Antonino Albarrán (Intel): “El futuro en ordenadores está en la computación intuitiva”

En estos días de calor y calor, estoy reproduciendo las entrevistas que días atrás ( el 9 de junio) se realizaron para EBEMadrid. La que puedes ver es de Antonino Albarrán el director de Tecnología de Intel para España y Portugal. Aquí puedes leer un resumen de su intervención si quieres y aquí va el vídeo de la entrevista.

El modelo Apple tira por los suelos la propuesta del Social Business

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Si bien cada empresa tiene su propia idiosincrasia, su cultura corporativa, su propia forma de hacer las cosas en definitiva, es bien cierto que existen similtudes entre organizaciones. Podríamo, para resumir, hablar de dos  modelos de gestión: uno clásico, piramidal con un fluido de las órdenes de arriba abajo únicamente;  y el otro, abierto y participativo, que sostiene las últimas tesis, propias de la actual cultura de la web social.

Apple es uno de los más claros exponentes del primer tipo de empresas. De su éxito no hace falta decir mucho. Ayer, sin ir más lejos, se conocía que era la marca más valiosa del mundo, superando a Google. La firma que dirige con dureza Steve Jobs, así las cosas, echa por tierra todo lo que tiene que ver con la propuesta que sostiene el Social Business.

El gran riesgo de Apple es que Jobs ( hombre cuya vida se pierde entre la niebla) deje de dirigirla, cosa que ocurrirá tarde más o menos. Su personalisima manera de llevar la empresa exige, como medida preventiva ante su ausencia, que se ponga en marcha iniciativas que palíen su vació. Ya está en marcha, por ejemplo, una universidad interna que concreta cuáles son las claves del éxito de su modus operandi. A pesar de ello, la duda sigue planeando respecto a que sin Jobs todo será diferente, o no.

¿Es el ejemplo de Jobs y su exitosa Apple una constatación de que las empresas siempre se han dirigido de una manera y así debe seguir siendo? ¿Significa ello que el Social Business o la Empresa 2.0 son realmente brindis al sol, frutos de una moda? Siendo realistas en estos momentos podríamos comparar unos resultados brillantes frente a posibilidades. Yo, como parece obvio, me he declarado claro promotor de la idea del Social Business, lo cual no me impide comprobar lo que da de sí el estilo Jobs. Es cuestión de tiempo. No tengo duda. De aquí a unos años podremos comprobar si el Social Business era el sueño de una noche de verano… Yo creo que no.

Ser social CEO es cosa de valientes

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Leyendo este artículo de Forrester Research en uno de sus blogs, coincido en cierta medida con una de las afirmaciones incluida en un comentario:

So I tell you why CEOs don't blog and tweet: Executives are hiding in their boardrooms, because they are afraid that customers could use social media to actually tell them how it really is. And that frightens the hell out of them.

Que más o menos se podría traducir por:

Por eso te digo por qué los CEO ni escriben en blogs ni tuitean : los ejecutivos se esconden en sus salas de juntas porque tienen miedo de que los clientes puedan utilizar los  social media para decirles qué es lo que pasa en realidad. Y eso asusta…

Yo, no obstante, no diría lo anterior con tanta rotundidad, pero sí uniría a las claves para ser Social CEO que escribí días atrás la de la valentía. Para un CEO o director general de una compañía tener un blog o publicar en Twitter cada equis tiempo significa dar la cara y, si de algo vale la arquitectura corporativa de las empresas es para poner burocracia de por medio entre lo que salga publicado en los sitios de la web social ( o medios tradicionales) y la dirección.

Tampoco por otro lado hay que ser tan dramáticos, puesto que no siempre se va a gestionar crisis, lo más normal es que a través de los medios participativos se hable de producto, se aporten ideas y directrices o se consolide la reputación de una marca.

Como conclusión de todo esto, yo me preguntaría hasta qué punto la participación directa del máximo líder de una organización a través de blog o Twitter puede beneficiar al negocio. Eso dependerá mucho de los estilos de dirección de los distintos líderes, y existen fórmulas diferentes: desde un blog personal hasta otro corporativo en el que el director general escriba de vez en cuando, o no escribir nada, que desde luego sigue siendo una elección: la más elegida al día de hoy.

¿El director general debe bloguear o tuitear? (Encuesta)

Probablemente a estas alturas sea toda una entelequia la pregunta de esta encuesta, pues los directores generales o CEOs que conocemos, no hacen ni una cosa ni otra, pues sencillamente (piensan ellos) les ha cogido ya mayores para estos temas, o no tienen tiempo suficente, argumentan. La tendencia es hacia el Social CEO que escribía días atrás. Mientras tanto, qué opinas

http://www.polleverywhere.com/multiple_choice_polls/MjQyNjkxMTQz

Claves para ser un social CEO

¿A que nos referimos con el nombre social CEO, usando inevitablemente como en otras muchas ocasiones la nomenclatura anglosajona? En principio hablaríamos de lo que en el ámbito de lo hispano tendríamos que bautizar como consejero delegado social ( que no pega ni con cola). En cualquier caso respondería a la figura del máximo directivo de una empresa que adquiere un tipo de gestión basada en alguna medida en el uso de las herramientas del social media. Nada más… Y nada menos.

Lo que queda claro es que progresivamente esta figura del social CEO va a ir adquiriendo carta de naturaleza, como pone de manifiesto George Colony, CEO de Forrester Research, en esta entrevista en Mashable. Sin duda de ningún tipo nos encontramos ante un tipo de experimento complicado por varias razones:

  • porque los altos directivos de las empresas consideran que no tienen tiempo como para escribir en un blog o en una herramienta de microblogging.
  • por el choque cultural evidente que les supone tener ahora un grado de exposición y de sensación de ‘pérdida de control’ de la situación.
  • por las limitaciones legales, puesto que las tomas de posición de algunos directivos de empresa pueden tener repercusiones en el ámbito del mercado de valores ( si es que la compañía en cuestión cotiza en bolsa) o frente a los accionistas o instancias laborales…

La cuestión es que, como todo, se pueden buscar las vueltas para solventar estos tres problemas. Y existen casos ( ninguno que yo sepa en España de una gran empresa fuera del ámbito tecnológico) como Richard Edelman el CEO de Edelman,  una de las principales agencias de Relaciones Públicas del mundo; o el de la cadena de hoteles  Marriott, Bill Marriott, que llama especialmente la atención porque tiene 77 años de edad. Singularmente, el problema de la falta de tiempo no es asumible puesto que los altos directivos de las compañías tienen que, obligatoriamente, utilizar buena parte de su tiempo en comunicar. Lo que pasa es que cambian las herramientas y, sobre todo, la filosofía.

Por otra parte, y bajo mi punto de vista, hay dos cuestiones que tienen que tener en cuenta los CEO para convertirse en social CEO:

  • la primera es muy sencilla. Queda cada día más claro que las empresas de estos CEO se la están jugando en el devenir creado en torno a las herramientas de la web social, razón por la que tienen que ir aprendiendo, como mínimo, a saber de qué va esto. Lo que de momento no deben rechazar es la novedad, o mofarse de ella que sería peor, pues eso sólo demostraría ignorancia. Los CEO además tienen que ser conscientes de la evolución que están sufriendo la sociedad, los clientes y los mercados, circunstancia ésta que supone que cada vez tengan más protagonismo las generaciones que se han criado con los blogs, Facebooks, Tuentis y Twitters…
  • en segundo lugar es fundamental que los CEO vayan realizando el ejercicio de conectar los nuevos usos con los objetivos que tienen sus empresas. Ésta es una tarea clave pues significa dar un paso más allá del simple hecho de utilizar las herramientas sociales. Una empresa no se convierte en empresa 2.0 por solamente usar Facebook o Twitter. Es algo más, aunque eso tiene un tratamiento más profuso, de lo que me gustaría apuntar solamente algo básico: los CEO se tienen que acostumbrar a realizar una gestión abierta, pues la web participativa pone ‘luz y taquígrafos’, que se dice en el ámbito de la política.

El social CEO es, finalmente, un simple exponente del nuevo perfil de directivo que ya está llegando. Es algo que se entiende muy fácil cuando poco a poco iremos viendo la incorporación de muchos de los jóvenes de hoy, nacidos en esta cultura, a los cargos de responsabilidad. Ellos serán directivos más acostumbrados al social media y su filosofía, por lo que el cambio para ellos ya estará asumido, lo que no quiere decir claro que no tengan nuevos retos.