perspectiva amplia de mercado.

Las operaciones de las compañías cambian de una manera muy radical en la transformación digital. Si se cuenta con la inversión necesaria y se sabe bien en qué máquinas emplearla, nos situamos frente a situaciones novedosas que exigen una adaptación suficiente a nuestra propia forma de gestionar. Hablamos, por poner nombres concretos, de que hay contar con cloud computing, plataformas sociales, movilidad… Y que los datos y el análisis de los mismos, será lo que nos marque las prioridades y la toma decisiones. La justificación del uso de estas herramientas, no es solo la atención a un mercado cambiante sino el ahorro de costes también.

Por último, tenemos que hablar de la organización. Las empresas se ubican dentro de un ecosistema que se justifica por los lazos que se crean debido a la interconexión de las plataformas sociales. Esto es de puertas afuera. De puertas adentro, la cultura de la colaboración viene de la mano de la transformación digital: para comprender mejor qué es lo que está ocurriendo, tenemos que poner canales para compartir ideas sobre nuevos productos, conocimiento para resolución de problemas y, sobre todo, crear vínculos interdepartamentales que sirven para potenciar nuestras capacidades…

Los cuatro enfoques explicados, confirman la idea de que la transformación digital no es un producto cerrado que se pueda comprar. Requiere muchas cosas, siendo la primera el cambio mental de los directivos y de los empleados. A partir de ahí se tienen que dar muchos pasos, asimilando mecánicas nuevas que, además, no están contrastadas, motivo por el que hay que aprender a proyectar lo que queremos ser como empresa y en qué pretendemos mejorar para lograr nuestros objetivos de negocio gracias a los cambios digitales que nos impone el tiempo presente.

Lo digital se come lo social

PAC-MAN

Cuando todo este invento de la web social se inauguraba con los blog, el mundo entero caía en la cuenta de la importancia que suponía el hecho de que las personas podían tener un claro protagonismo en los acontecimientos que marcan nuestro día a día. La revista Time decidió en el año 2006 que el protagonista de ese ejercicio “eras tu”, es decir cualquier ciudadano que estaba en las plataformas interactivas de la red, ya por aquellos años. Desde ese momento, la evolución de los acontecimientos, bajo mi punto de vista, ha dejado en un segundo lugar la parte social, permitiéndosele el paso a lo digital como exponente claro y definitorio de los acontecimientos que nos alumbran.  Así las cosas, la tecnología no destaca ahora por el hecho de ser social, que es un valor que se le supone implícito, sino porque es digital.

Hubo un momento en el que ‘lo social’ generaba una serie de incertidumbres entre las empresas principalmente, debido a la novedad. Lo más impactante de la irrupción social en internet es que se temía que las opiniones de los usuarios de las plataformas pudieran dar al traste con la actividad de las marcas. Y era verdad, y lo sigue siendo ahora. De hecho se produjeron muchos casos en los que, la presión de las críticas de los clientes a través de las redes sociales provocó hundimientos y situaciones negativas para algunos productos. Esta tónica se generalizó y generó una serie de lugares comunes, hasta el punto que la aparición de los community managers neutralizó en gran medida situaciones que antes hacía temblar muchos pilares… Digamos que, se amortizó la irrupción de las críticas a través de la profesionalización, y “a otra cosa mariposa”.

De otro lado, los departamentos de Marketing de las compañías iban progresivamente tomando control de las operaciones con las redes sociales, de tal manera que las empresas llegaban a sentirse mucho más cómodas en el entorno de la web social. Como es tradicional, el Marketing optó y opta por acciones push y encabeza en la mayoría de los casos el diálogo con las personas, por lo que se erige de forma clara en gestor directo de la parte social de internet. Resulta obvio que esto no es así en todos los sitios, pues en algunas empresas, es cierto que son los departamentos de Comunicación los que están al frente de las redes sociales.

Una vez que el hecho social deja de tener la pujanza que adquirió años atrás, es efectivamente lo digital lo que prevalece. De hecho, es la denominada transformación digital la que adquiere un claro protagonismo, una tendencia a la que yo mismo me sumo pues mi blog habla sobre este asunto de la transformación digital, obviamente desde mi punto de vista. Lo digital como perspectiva de enfoque de los cambios que estamos viviendo nos aproxima a una visión más completa en la que lo social es un apartado más. Así, cuando hablamos de transformación digital incluimos apartados como movilidad, cloud computing o big data, además de lo social.

No podemos dejar de tener en cuenta que el liderazgo de expresiones como transformación digital son también una campaña de marketing en sí misma, como en su día fue el social business, la empresa 2.0, o la sociedad del conocimiento y la información… Explicaba una vez Stephan Fuetterer que el nombre transformación digital tiene sentido pues concentra de forma muy sencilla las modificaciones tecnológicas que afectan a las empresas, de tal manera que puede ser entendido por los CEO que suelen ser personas con muy poco tiempo. La explicación tiene su aquel, y además redunda sobre la constatación de que el boom tecnológico siempre está trufado de nuevos nombres que intentan captar la atención en la medida que parecen definir mejor lo que nos ocurre a los ojos de la mayoría de las personas.

¿Quiere decirse, con todo lo comentado hasta ahora, que lo social ha entrado en decadencia? Pienso que no. Las personas sigue teniendo un protagonismo fundamental, pues sin su presencia por activa o pasiva, nada de lo que supone la revolución digital tendría sentido. Al fin y la postre, toda la actividad de este mundo tiene sentido en la medida que se hace por y para los seres humanos, con sus luces y sus sombras. La presencia de las personas en internet es y seguirá siendo trascendental. Su capacidad para intercambiar, aportar, criticar, producir, consumir, etc, etc es y seguirá siendo el principal pilar de nuestra nueva realidad socieconómica.

La gran clave está en los límites de la participación y en la calidad de la misma. En las plataformas, el papel de los participantes es el más importante, así que ¿qué valor tendría Facebook con una décima parte de sus usuarios? Luego está (es otro caso) lo que llegan a hacer de forma conjunta los makers gracias a que pueden coordinarse a través de la red para acometer determinadas tareas conjuntas. Para las empresas cuya función no depende de una plataforma, al menos en su configuración actual, resulta interesante que los usuarios puedan aportar de forma directa o indirecta… Pero el quid de la cuestión se halla en que el papel de las personas ya está enmarcado dentro de un proceso más global, el digital. Así van las cosas, de momento…

La unilateralidad murió hace tiempo en la gestión de empresas

adhesivo-decorativo-direccion-unica-3193

Para competir hoy en día, en el entramado económico actual con una fuerte presencia de las redes sociales y de la cultura que emana de estas, se puede afirmar sin miedo a equivocarse que la gestión de las relaciones es un activo determinante que nos marcará la mejor o peor adaptación al mercado actual y a la digitalización de cada vez más procesos de nuestra actividad diaria. La gran clave que se distingue debajo de la estructuración que explicamos no es otra que, desde el punto de vista de la comunicación, la desaparición de la unilateralidad. Esa evidencia abre paso además a otra manera de gestionar las compañías.

En muchas observaciones que todos y cada uno podríamos realizar, se podría perfectamente concluir, no obstante, que la unilateralidad sigue existiendo en la manera de gestionar de muchas organizaciones, si bien no hay que desestimar que se trata de un modelo en desmontaje dado los acontecimientos que se precipitan en el mundo tecnológico. Eso y también por la interacción de las personas, por supuesto, inherente al cambio tecnológico. Pero no puedo retrasar más tiempo, explicar lo qué quiero transmitir con la ‘muerte de lo unilateral’. Pues sencillamente que en las organizaciones de nuestros entornos, la visión única, concebida y comunicada está en acoso y derribo, sin que esa expresión en este caso al menos lleve incluida ninguna imposición, si no más bien al contrario…

¿Qué fue primero el huevo o la gallina, qué ocurrió antes la creación de plataformas tecnológicas en las que priman las relaciones y por lo tanto la multilaratelidad, o que realmente el ser humano está concebido para ser un ente social, razón por la que todas sus proyecciones y obras llevan implícitas la participación a través de las conexiones? Bajo mi punto de vista esto daría para todo un seminario. Y sea como sea, lo que está claro es que nos situamos ante un cambio de era que todo lo inunda en el que caen viejos modelos de voces únicas que quieren perpetuarse frente a otros enfoques en los que el crecimiento es precedido por la involucración y la aportación desde muchos puntos.

En las empresas se va primando con mayor énfasis cada vez la trascendencia del cultivo de las relaciones en tanto generadoras de intercambio de información con la vista puesta en la concreción de metas comunes para la obtención de rendimientos y resultados positivos. Este enfoque humaniza las organizaciones en la medida que las relaciones pasan a un primer plano, mientras que en las formas de operar antiguas las personas son meros instrumentos (recursos humanos) que antes que aportar tienen como misión fundamental la realización de unas tareas marcadas desde la unilateralidad.

Paso a paso concebimos una fórmula de operar que lleva implícita el crecimiento en red como marco global de referencia. Ese es el edificio completo, las estructuras son las relaciones y los ladrillos son las piezas de información que compartimos. La diosa fortuna premia a quien mejor comprenda este panorama y a quien mejor sepa apoyarse en la participación y posea un olfato más fino para elegir contínuamente entre lo prescindible (los datos innecesarios) frente a lo imprescindible (los necesarios). Esa forma de proceder aporta un valor consustancial, que no es otro que la transparencia.

Cuando la información pasa por muchas manos y las piezas de los códigos que son claves se han concebido por la inteligencia colectiva, el propósito opaco de ocultar además de contracorriente deviene una práctica trasnochada que dificulta el objetivo de la rentabilidad al que aspira la empresa. Es por lo tanto patente que la unilateralidad ha fallecido y si vive es porque la fuerza de su presencia viene avalada por siglos y siglos de existencia que dejan huella patente en nuestros códigos genéticos. Somos lo que comemos se dice, y somos también lo que aspiramos a ser. En esta evolución el ser está definido por su capacidad de sociabilidad, una capacidad esencial y antigua también que ahora se abre paso por las ventanas que nos ha abierto la tecnología que el ser humano ha creado a su imagen y semejanza.

El desmontaje del discurso corporativo

discurso-corporativo
El valor de la comunicación hecha en las empresas a través del enfoque corporativo está, en alguna medida, en proceso de replanteamiento. La tendencia a mantener una perspectiva de dominio del mensaje en los entornos corporativos es algo que pervive entre las empresas. Eso conlleva la persistencia en el propósito de otorgar un valor desmesurado a la comunicación unilateral, lo que le resta capacidad de adaptación para conectar con las personas. Digamos que lo corporativo riñe con la humanización de la comunicación de las empresas que empezó a destacar desde que apareciera el fenómeno de los blog.

Una de las claves en el desarrollo del social media de los últimos años es, efectivamente, la humanización de los mensajes. Sin embargo, las empresas que emiten notas corporativas utilizan obviamente un lenguaje que se sitúa en el lado contrario.  Y el lenguaje nos condiciona. La alternativa no sería la redacción de notas corporativas distendidas, pero sigamos.

Lo corporativo se puede visualizar como una isla que tiene sentido en la medida que transmite sensación de control del mensaje a los responsables corporativos. El entorno de la comunicación digital ha variado tanto que la presencia de los contenidos estrictamente corporativos pueden no valer si no llevan implícitos el propósito de abrirse a determinado nivel de interactividad.

El conocimiento de los clientes es posible gracias a la capacidad de indagar en una especie de ‘viaje digital’,  que no supone más que la pista que las personas van dejando en su involucración en la red. La mayor participación de las personas, debido al social media, tiene sentido en la medida que se activa el diálogo entre iguales acerca de las marcas o en cuanto que las empresas también entran a dialogar con las personas.

La conversación, como claro exponente del protagonismo de las personas en Internet, es una de las principales fuentes de generación de datos que analizan los programas de business inteligence o big data. Eso significa que una de las formas más avanzadas del conocimiento de los clientes no parte de las aportaciones de la parte corporativa, sino de la plasticidad de las redes sociales, que demandan como explicamos y es bien sabido, un lenguaje más personal y abierto a compartir.

¿La pregunta final es si tiene sentido reforzar el valor de lo corporativo? Desde luego, lo que no tiene sentido alguno es la erradicación de este enfoque. Imaginemos qué alternativas tendríamos a la hora de comunicar hitos de las empresas como los resultados, los fichajes, las salidas a bolsa… Todos estos acontecimientos reclaman la emisión de notas de prensa, el principal exponente del lenguaje corporativo.

Lo que sí parece patente es que debemos ser conscientes del uso y de las limitaciones de las herramientas y sus usos desde el punto de vista corporativo. Eso nos lleva a colocarnos en un enfoque mucho más actual. También nos hace rediseñar los protagonismos de las distintas acciones propias de los departamentos de comunicación y marketing. Y en ese sentido, lo corporativo pierde exclusividad al tiempo que gana espacio lo social, exponente del marco generado por la internet de la participación.

Mis contenidos crean relaciones; las relaciones, datos; los datos, pistas para vender mis productos

cICLO_BIGDATA2
El valor del contenido que puedo crear en torno a mi producto es que sea suficientemente interesante como para generar relaciones en torno a él. El ciclo continúa con el análisis de los datos que provocan las relaciones y en la información que se añade por lo tanto al contenido original, que da detalles más que suficientes para adaptar el producto y venderlo. Y no nos olvidemos de la experiencia, factor importante para que nuestra imagen se difunda en las redes sociales o fracase.

 

La cadena de valor en el entorno competitivo que se genera a través del social media, se compone a partir de los contenidos que, en un sentido amplio, generamos desde nuestras empresas, o lo promueven las personas. Desde una perspectiva clásica, nos referiríamos, en un caso o en otro, a  todos aquellos mensajes que, por los canales que sean, conforman una imagen de mi marca que se fragua en la mentes de las personas. En el ámbito de las plataformas de tecnología social que permiten interacciones de las personas en tiempo real, los contenidos entendidos simplemente como mensajes que las empresas lanzan a través de los distintos canales, son el origen de una círculo por el cual, finalmente, las empresas obtienen datos para venderle productos a sus clientes. El proceso tiene sus matices si la iniciativa parte de la gente que interactúa antes que la empresa. Y no olvidemos la experiencia…

Sigue leyendo “Mis contenidos crean relaciones; las relaciones, datos; los datos, pistas para vender mis productos”

Es mi cliente el que me fuerza a hacer la transformación digital si quiero atenderlo bien

carro de la compra
El carro de la compra no solo servirá para transportar objetos necesarios para nuestro hogar y nuestra alimentación, el carro de la compra con la gestión de big data e internet de de las cosas nos dirá qué tipo de cliente soy, qué me gusta y qué necesito.

Si quieres conocer al cliente de hoy, no tienes más remedio como miembro de una empresa, que fagocitar el nuevo entorno en el que se mueve y cómo se expresa en él, porque esa información te dará pistas para conoce mejor a aquél por el que trabajas en tu organización. Después de comer simbólicamente todo un escenario de acontecimientos, toca hacer la digestión para tomar las medidas adecuadas a nuestro tiempo y a los usos de nuestros clientes. En esa relación con aquellos que compran mis productos o servicios, media establecer un vínculo con él en el que la clave sea una buena historia con sentido sobre qué empresa soy y de qué manera transmite mi marca.Pero pensar que una simple historia lo arregla todo, es  quedarse y mucho en la superficie dentro del hondo y transformador entorno digital.

Sigue leyendo “Es mi cliente el que me fuerza a hacer la transformación digital si quiero atenderlo bien”

La dimensión social del negocio queda pequeña en la era digital

U9000_Front_TV_LEAD_RELEASE_ONLY
El punto de vista de las personas en el mundo presente ha adquirido una enorme importancia, gracias a las redes sociales, pero no es lo único. El enfoque de la transformación digital es muchísimo más amplio, por lo que para entender bien lo que está pasando debemos resituarnos.

Ha habido un punto en el que, para la empresa, el simple hecho de estar conectada con el el mundo a través de las redes sociales representaba un impacto considerable en su modus operandi. Asumir esto implicaba un cambio con repercusiones importantes si  bien las modificaciones van más allá en el entorno digital. Si existe algo que caracteriza a nuestros días, eso es el ritmo trepidante que deja obsoletas muchas cosas que quedan amortizadas en muy poco tiempo, e incluso pone en jaque otras que llevan hasta siglos en nuestras sociedades. Para ser conscientes de lo que ocurre debemos activar el gran angular y así darnos cuenta que además del social media tenemos otros factores que se involucran en el proceso de transformación digital, tales como: cloud computing, movilidad, big data o el internet de las cosas…

Sigue leyendo “La dimensión social del negocio queda pequeña en la era digital”

Las empresas no informativas ofrecen contenidos tan valorados como los de los medios

captura1Las fronteras se diluyen y esa evidencia se aprecia en muchos ámbitos, como en el de los referentes de los consumidores de contenidos que somos todos. En sintonía con esta afirmación, si vemos el cuadro de arriba, extraido de un estudio de Ogilvy y que aparece en este post, se podría comprobar la presencia de marcas que son medios (BBC o The Guardian) con otras que no lo son (Virgin o Tesco), entre otras. Este mapa es el reflejo de los contenidos que interesan  a los británicos y su procedencia, con lo que se puede ver con claridad que a la gente le vale, casi al mismo nivel, la información que le aporte un medio de comunicación tradicional como la de una plataforma de comunicación de una empresa.

Sigue leyendo “Las empresas no informativas ofrecen contenidos tan valorados como los de los medios”

La vieja jerarquía se adapta a la internet de la participación

Vieja_jerarquia
Internet no ha generado un mundo nuevo al cien por cien. Las viejas estructuras permanecen en un juego en el que han demostrado una gran capacidad para adaptarse a los nuevos tiempos, y seguir manteniendo el mismo nivel de poder e influencia.

 

Me ha sorprendido bastante un artículo de el Diario El País del pasado 16 de agosto titulado “El reciclaje de las viejas jerarquías”, cuyo autor es Ernesto Hernández Busto, ensayista premio Casa de América de 2004 y autor del blog Penúltimosdías.com. La conclusión que obtengo de este trabajo es que internet, la internet de la participación, la web social, el social media, etc, etc mantiene la misma jerarquía y filosofía del poder que había antes de la aparición de las redes sociales online.

Del artículo destaco tres apartados que me parecen llamativos dentro del discurso general de este autor…

Sigue leyendo “La vieja jerarquía se adapta a la internet de la participación”