El #socialbusiness ya es inevitable, la transformación digital depende del sector y del negocio

Soy consciente de que al fin y al cabo se trata de nombres que responden a una especie de campañas de Marketing que se generan no se sabe bien desde donde. De esta manera hablar de Social Business o de Transformación Digital no deja de ser concesiones a la moda hasta cierto punto, pues a la vuelta de equis meses es probable a buen seguro, que nos encontremos frente a nuevos términos y definiciones. Pero sea de la manera que sea, soy consciente de que si no asumes estos términos y los cambios de nombre  constantes para definir muchas veces la misma cosa, te quedas fuera. Es decir, da igual que hablemos de social business o de lo que quieras, lo que sí es cierto es que la forma de hacer negocio ha cambiado debido a la incidencia de las redes sociales. Empezamos por aquí el argumentación de este post.

Según las indagaciones propias de un observador de la actual situación tecnológica, empresarial y de mercado, podría afirmar sin ninguna duda que cada vez son menos los negocios que no aceptan la influencia de las plataformas sociales en los mismos. La razón más que evidente es que sus clientes se expresan a través de ellas y han hecho del acto de compra un motivo sobrado que justifica su presencia en las redes sociales, entre otros claro. Por lo tanto,[bctt tweet=” la actividad comercial está hundiendo sus raíces en los entornos participativos” username=”benitocastro”]. No podemos entender el producto, la marca, las ventas y las compras si no los relacionamos con las interacciones entre iguales. De forma progresiva además, en la medida que la marcha de los negocios se identifica con el movimiento de los clientes en la escena digital, se hace más y más necesario averiguar las nuevas claves que marcan la relación de la marca con los clientes y, en definitiva, de la actividad comercial.

La inversión que requieren las empresas para moverse en las redes sociales es muy baja. Realmente con abrirse perfiles y dedicar a alguien a trabajar en ellas, prácticamente basta. Luego se le van sumando añadidos, como la monitorización y la visión estratégica del uso de estas plataformas. Al final de lo que se trata es de conocer nuestros mercado y a los clientes a través de las interacciones, tarea nada fácil pero sí obligada en la medida que vamos avanzando. Y es de todo esto de lo que se trata el social business, que podríamos definir como el modo en el que las empresas hacen ahora el negocio debido a la influencia de las redes sociales. Su mayor o menor incidencia en el día a día de la empresa implica más o menos cambios en su organización, gestión e incluso en el modelo de negocio.

La Transformación Digital por su lado podríamos definirla como el conjunto de inversiones tecnológicas que modifican nuestra empresa en un amplio sentido, pues afecta a la forma de producir, la tarea de los recursos humanos, la comercialización… Es como si habláramos de una empresa nueva realmente. Si bien la tendencia es a que todas las organizaciones entren en una mayor o menor medida en procesos de cambio hacia lo digital, lo que sí está claro es que desde luego no en la intensidad necesaria o, incluso, pudiendo escorarla. Y es que no es lo mismo una empresa de telecomunicaciones que la tienda de alquiler de trajes de la esquina. Ambas tienen que estar en las redes sociales, pero los requerimientos de inversión para la digitalización son muy diferentes.

Las necesidades de una organización u otra son diferentes si nos atenemos a otras cuestiones más allá de la tecnológica. Efectivamente, como apuntaba en el párrafo anterior, la empresa sufre un cambio enorme en varios ámbitos cuando afronta un proceso de cambio digital. Lo primero y principal son las modificaciones del producto, sus canales de comercialización… También se alteran las formas de producir, cómo almacenar los productos o relacionarse con los proveedores. Las personas que trabajan en nuestra compañía, como los que la lideran, tienen que reconvertirse puesto que su manera de desarrollar las tareas cambia sustancialmente también… Se trata finalmente como de darle la vuelta al calcetín, pues nos enfrentamos verdaderamente ante un cambio de 180 grados.

La idea final es que existe una puerta de entrada para la innovación que sin duda representa tanto el Social Business como la Transformación Digital. Y desde luego el primer paso es la involucración de la marca con las redes sociales, un paso inevitable puesto que se ha convertido en una imposición al fin y al cabo dada la evolución de los acontecimientos. El camino sin embargo no se detiene ahí, pues hay más que hacer con todo lo dicho relativo a la nueva vía de la digitalización. El hecho de que un reto de este calibre se haga antes o después dependerá del sector o la empresa, o incluso de la visión de sus gestores, ya que el último peldaño de esta escalera es ser plenamente digital.

 

 

Lo digital se come lo social

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Cuando todo este invento de la web social se inauguraba con los blog, el mundo entero caía en la cuenta de la importancia que suponía el hecho de que las personas podían tener un claro protagonismo en los acontecimientos que marcan nuestro día a día. La revista Time decidió en el año 2006 que el protagonista de ese ejercicio “eras tu”, es decir cualquier ciudadano que estaba en las plataformas interactivas de la red, ya por aquellos años. Desde ese momento, la evolución de los acontecimientos, bajo mi punto de vista, ha dejado en un segundo lugar la parte social, permitiéndosele el paso a lo digital como exponente claro y definitorio de los acontecimientos que nos alumbran.  Así las cosas, la tecnología no destaca ahora por el hecho de ser social, que es un valor que se le supone implícito, sino porque es digital.

Hubo un momento en el que ‘lo social’ generaba una serie de incertidumbres entre las empresas principalmente, debido a la novedad. Lo más impactante de la irrupción social en internet es que se temía que las opiniones de los usuarios de las plataformas pudieran dar al traste con la actividad de las marcas. Y era verdad, y lo sigue siendo ahora. De hecho se produjeron muchos casos en los que, la presión de las críticas de los clientes a través de las redes sociales provocó hundimientos y situaciones negativas para algunos productos. Esta tónica se generalizó y generó una serie de lugares comunes, hasta el punto que la aparición de los community managers neutralizó en gran medida situaciones que antes hacía temblar muchos pilares… Digamos que, se amortizó la irrupción de las críticas a través de la profesionalización, y “a otra cosa mariposa”.

De otro lado, los departamentos de Marketing de las compañías iban progresivamente tomando control de las operaciones con las redes sociales, de tal manera que las empresas llegaban a sentirse mucho más cómodas en el entorno de la web social. Como es tradicional, el Marketing optó y opta por acciones push y encabeza en la mayoría de los casos el diálogo con las personas, por lo que se erige de forma clara en gestor directo de la parte social de internet. Resulta obvio que esto no es así en todos los sitios, pues en algunas empresas, es cierto que son los departamentos de Comunicación los que están al frente de las redes sociales.

Una vez que el hecho social deja de tener la pujanza que adquirió años atrás, es efectivamente lo digital lo que prevalece. De hecho, es la denominada transformación digital la que adquiere un claro protagonismo, una tendencia a la que yo mismo me sumo pues mi blog habla sobre este asunto de la transformación digital, obviamente desde mi punto de vista. Lo digital como perspectiva de enfoque de los cambios que estamos viviendo nos aproxima a una visión más completa en la que lo social es un apartado más. Así, cuando hablamos de transformación digital incluimos apartados como movilidad, cloud computing o big data, además de lo social.

No podemos dejar de tener en cuenta que el liderazgo de expresiones como transformación digital son también una campaña de marketing en sí misma, como en su día fue el social business, la empresa 2.0, o la sociedad del conocimiento y la información… Explicaba una vez Stephan Fuetterer que el nombre transformación digital tiene sentido pues concentra de forma muy sencilla las modificaciones tecnológicas que afectan a las empresas, de tal manera que puede ser entendido por los CEO que suelen ser personas con muy poco tiempo. La explicación tiene su aquel, y además redunda sobre la constatación de que el boom tecnológico siempre está trufado de nuevos nombres que intentan captar la atención en la medida que parecen definir mejor lo que nos ocurre a los ojos de la mayoría de las personas.

¿Quiere decirse, con todo lo comentado hasta ahora, que lo social ha entrado en decadencia? Pienso que no. Las personas sigue teniendo un protagonismo fundamental, pues sin su presencia por activa o pasiva, nada de lo que supone la revolución digital tendría sentido. Al fin y la postre, toda la actividad de este mundo tiene sentido en la medida que se hace por y para los seres humanos, con sus luces y sus sombras. La presencia de las personas en internet es y seguirá siendo trascendental. Su capacidad para intercambiar, aportar, criticar, producir, consumir, etc, etc es y seguirá siendo el principal pilar de nuestra nueva realidad socieconómica.

La gran clave está en los límites de la participación y en la calidad de la misma. En las plataformas, el papel de los participantes es el más importante, así que ¿qué valor tendría Facebook con una décima parte de sus usuarios? Luego está (es otro caso) lo que llegan a hacer de forma conjunta los makers gracias a que pueden coordinarse a través de la red para acometer determinadas tareas conjuntas. Para las empresas cuya función no depende de una plataforma, al menos en su configuración actual, resulta interesante que los usuarios puedan aportar de forma directa o indirecta… Pero el quid de la cuestión se halla en que el papel de las personas ya está enmarcado dentro de un proceso más global, el digital. Así van las cosas, de momento…

El vértigo de la empresa de tradición industrial ante el oasis de la economía digital

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Las etiquetas no nos deben confundir. El que denominemos de una manera u otra los acontecimientos que estamos viviendo o las tendencias que afloran en el entorno económico actual, no debe despistarnos. Qué más da que hablemos de social business o de transformación digital, lo que verdaderamente nos debe importar es saber detectar una serie de líneas estables de comportamiento que se han instalado de forma clara en la economía digital. En este entorno hay quien siente verdaderamente vértigo, y es por lo que se aferra a los pasamanos; lo que viene a ser  agarrarse al salvavidas de “los principios fundamentales de toda la vida, o del socorrido ‘esto es como siempre lo hemos hecho”.

El enfoque adecuado nos sitúa en el cambio de paradigma desde la actividad empresarial cerrada en sí misma y solo dispuesta para competir con fiereza en el mercado; hasta la actividad empresarial definida desde una plataforma abierta a la participación y con capacidad de generar riqueza mediante la colaboración de diversos actores, y me refiero fundamentalmente  a productor y clientes. La perspectiva con la que analizar la evolución de los acontecimientos no es otra que la de detectar vías de cambio ya establecidas y que para muchos, sin embargo, pueden incluso ser definidas como extravagancias.

Si para mi producir no es más que el fruto de una idea propia e intransferible que vale o no si me respaldan o no las ventas, mejor que me vaya retirando. Las ideas propias son un sueño de inocencia. Las verdaderas propuestas que nos encaminan hacia el éxito permitido por la economía de internet se encuentran efectivamente en la interacción que la red favorece. El verdadero valor se genera desde la revisión de comportamientos establecidos y mediante la reutilización de activos ociosos a los que la economía industrial les hurtaba energía y capacidad por pensar que la cadena de valor solo existe de puertas adentro de la empresa.

Las empresas que están revisando los papeles de siempre son prototipos como Uber o Airbnb que sin duda agreden un status quo que, dado el tiempo que vivimos, no puede aspirar al sueño de la eternidad. Pero también ejercen este liderazgo disruptivos otras compañías que ya gozan del pedigrí de la visión industrial, como son Apple, Google o Amazon. Ni que decir tiene que también están ahí ejerciendo un papel muy determinante esa verdadera legión de startups que son, al fin y a la postre, las que de verdad han puesto la directa en todo este panorama de cambio y disrupción. Ha sido su visión joven principalmente y claramente adaptada a la tecnología, la que ha movilizado todo y la que empuja hacia la modificación del paradigma.

Si me preguntaran cuáles son, según mi saber y entender, los dos pilares sobre los que se asienta esta economía digital, diría (amén de las herramientas tecnológicas) las interacciones y el estudio de los datos. Todo parte de ahí. Las transacciones de hoy siguen siendo de bienes y servicios pero sobre un colchón que le da estabilidad: las interacciones entre productores y clientes a través de plataformas sociales de comunicación con roles que pueden ser intercambiables incluso (un cliente de Airbnb, también puede ser productor al poner su casa en esta red). De manera conectada, todas estas interacciones dejan huella, la huella digital, a través de la que las empresas pueden llegar a conocer a su, en muchas ocasiones, comaleónico cliente.

La fuerza que más vértigo provoca a aquellas organizaciones miopes a los nuevos tiempos, son las que esgrimen esas otras organizaciones ya consagradas aún procediendo de internet tales como las citadas Amazon o Google. Los afanes de estas compañías de empezar a competir en sectores tradicionales como la banca, la automoción, la educación o el audiovisual, entre otros, es para que más de uno y más de dos vean justificados sus temores y sus vértigos. ¿Por qué? Pues porque estas empresas están demostrando que son capaces de competir con los que han triunfado con las viejas reglas, pero dominando las nuevas normas del mercado y la economía puesto que han sido ellos, entre otros, los protagonistas pioneros en el nuevo campo de juego digital.

No nos perdamos ni nos despistemos, busquemos apoyos en aquellos que están sabiendo interpretar la nueva onda. Ya tenemos el tiempo suficiente recorrido como para desconfiar de los otrora gurús del oasis tecnológico. Ahora ya ese oasis no es un espejismo, existe. Instalémonos en él y hagamos por adaptarnos. Y aunque no sea para sentarnos debajo de una de sus palmeras, trabajemos de la mejor manera posible para hacernos justos merecedores de su disfrute.

 

Lecturas para este post:

The future of competition

Minimizando los vacíos en la gestión empresarial

Los contenidos (primero) definen la empresa, los datos (después) la analizan

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Quiero hacer una distinción que no sé si resultará adecuada para todo el mundo. Y es que efectivamente, como aparece en el titular de este post: los contenidos definen y los datos analizan las empresas. Para distinguir lo que pretendo señalar, entenderíamos por contenidos a todo lo que queremos explicar sobre nuestra empresa y su actividad, esto es la literatura que esconde nuestra imagen y la forma en la que hacemos las cosas. Mientras que los datos son los apuntes concretos sobre los que nos apoyamos para entender por qué hacemos las cosas y con qué resultados.

Según un estudio de Altimeter, podríamos encontrar cinco tipos diferentes de contenidos. Tal investigación aconseja que la empresa se defina a sí misma en función de un tipo de contenido dominante entre los cinco que, a saber, son los siguientes:

  • Contenido como presencia: que son aquellos que definen la empresa como una marca a través de la persuasión, el entretenimiento, la educación… Este tipo de contenido establece “la conciencia” de la marca.
  • Contenido como ventana: los contenidos que sirven para destacar lo mejor de nuestra marca con el fin de generar confianza y lealtad.
  • Contenido como moneda: el estudio se refiere con este nombre a los contenidos de calidad que sirven a los clientes para conseguir un valor profesional o personal válido desde el punto de vista práctico.
  • Contenido como comunidad: es el que libera la empresa dentro de una plataforma con la idea de compartir intereses, conocimiento…
  • Contenido como soporte: es la información que se le ofrece a los clientes sobre cómo usar un producto después de haberlo adquirido.

Como añadido a esta división de los distintos contenidos que podemos encontrarnos en las actividades de las empresas, podríamos añadir que [bctt tweet=”los contenidos son definidos por la propia compañía sobre la base de una determinada estrategia”].  Por su lado los datos deben considerarse como el volumen de información desestructurada que podemos conseguir a posteriori y fruto de nuestras actividades, información que debe ser analizada, proceso que entendemos como big data.

En un post de Social Media Today, se determina con claridad que[bctt tweet=” los clientes están especialmente interesados en obtener información válida y útil a través de los contenidos que las empresas movilizan”]. El hecho de que las empresas faciliten información se efectúa más desde una perspectiva pull, es decir los clientes o interesados buscan información y no se les lanza (push). Servir esa información disminuye costes para las organizaciones, pues en buena medida,[bctt tweet=” la dinámica establecida hasta ahora es de ‘autoservicio’: las personas interesadas investigan, averiguan e interpretan lo que quieren”]. Esta evidencia de nuestras tiempos, determina hitos como los siguientes:

  • Las empresas que ofrecen contenidos útiles por web o móvil aumenta su tráfico por internet
  • Disminuyen las facturas telefónicas.
  • Los clientes quedan más satisfechos.

El círculo virtuoso entre los contenidos y los datos podría ser el siguiente: las empresas construyen un discurso a través de su estrategia de contenidos, que es lo que tiene en sus manos. Los contenidos, propios de la organización o movidos por otros actores del ecosistema de mercado, provocan como consecuencia una cantidad ingente de datos que, a posterir, la empresa tiene que estudiar para, como continuación, generar nuevos contenidos. A continuación, después del análisis, la visión de la empresa se consolida o altera según el análisis de los datos que se considerarían las expresiones más específicas (unidades) que son repercusiones de los contenidos definidos estratégicamente por la empresa.

 

Lecturas para este post:

Key elements for building a content strategy

The importance of self-service customer support in the social era

La unilateralidad murió hace tiempo en la gestión de empresas

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Para competir hoy en día, en el entramado económico actual con una fuerte presencia de las redes sociales y de la cultura que emana de estas, se puede afirmar sin miedo a equivocarse que la gestión de las relaciones es un activo determinante que nos marcará la mejor o peor adaptación al mercado actual y a la digitalización de cada vez más procesos de nuestra actividad diaria. La gran clave que se distingue debajo de la estructuración que explicamos no es otra que, desde el punto de vista de la comunicación, la desaparición de la unilateralidad. Esa evidencia abre paso además a otra manera de gestionar las compañías.

En muchas observaciones que todos y cada uno podríamos realizar, se podría perfectamente concluir, no obstante, que la unilateralidad sigue existiendo en la manera de gestionar de muchas organizaciones, si bien no hay que desestimar que se trata de un modelo en desmontaje dado los acontecimientos que se precipitan en el mundo tecnológico. Eso y también por la interacción de las personas, por supuesto, inherente al cambio tecnológico. Pero no puedo retrasar más tiempo, explicar lo qué quiero transmitir con la ‘muerte de lo unilateral’. Pues sencillamente que en las organizaciones de nuestros entornos, la visión única, concebida y comunicada está en acoso y derribo, sin que esa expresión en este caso al menos lleve incluida ninguna imposición, si no más bien al contrario…

¿Qué fue primero el huevo o la gallina, qué ocurrió antes la creación de plataformas tecnológicas en las que priman las relaciones y por lo tanto la multilaratelidad, o que realmente el ser humano está concebido para ser un ente social, razón por la que todas sus proyecciones y obras llevan implícitas la participación a través de las conexiones? Bajo mi punto de vista esto daría para todo un seminario. Y sea como sea, lo que está claro es que nos situamos ante un cambio de era que todo lo inunda en el que caen viejos modelos de voces únicas que quieren perpetuarse frente a otros enfoques en los que el crecimiento es precedido por la involucración y la aportación desde muchos puntos.

En las empresas se va primando con mayor énfasis cada vez la trascendencia del cultivo de las relaciones en tanto generadoras de intercambio de información con la vista puesta en la concreción de metas comunes para la obtención de rendimientos y resultados positivos. Este enfoque humaniza las organizaciones en la medida que las relaciones pasan a un primer plano, mientras que en las formas de operar antiguas las personas son meros instrumentos (recursos humanos) que antes que aportar tienen como misión fundamental la realización de unas tareas marcadas desde la unilateralidad.

Paso a paso concebimos una fórmula de operar que lleva implícita el crecimiento en red como marco global de referencia. Ese es el edificio completo, las estructuras son las relaciones y los ladrillos son las piezas de información que compartimos. La diosa fortuna premia a quien mejor comprenda este panorama y a quien mejor sepa apoyarse en la participación y posea un olfato más fino para elegir contínuamente entre lo prescindible (los datos innecesarios) frente a lo imprescindible (los necesarios). Esa forma de proceder aporta un valor consustancial, que no es otro que la transparencia.

Cuando la información pasa por muchas manos y las piezas de los códigos que son claves se han concebido por la inteligencia colectiva, el propósito opaco de ocultar además de contracorriente deviene una práctica trasnochada que dificulta el objetivo de la rentabilidad al que aspira la empresa. Es por lo tanto patente que la unilateralidad ha fallecido y si vive es porque la fuerza de su presencia viene avalada por siglos y siglos de existencia que dejan huella patente en nuestros códigos genéticos. Somos lo que comemos se dice, y somos también lo que aspiramos a ser. En esta evolución el ser está definido por su capacidad de sociabilidad, una capacidad esencial y antigua también que ahora se abre paso por las ventanas que nos ha abierto la tecnología que el ser humano ha creado a su imagen y semejanza.

En el social media la interacción es más útil que el alcance

Pasos-para-interactuar-con-los-seguidores-en-Social-MediaHe estado comentando con Curro Romera, el responsable de social media del Sevilla Fútbol Club una serie de temas profesionales en un primer encuentro que me ha gustado mucho. Y la conclusión más destacada de las que saqué de la conversación es que en el mundo digital, vale más la interacción que el alcance. ¡De diez! Tras esa afirmación creo que se pueden establecer una serie de planteamientos que, din duda, refuerzan uno de mis propósitos con este blog que no es otro que aprender.

Si hay una cosa clara de lo que está representando el entorno digital hasta ahora es la revisión inevitable del negocio, lo cual, según la interpretación de McKinsey, hace de las compañías organizaciones más ágiles que toman decisiones mejores informadas y más rápidas. La base que sustenta este objetivo es atender al cliente y, de esa atención, dialogar, y de ese diálogo conseguir datos que te permitan mejorar sus expectativas, expectativas críticas y volátiles si no se satisfacen con el producto y el servicio que espera.

programa_bottom_list_img2La interacción por lo tanto, según razonaba con Curro, es más determinante que el alcance de tus canales del social media. Y es que con las interacciones puedes sacar todas las claves de lo que quiere tu cliente a través del análisis de la información que se genera, mientras que el alcance lo que hace es delimitar tu campo de acción que puede ser más grande o más pequeño. Obviamente si tu alcance es amplio más posibilidades de interacción tienes. Y como remate de esta correlación de pensamientos, si tu finalidad es solo tener alcance y no interactúas y no obtienes información de esa interacción, el rendimiento de tu empresa en el entorno digital será menor.

Propongo ahora ver el cambio digital en las organizaciones en dos fases, la primera que tendríamos sería reflexionar sobre la importancia que adquieren actualmente los departamentos de comunicación y marketing, ya que es desde estos dos desde donde se desarrollan las actividades de social media. Desde ellos es, también, desde donde, de una forma más o menos reglada y con mayor o menor fortuna, se trabaja en dos líneas consiguientes: la comunicación trabaja en las relaciones y el marketing en el análisis de los datos que se generan de las interacciones.

Los trabajos de ambos departamentos se enfocan en la obtención de una relevancia de la marca de cara al cliente, hito que se divide a posteriori en cuatro bloques más: disminución de costes, determinación del precio, atención al cliente en la postventa y gestión de la satisfacción. La tarea de la comunicación y el marketing, en la estructura de las compañías en proceso de cambio digital, desemboca en la segunda fase, que no es otra que la conexión con el departamento técnico y la visión global de la dirección general en la que se insertan dos áreas clásicas de las empresas: recursos humanos y finanzas.

Del departamento técnico depende la decisión del nivel de inversión tecnológica necesaria y posible, así como el empuje de la innovación, probablemente en muchos casos, tirados previamente desde comunicación y marketing. Desde la dirección general se plantean los objetivos de negocio que deben confluir con el nuevo enfoque que aporta la utilización de nuevas tecnologías dado que estas hacen revisar los procesos tradicionales. Los enfoques de la innovación tecnológica y los objetivos de negocio deben confluir.

De todo lo comentado aquí, el centro de atención se encuentra en el cliente y en cómo este nos va dejando pistas. Es por ello por lo que la interacción es un punto clave, y con ello regreso a la primera idea: vale que ampliemos todo lo que podamos nuestro campo de acción (alcance), pero de nada nos vale si no entendemos lo que nos dice el cliente (interacción). Aprender esta lección ha sido importante. Gracias Curro.

 

 

En Marketing, olvídate del producto y céntrate en las relaciones

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El cambio principal que se vive en la presente evolución del Marketing, dentro de la etapa de la transformación digital, evoluciona desde el Marketing de producto al Marketing de relaciones a partir de los contenidos. Así lo reconoce Blair Christie, nueva vicepresidenta de Marketing de Cisco. De forma sintomática, esta directiva destaca además el valor que adquiere el social media y las conversaciones improvisadas, típicas de estas plataformas.

Como bien es sabido, la base de las relaciones de las personas en las redes sociales la ponen los contenidos. Esto permite a las marcas conocer a los clientes,  que al fin y al cabo son la clave de las ventas. Hasta tal punto se ha convertido en determinante las relaciones, que las novedades que aportan los smartphones, como ejemplo de producto de renovación continua, tienen relevancia si las personas lo confirman en sus conversaciones digitales. de lo contrario, tales novedades tienen el riesgo de pasar desapercibidas.

El cambio de enfoque del producto a las relaciones no puede resultar sencillo, sobre todo para canales tan tradicionales como los publicitarios. Ello es debido a que estos son unidireccionales y no admiten respuestas. La gente las pueden aportar en las plataformas de social media, con lo cual el foco de atención publicitaria también se ha modificado. Así las cosas, el valor de la publicidad unilateral hoy en día es procurar ser fuente de inspiración que provoca conversaciones en positivo para los intereses de una determinada marca.

Una de las marcas que desde hace tiempo ha comprendido mejor la importancia del compromiso de las personas a través del diálogo ha sido Starbucks. Recientemente la empresa ha involucrado a un periodista de Whasington Post, Rajiv Chandrasekaran, para generar historias que no se pueden concebir a través de anuncios comerciales de 30 segundos. Es una línea que se concreta en otras acciones como las de periodismo corporativo, en el que destacan el papel de marcas como American Express o Adobe, que alimentan sendas plataformas no destinadas al autobombo, sino a informar de aquellas cuestiones que pueden interesar a la gente.

[bctt tweet=”Pensar solo en el producto como fuente principal de mis acciones de Marketing no es rentable.” via=”no”] Lo rentable se encuentra en movilizar aquellos contenidos, propios o ajenos, que generan relaciones en torno a mi marca. Este proceso nos permite conocer a los clientes y ofrecerles a posterior nuestros productos, tarea en la que son las fuerzas de ventas las que pasan a tomar protagonismo. Las conversaciones, como es sabido, generan muchos datos, y su análisis nos dará orientaciones sobre cómo seguir relacionándonos en nuestro contexto.

La dimensión social del negocio queda pequeña en la era digital

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El punto de vista de las personas en el mundo presente ha adquirido una enorme importancia, gracias a las redes sociales, pero no es lo único. El enfoque de la transformación digital es muchísimo más amplio, por lo que para entender bien lo que está pasando debemos resituarnos.

Ha habido un punto en el que, para la empresa, el simple hecho de estar conectada con el el mundo a través de las redes sociales representaba un impacto considerable en su modus operandi. Asumir esto implicaba un cambio con repercusiones importantes si  bien las modificaciones van más allá en el entorno digital. Si existe algo que caracteriza a nuestros días, eso es el ritmo trepidante que deja obsoletas muchas cosas que quedan amortizadas en muy poco tiempo, e incluso pone en jaque otras que llevan hasta siglos en nuestras sociedades. Para ser conscientes de lo que ocurre debemos activar el gran angular y así darnos cuenta que además del social media tenemos otros factores que se involucran en el proceso de transformación digital, tales como: cloud computing, movilidad, big data o el internet de las cosas…

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La empresa tradicional debe abandonar su zona de confort tecnológico

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Si quieres entenderlo bien, pero si no (desgraciadamente) también. A las empresas que se reafirman en hacer lo de siempre les ha tocado vivir un mal momento. Cambiar y asumir el entorno digital no tiene interpretaciones o dilaciones: hay que ir a ello. Si no lo quieres hacer por ti mismo, hazlo porque si no la competencia te lo mostrará echándote del mercado. ¿Quieres eso?

 

Podríamos decir que las empresas que forman parte de la economía tradicional no quieren abandonar la zona de confort, lo que podría entenderse como que no les gusta o no quieren promover procesos de innovación en los entornos digitales a los que nos acoplamos cada día más. Muchos de los negocios que van bien porque ganan dinero o simplemente viven, se preguntan que para qué cambiar, idea que por otro lado suele establecerse como una verdad que no exige demostración. Y me refiero a aquello de, “si algo te va bien, mejor no lo toques”. ¿De verdad?…

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Lo digital no ha matado a lo social

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Realmente el juego no es o uno u otro: o lo digital o lo social, o empresa digital o el social business. Lo social no sería posible sin la base digital y lo digital quedaría incompleto sin la dimensión humana. Pero si me pides que me pronuncie, siempre pensaré que las personas son lo primero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De un tiempo a esta parte he leído en distintos foros que el verdadero propósito de la empresa es su digitalización para competir de forma adecuada en los tiempos que atravesamos, mediante el uso de hitos tecnológicos del estilo de big data, movilidad o cloud computing.  ¿Y lo social? Pues parece que la parte social ha quedado relegada en esta visión a un segundo plano, aunque creo que es un enfoque desacertado según interpreto de los acontecimientos que vivimos. Valga como alternativa, valorar por ejemplo la economía de la colaboración…

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