Si no tienes en cuenta la conversación en el negocio digital, pierdes el foco

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El por qué la conversación ha pasado a ser tan sumamente relevante en el mundo de internet y se ha convertido en la piedra angular de la estructura de las nuevas fórmulas de comunicación, tiene para mi una explicación bastante sencilla. La conversación es una capacidad común en nuestras vidas, muy rica en matices, que dice bastante de lo que somos y de lo que pretendemos. Incluso en los casos de conversaciones vacias que se llaman, aquí también.

 

El hecho de que las relaciones como base sobre la que se sostienen las conversaciones se hayan convertido en clave en la economía generada en torno a la web participativa, nos indica igualmente que la realidad digital refuerza el incontrovertible valor humano del acercamiento a través de la comunicación. Dos personas no pueden pretender entenderse si por lo menos no conversan. En el mundo del negocio, y del negocio digital, si no tienes en cuenta la conversación has perdido el foco completamente.

 

En el mundo de las relaciones personales, la aportación de valor hacia el otro viene a través de lo que comunicas en un encuentro y mediante una conversación. En ella puedes encontrar muchos elementos verbales o no verbales que pueden orientarte sobre tu interlocutor. En el escenario digital, tambien es determinante la aportación variada de matices que pueden ser determinantes con respecto a lo que das y obtienes.  Y todo ello, se orienta a través de lo que dices y lo que ves, oyes o lees.

 

Por lo tanto, procurar estar pendientes de la conversación, al fin y al cabo, es la mejor forma de ser determinantes en los procedimientos que estamos estableciendo para hacer negocio en nuestros días, (los negocios) que es de lo que suelo hablar en este blog. Podríamos decir que si dialogas y atiendes el diálogo, aportas cosas interesantes y propones otras más interesantes aún, puede que hayas encontrado el camino para ser determinante en tu apuesta.

 

Para escribir este texto me he inspirado en:

 

“Crear más valor del que consigues”, una fórmula para activar la organización participativa


"Crear más valor del que consigues", este podría ser un magnífico lema para poner en marcha una iniciativa de web social en cualquier organización. La frase la leo en el blog de Andrew McAfee y creo que resulta muy útil para indagar en la línea de la participación en las empresas a través de la web social. El valor que guarda la afirmación es bien simple: en la medida que recibes, el objetivo es poner en circulación un mayor valor del que recibes.

Las cosas evidentemente no son tan fáciles. En primer lugar, y antes que nada, lo importante es crear un entorno favorable para que se consiga un estandar válido de participación, contando con la tecnología suficiente, claro. Se trata de conseguir un nivel de compensación entre libertad para participar y respeto de una normativa que toda organización debe tener a la hora de poner en funcionamiento el social media.

En segundo lugar, y no como tema menor, ni mucho menos, el objetivo es que las aportaciones se liguen a resultados. Con ese fin, en la medida que las personas se involucran en la red participativa, cuanta más involucración más posibilidades de alcanzar mejoras, siempre que haya una vocación clara de dar más de lo que recibes. En el blog de Pablo Fuentes, explorábamos sobre la vinculación también de las aportaciones a remuneraciones. ¿Mal asunto para que se digerido desde la filosofía de la web social? Tratar este asunto nos llevaría a un amplio e interesante debate.

El vídeo que aparece en esta entrada de mi blog es como la alegoría de un entorno en el que las aportaciones surgen en libertad (los robots volantes son autónomos, vuelan) , aunque están enmarcados en un determinado nivel de operaciones y con una vocación puesta en el éxito (los robots volantes son autónomos, vuelan). Este simil de orquesta es atractivo para ilustrar la importancia de la coordinación y la aportación de unas notas que son necesarias para que otras lleguen en una secuencia encadenada hasta el final de la interpretación de la pieza.

Empresa que usa la web social, empresa que debe aprender a rentabilizar sus relaciones

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El objetivo no es tener plataformas de tecnología social porque estén de moda y tampoco abrirlas a un uso sin objetivo concreto. Esto es especialmente determinante en aquellas empresas que inician su ‘era social’ en un empeño de revisión de las tareas y de los procesos para evolucionar de forma adecuada en las actuales coordenadas.

La razón de ser de las empresas que construyen su arquitectura social es investigar y determinar la manera en la que la promoción de los contenidos y las relaciones entre las personas que tienen que ver con ellas, tanto externa como internamente,  termine en negocio. Ya de por sí ha sido un negocio, pone de ejemplo Charlene Li en una de sus últimas entradas: el ahorro de costes en teléfono que ha supuesto el e-mail desde su pueste en marcha hasta ahora.

Con la puesta en circulación de contenidos en las empresas en red también se apuesta por la inyección de inputs que favorecen varios aspectos de la gestión empresarial, sostiene Li:

  • promover el hecho de compartir.
  • obtener conocimiento.
  • promover las acciones.
  • reforzar el papel de los empleados.

Está claro que la empresa social pasa porque los empleados adquieran un mayor y responsable protagonismo, como las personas de afuera que influyen en su actividad, aunque éstas pueden no ser responsables. Con esta constatación entramos en una dinamización que puede motivar a la gente a ir a más. En ese proceso, la dirección de la empresa tiene que coordinar intenciones, propuestas y acciones para lograr objetivos que se hacen más y más comunes a todos.

Doctrina y responsabilidad, valores de la arquitectura social para evolucionar a empresa 2.0

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La doctrina y la responsabilidad son valores necesarios para construir la arquitectura social que cualquier organización necesita a fin de adaptarse a la organización propia de la empresa 2.0, basada a su vez en tecnología social. Como parece bastante obvio, para conseguir una organización que responda a los principios de la web social no hace falta únicamente que tengamos unas determinadas herramientas, se hace necesario una mentalidad diferente.

La capacidad de liderazgo abierto, centrado más en compartir información y generar un sistema de organización colaborativo, se completa si se suman los dos valores apuntados (doctrina y responsabilidad). En lo que se refiere a la doctrina, podríamos entenderla como normativa de uso. Pero va más allá: la doctrina es también el conjunto de ideas y argumentos que dan sentido a una organización en tanto plantea la consecución de unos objetivos. Las ideas esenciales que definen a cualquier empresa, unidas a las normas específicas de uso de la tecnología social son una gasolina potente que facilita la autoorganización en red con centros de poder. Los centros de poder son los puestos directivos necesarios, que cambian de ubicación (no es una pirámide, es una estructura en red descentralizada) y que se centran más en coordinar y facilitar medios que promuevan dinámicas más enriquecedoras que se retroalimentan. 

El hecho de que se aflojen las organizaciones en cuanto a el sentido de control de arriba abajo, se neutraliza con la fuerza de la responsabilidad como efecto que otorga autonomía a las personas y los equipos en la confianza de que saben cuáles son los límites y lo demuestran. Esta fórmula otorga más protagonismo a las personas, más libertad que genera a su vez más capacidad para crear. El reto es dirigir esa creatividad a la consecución de objetivos.

Ya no vale con blogosfera o twitteresfera. Ahora hay que hablar de socialesfera

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Socialesfera. Así se me ha ocurrido que podría denominarse conjunto de usuarios de todas las plataformas participativas o sociales que forman parte de internet en la actualidad. Sería un concepto global y único, similar a cuando se usaba blogosfera pues los blogs estaban solos; o ahora twitteresfera para definir el universo de los usuarios de Twitter.  Sin embargo, no existe nombre para definir al entorno de la gente que participa en Facebook…

A mi me parece que con el término socialesfera podríamos centrar la manera de definir la presencia de las personas en internet, haciendo hincapié de manera especial en el calado social de la red en la actualidad. Precisamente, desde un punto de vista sociológico, el término socialesfera  se refiere a la capacidad de influencia que las personas tienen en el actual estado de cosas. La incidencia de las personas “como tu y como yo” va más allá de lo que representa la comunicación entre iguales.

Efectivamente, la clave es la influencia que los ciudadanos obtienen en todos los procesos, bien civiles, institucionales, empresariales… Por detallar algo más, si hay un proceso civil claramente influyente en los últimos tiempos en España, ese ha sido el 15-M que ha utilizado las herramientas de la web social para expresarse, organizarse y ganarse un lugar en el espacio público y en la agenda de los partidos políticos.

La socialesfera puede bajar o subir una marca, dada su capacidad de influencia en la ley de la oferta y la demanda. Para las empresas resulta fundamental hacer negocio contando con la socialesfera, o trabajar en ella, pues en nuestros tiempos, más que nunca antes, las coordenadas de las compañías no se acaban en cuatro paredes, sino que están conectadas con su entorno más o menos grande…

La socialesfera no solamente la forman personas, sino empresas tecnológicas también que de forma continua ponen en circulación aplicaciones y canales nuevos que favorecen el crecimiento del entorno participativo de la red. Su tejido aumenta de tal forma que la manera de operar de todo tipo de organizaciones están sufriendo un cambio de grandes proporciones, que cala de forma muy suave pero imparable.

Socialesfera es para mi, y por último, una pasión, esa palabra que tanta fuerza aportó en el mundo del blog, y que ahora parece un poco ahogada. ¿Cómo lo ves?

Los jóvenes ponen pegas a los límites del social media en las empresas. ¿Tolerable?

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Según una encuesta de Cisco realizada con 2.800 jóvenes de 14 paísesa, la gente de menos de 30 años que está involucrada profesionalmente, rechaza asumir las normas que rigen el uso del social media en las organizaciones para las que trabajan. Hay distintas razones por las que demuestran este rechazo, partiendo de la base de que están acostumbrados a la filosofía que preside este tipo de herramientas cuando las usan a título personal. Y entrar a manejarlas de otra manera, o con determinados límites, es algo que se les escapa respecto al sentido que para ellos tienen. Entre esas razones, el informe señala la siguientes:

  • 80% consideran que las normas están desfasadas.
  • 22% dice que tienen que acceder a sitios 'prohibidos' para terminar su trabajo.
  • 18% no tienen tiempo de pensar en normas cuando trabajan.
  • 15% se olvidan que existen.

Con estas valoraciones, que en detalle se pueden leer en este post de Carlos Domínguez, vicepresidente mundial de Cisco, creo que queda patente que los jóvenes tienen otra visión del social media que la que aciertan a tener las organizaciones. Bajo mi punto de vista, queda muy claro que las empresas tienen que tener normas de uso del social media, pero también entiendo que las compañías tienen que adoptar un talante abierto y reflexionar sobre la importancia de tener talento joven y, además, sobre los cambios inevitables que las empresas tienen que asumir para adaptarse al nuevo entorno competitivo.