uRing, un sistema para detectar si los clientes son sinceros con tu marca o no

uRing

Días atrás me informaron de la aparición de un producto llamado uRing, que me gustó. Se trata de un dispositivo que puede medir “la reacciones emocionales como el estrés, el placer, la diversión o el desagrado”, afirman sus promotores en una nota de prensa. Personalmente no lo he probado (me invitaron pero no pude ir) aunque espero tener otra ocasión para hacerlo. El uso de esta tecnología se relaciona con el marketing, pues sus promotores afirman que con este aparato se obtiene información más real de las personas en, por ejemplo, los focus group en los que se realizan pruebas de productos.

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Una experiencia real genera muchas virtuales que son más influyentes para vender un producto

Real-virtual

¿Qué pasa si un cliente o usuario del servicio que aporta tu empresa os critica duramente a través de las redes sociales? Pues está claro que es alguien con el que en principio no puedes contar, al menos en un principio. El hecho en sí que critica el cliente, aisladamente, puede tener más o menos importancia, dependiendo de la capacidad que tenga éste de trascender a través de internet, si bien lo más desgraciado puede ser si se llega a  generar una tendencia negativa.

 

Y es aquí donde puede actuar de forma proactiva la empresa. Realmente no se trata de asustarse porque nos critiquen y, como consecuencia, nos quedamos paralizados. Lo adecuado es tener la capacidad de gestionar las experiencias de las personas que interactúan con nuestra marca para generar un medio ambiente favorable para nuestros intereses. Dice @briansolis que una gran experiencia ( y esa la podemos provocar nosotros) genera lealtad en el cliente y además sirve para atraer a otros.

 

Lo curioso de este ecosistema es que, muy probablemente, la experiencia real la viva uno y los demás se hagan una idea, creen una percepción por lo que le dicen, razón por la que su experimentación es virtual. Este hecho es muy destacado: los productos hoy en día no son el final del proceso que toda empresa tiene que consumar, como era hasta ahora, sino que el hecho determinante es la capacidad de influencia que las relaciones puedan generar en torno a una experiencia real y muchas más virtuales.

 

Este estado de cosas y casos resulta muy apasionante, pues estamos no ya en un punto en el que el mundo digital es un reflejo de lo que ocurre en el mundo real, sino que lo que ocurre en las interacciones que tienen como escenario internet están afectando y cambiando el mundo real.

 

Estamos en un tiempo en el que las relaciones importan tanto como los productos

Estoy de acuerdo en el hecho de que sin un buen producto no se va a ningún sitio, pero me parece cada vez más evidente que sin trenzar una buena red de relaciones a través de las herramientas del social media o la web social, las empresas de la era del ‘negocio social’ lo tendrán cada vez más complicado.

 

Como es bastante común en el mundo de la política, las percepciones son a veces más importantes que los hechos en sí. Esto es, para la clase política, es más relevante lo que la gente percibe que lo que realmente es el asunto en cuestión del que se trate… Pues algo así se va detectando en el ámbito de las compañías que venden sus productos en un entorno en el que el posicionamiento de las personas se hace trascendental, a través del diálogo. Esto es así en la maraña de relaciones que se tejen en la red, en la que el punto de atención preferente no se centra tanto en el producto en sí, como en la tendencia que se va generando en los diálogos, a favor o en contra de nuestra marca.

 

Pero insisto. Nunca, nunca, nunca, hay que dejar de lado el peso que en la ecuación tiene el producto, porque es posible que la gente no llegue a captar o analizar en toda su intensidad el nivel de calidad o el esfuerzo de una tarea en torno a una actividad empresarial, si bien siempre, siempre, siempre penalizará cualquier debilitamiento o variación en sus estándares de percepción de nuestros productos.