El enfoque digital le otorga poder a los empleados

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Ser más autónomo en el desempeño de las tareas propias de cualquier trabajo, es una posibilidad que está al alcance de los empleados debido a las herramientas que ha traido la revolución digital. Esa capacidad hay que impulsarla hacia la colaboración y la cooperación, lo que genera un entorno más rentable en el camino hacia la obtención de los objetivos previstos.

 

Acabo de iniciar la lectura del libro “The New Digital Age”, escrito por Eric Schmidt y Jared Cohen y digamos que se incrementa mi visión sobre el valor de la participación de las personas dado que, lo que nos está ocurriendo es que lo digital se extiende cada segundo y provoca un cambio brutal en los procesos de involucración en los que los empleados son determinantes. Desde el punto de vista sociológico e histórico a la vez, podríamos decir que el poder está más en sus manos cuando en el anterior precedente histórico, lo estaba (en la revolución industrial) en manos de grupos muy limitados, justamente los que tenían las nuevas herramientas de producción surgidas de la máquina de vapor. Y lo que afirmo no es ningún alegato político, es la observación de un cambio vital y económico de nuestro tiempo.

A este respecto en CoomputerWeekly, Bill Goodwin afirma lo siguiente:

“But there will be a significant difference: while the move from an agricultural to an industrial economy concentrated power in the hands of employers, digital technology will return power to the employees”.

La presencia de ordenadores conectados entre sí a través de internet abre un espacio de participación, en el que las propias herramientas conllevan un tipo de funcionamiento que es más rentable en la medida de que se generan intercambios. Hablamos por lo tanto de una tecnología social que otorga muchas opciones de desarrollo de trabajo con un índice de autonomía enorme, lo que hace que la involucración de las personas dentro de los procesos dependa de su propia motivación.

El sistema tecnológico de participación en red alcanza sus máximos resultados justamente cuando sus capacidades intrínsecas se ponen en funcionamiento al completo. Si se limitan esas capacidades o se utilizan bajo unos preceptos estratégicos erróneos, no conseguiremos toda la rentabilidad posible.

La tecnología social utilizada por los empleados les confiere un alto índice de autoorganización que no requiere de la emisión de órdenes inquebrantables puestas en circulación de arriba abajo desde la dirección. De esa manera el liderazgo directivo propio de esta etapa es un liderazgo cooperante y no impositivo.

La generación de un entorno de participación adecuado y acorde con las posibilidades que nos otorgan la actual tecnología, es un aspecto fundamental. A mejor ambiente, más motivación para que las personas aporten de forma autónoma su conocimiento y se incremente la colaboración y la coordinación dentro de la organización. La creatividad y una actitud proactiva son otros atributos que suman valor a la hora de desarrollar un entorno de trabajo colaborativo.

El enfoque digital está cambiando muchas cosas, buena cantidad de ellas relacionadas con los procesos productivos y otras con los organizativos. En este segundo sentido es en el que efectivamente los empleados tienen ahora a su alcance muchas herramientas que le otorgan un poder inexistente hasta ahora. Tal poder no se debe enfocar de una manera conflictiva. Es una potencialidad más bien que, si la dirección sabe enfocar de manera adecuada, es mucho mejor para conseguir entre todos los objetivos trazados.

 

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