Lo que realmente importa son las relaciones, el producto menos. Salvo muy escasas excepciones

Liderazgo

¿Qué te importa más averiguar por ti mismo si un determinado producto te parece bien o mal, o comprobar dentro de una comunidad en la que participas si ese producto encaja o no contigo? La pregunta tiene una cierta mala idea porque, lo más normal, es que nos digamos a nosotros mismos que no existe nada mejor que cada cual sepa averiguar qué producto merece la pena y cuál no. Esto es así, no lo niego. Las personas tenemos que estar convencidas de manera personal, pero si nos fijamos algo más detenidamente aceptamos de buen grado formar parte de una ola en la que, por la razón que sea, funciona esto, pero aquello no.

 

En este juego es donde se sitúa la figura del prosumer y, en un lenguaje más clásico el líder. Esto es, aquello que dice aquél blogger que te merece confianza es bueno porque la confianza mueve montañas podríamos decir. La cuestión es que si siguiéramos un determinado hilo, el blogger cuyas opiniones tienes en consideración a su vez tiene otras opiniones que le parecen fiables también, que a su vez tiene otras que lo mismo, y así hasta algún punto en el que todo empezó que, probablemente, sea el fabricante del producto.

 

Los productos están en un nivel de estandarización sin precedentes en la historia. Por 10.000 euros, por ejemplo, te puedes comprar alguno entre una serie de coches que te ofrecen más o menos lo mismo independientemente de la marca. En el proceso de selección que se está imponiendo, escoges aquel del que obtengas mejores críticas o cuya percepción encaje mejor con tu escala de valores que has conformado dentro de un grupo social determinado con el que te comunicas. Realmente lo de menos es el producto en sí, pues tienes las suficientes garantías de que te decidas por el que decidas, el vehículo cumplirá las funciones básicas que obtiene todo el mundo al haber efectuado un determinado desembolso de dinero por comprarlo.

 

Realmente el punto crítico lo encontramos en las relaciones. No hay duda al respecto. Pues detrás de los consejos de la gente, la opinión del blogger que respetas…, están ellas, las relaciones y todo lo que ellas llevan acompasado. Su influencia es brutal, ya que es algo que “forma parte de nuestros genes”, como afirman en el libro ‘Conectados’. La cuestión, nos podemos imaginar, es que esta características tan humana de dejarnos llevar por lo que opina la gente con la que nos sentimos representados, se multiplica hasta casi el infinito cuando nos encontramos en la era de la relevancia del social media. En Fast Company, afirman como en tantos otro sitios, que el centro de atención está en la gente. Por contra, me sorprende que Umair Haque, blogger de la Universidad de Harvard, lance la hipótesis de que las relaciones establecidas a través de los distintos social media son endebles y, poco menos, que no sirven para demasiado. En fin, pérdida de enfoque total, pues es comprensible pensar que entre los millones de relaciones que se entablan cada minuto que pasa en todo internet, habrá las que merezcan la pena o sean determinantes y aquellas que sean prescindibles.

 

Termino. No pienso que este ejercicio que casi a diario efectúo en mi blog sea como predicar en el desierto, pues no creo que el personal esté pendiente de qué digo hasta el extremo de dar un paso u otro en la empresa. Ahora bien, no puedo comprender fácilmente cómo las compañías no ven la importancia que están adquiriendo los medios participativos (blogs, redes sociales, microblogging…) cuando realmente lo único que están consiguiendo es reforzar y poner en primer plano las relaciones que son la base sobre la que se sostiene cualquier acontecimiento que se extiende públicamente, como los productos que se ponen a la venta. Siempre ha sido así, lo que ocurre es que ahora es muchísimo más.

Actualización: es evidente que existen productos que tienen tal protagonismo que, singularmente, tienen de entrada más relevancia que el papel que juegan las relaciones. Es, por ejemplo, el caso del IPad ahora y, en general, todo lo que hace Apple. O casi todo. Y antes ( unos cuantos años atrás) lo que hacía Microsoft. Esto quiere decir que existen productos que se sitúan en un primer plano por disponer de una tecnología o aplicar alguna innovación que nadie hasta la fecha tiene. En este tipo de situaciones, efectivamente el protagonismo es del producto, pero ocurre en muy pocas ocasiones.

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