Del papel a la red y lo digital

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A la hora de comunicar es, más que apropiado, tener en cuenta las coordenadas históricas que otorgan sentido a nuestro tiempo presente. Algunos me habréis oído hablar, o me habréis leido, en torno a la etapa de transición en la que nos encontramos instaurados que va, por resumir, de la cultura del papel a la cultural digital.

Esta etapa de la evolución, vista desde la doble perspectiva de los medios y de sus usos y aplicaciones, afecta a todos los niveles de la comunicación, desde la interpersonal, a la que se da en las organizaciones y a, por último, la generada a nivel masivo, o en los mercados. Nuestros cerebros, cincelados por tantos años y tantas generaciones, están ordenados y actúan en función de una filosofía, que, en buena medida, viene determinada por las características del funcionamiento de las tecnologías.

Aunque parezca mentira la imprenta, a pesar de ser un invento del siglo XV, mantiene una gran influencia en nuestro modus operandi. Hasta cierto punto, seguimos acostumbrados a que alguien, revestido normalmente de una cierta autoridad (periódico, por ejemplo) informe sobre algo que surge en el escenario, cerrándose el proceso en el momento en el que terminamos de leer la noticia. La esencia que guarda este esquema es: uno informa y los demás reciben.

Ese esquema se ha podido empezar a revisar cuatro siglos después. En el siglo XX aparecen tecnologías que implican modificaciones, pero no radicales. Reparemos por ejemplo en la radio, la televisión y el teléfono. Todos ellos son inventos de los últimos cien años aproximadamente. Los dos primeros remachan el procedimiento inaugurado por lo impreso, es decir, un emisor lanza un mensaje, los demás lo reciben, y ahí se acaba el asunto. (Sí es cierto que en la radio hay una tímida aproximación al intercambio de mensajes emisor- receptor, claramente detectable en los contados instantes en los que los locutores abren los micrófonos a las llamadas de los oyentes).

En cuanto al teléfono, efectivamente, el eje emisor- receptor alcanza un plano de igualdad total, pero su uso se restringe al ámbito exclusivamente interpersonal. No tiene proyección social.

La aparición de Internet y de la tecnología digital han abierto una etapa nueva. Gracias fundamentalmente a la red (puesto que lo digital aplicado a la TV o la radio está aún en sus primeros pasos ) podemos afirmar que ha nacido realmente la comunicación de masas, puesto que, lo existente hasta ahora a escala social, eran medios de información (un emisor, muchos receptores) y no medios de comunicación (emisores y receptores, en mayor o menor cantidad, pero en un plano de más igualdad).

El nuevo paradigma de la intercatividad nos inunda. Poco a poco. Pero claro, necesita su tiempo para cuajar. Además, su aparición no ha significado (ni nadie lo pretende) el final de los otros medios. Por ello, la filosofía existente detrás de los usos y las aplicaciones de aquellos ‘ viejos instrumentos’, sigue presente en nuestras vidas. Para que ‘lo nuevo’ se haga paso y ocupe ‘su lugar’ entre ‘lo ya conocido’, se necesita tiempo y resultados. La gran constatación de la eficacia de ‘lo nuevo’ fueron los correos electrónicos, ahora nadie puede vivir ya sin ellos.

Y sólo un dato más, el invento de Internet es, como aquél que dice, de hace unos días.

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