¿Lo que funciona no se cambia? Sí, si se cambia

En el cambio digital, el esquema es simple: nada permanece, todo está sometido a modificaciones

El impacto que supone la modificación de las tareas de gran envergadura se digiere mejor a través de la visión de la cultura. Y me ubico en el ámbito de la empresa que está obligada, quiera o no, a la alteración de su forma de operar por la adquisición de capacidades digitales fundamentales, que van más allá del protagonismo exclusivo de la tecnología.

La parte dura de cualquier proceso de conformación de un modelo de empresa con estructura y filosofía digital, se encuentra en sus operaciones. El enfoque que debemos adoptar en este sentido se plantea de manera muy sencilla: qué hacíamos antes y de que forma, y cómo vamos a cambiarlo ahora, debido a la ejecución de algunas tecnologías que modificarán notablemente nuestro modus operandi.

Hasta qué punto no será trascendental la remodelación de nuestras operaciones, que existe un consenso bastante generalizado entre los expertos que aconseja la introducción reducida de los cambios. Es inviable pretender alterar globalmente una empresa por mucha inversión de tecnología que podamos conseguir. Hay que ir paso a paso, con mucha prueba error y preservando, al menos de momento, todo lo que hacemos que es rentable. Ya habrá tiempo de revisarlo también para lograr mejores réditos incluso.

La guía que nos ha de mostrar el camino es el cliente: qué quiere, cuándo y cómo. Esto es la centralidad del cliente y su análisis dato a dato. Averiguar su rastro digital es clave. A través de él lo conoceremos más y mejor y podremos modelar nuestros productos y ofrecerle un mejor servicio.

El cliente como guía, la inversión en tecnología necesaria y nuestra determinación a dar el paso hacia el entorno digital, nos permitirán, con la prudencia necesaria, eso sí, confeccionar una buena estrategia. Se trata de fijar plazos, prioridades y proyectar resultados posibles. En este punto es cuando podemos ver la importancia de armar una cultura corporativa digital potente que parte de un primer paso: revisar el cómo ‘eramos’, pues mucho de lo que nos hizo como somos, ahora ya no nos valdrá.

El ejercicio mejor es mirar fijamente nuestra esencia como organización, desprotegerla de muchas capas y vicios y animarnos a armarla de nuevos propósitos. La cultura es a una organización lo que el aceite a una maquinaria con motor. Es decir, aquello que nos permite funcionar sin roces que pueden desembocar en paradas o incluso roturas.

La cultura es lo que va a propiciar una organización definida por unos flujos de trabajo que progresivamente va modificando la tecnología. Serán los argumentos de nuestra cultura adaptada a los tiempos, aquellos que nos permitirán alterar las tareas, el cómo lo hacemos. También será aquella que nos valga para desechar la más paralizante de las energías que necesita la transformación digital: esto “hay que seguir haciéndolo así, porque así lo hemos hecho toda la vida”. O aquella otra afirmación clásica de apariencia más técnica: “no se cambia lo que funciona”. Esa verdad intocable hasta ahora, empieza a no valernos.

Habrá que cambiar todo en algún momento, antes o después. La única constatación que tenemos es que nada permanecerá por mucho tiempo en la era digital. Por ejemplo el funcionamiento de los equipos humanos, que también deberán ir asumiendo poco a poco el nuevo armamento ideológico que construimos y condensamos en nuestra cultura revisada. Hay que crear equipos de respuesta ágil, interdepartamentales en su funcionamiento para alcanzar unas metas globales, pero con otras metas definidas particularmente para cada departamento, equipo o profesional.

No, lo que funciona sí se cambia, porque en el afán humano de avanzar (con su fallos a veces terribles) hemos ingresado en un estadio en el que contamos con las suficientes evidencias para saber qué siempre habrá algo que supere lo que creíamos insuperablePero cuidado con el exceso de confianza y arrogancia. No perdamos de vista nuestra fragilidad. Reconocer nuestras debilidades nos hará más inteligentes y más conscientes de que la perfección siempre será imperfecta.

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