¿Es el mundo de los bien intencionados?

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El ejercicio diario con el blog me es muy interesante porque, desde muchos aspectos (profesionales, personales, éticos, íntimos…) me encamina inexorablemente a replantearme el mundo. Y muchas veces me imagino que los que transitamos la blogosfera somos vanguardia de un nuevo universo mejor, más justo, más bonito incluso. En ese instante, si me paro un poco, podría hasta oir el dulce sonido de un violin. Pero, también ahí, me digo a mi mismo eh ¿a dónde vas?

Intelectualmente es enormemente gratificante tener un campo (para mi lo es desde luego la blogosfera) que me genera secuencias de pensamientos que están insertos en el proceso de evolución de las personas. Así cuando razono sobre el diálogo, la transparencia, la coordinación, el ‘cerebro colectivo’, la conexión…, inevitablemente trasciendo a un plano de resolución de conflictos (viejos conflictos por cierto) que la nueva tecnología nos puede ayudar a superar. Estas opiniones implican una, para mi, querible visión humana de las cosas.

El contraste de estas ideas aparece muy fácilmente, justo en el momento en el que el sonido de ese imaginario violín pasa de la dulzura a la melancolía más irritable. En ese punto, reflexiono y caigo en la cuenta de que la información es poder, y que hay a quien le encanta detentarla; que el esquema del ‘ordeno y mando’ está impuesto en nuestras vidas por la vía de la genética más determinante; que la opacidad es el muro con el que muchas veces chocamos, simplemente porque ‘siempre ha sido así’, etc, etc.

La doble visión de este momento que vivimos no se puede evitar, creo. Es una perspectiva necesaria. Así, si me detengo en el sonido dulce del violín, pienso, ‘es muy bonito’, pero no puede funcionar; y si el violín araña mis oídos, el resorte cerebral me anima: ‘esto debe cambiar’. El juego va del optimismo al pesimismo, de la realidad al sueño, del bien al mal (lo más básico) para siempre llegar a la misma conclusión, muy simple ella, la virtud está en el centro. Y ya se sabe, en este mundo no existen blancos o negros, sino una enorme gama de grises. Pues vale.

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