IBM y Apple: la unión perfecta de la inteligencia gris (la de IBM) con la inteligencia bella (la de Apple)

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Si a alguien se le ocurriera, con un mínimo conocimiento de causa, decir qué empresa encaja mejor con qué otra en el mundo tecnológico, puede que hubiera dicho que IBM y Apple. A pesar de que dos emporios tan enormes como estos parecen más llamados a comprar que a unirse. Las estrategias empresariales en el mercado tecnológico siempre nos sorprenden.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La reciente comunicación de IBM y Apple de que van a unir sus destinos, de forma concreta para trabajar en movilidad es muy impactante y, bajo mi punto de vista, representa la unión madura de dos empresas que encajan a la perfección porque cada una de ellas ha demostrado triunfar en aquello que para la otra es una asignatura suspendida. Apple necesita de IBM la parte corporativa, mientras que el gigante azul requiere de la compañía creada por Jobs sus dispositivos móviles que poseen un atractivo brutal en lo que a diseño se refiere.

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La marca se debe mover por el social media, analizando el #bigdata

Bigdata

En la economía del entorno digital existen cuatro pilares: social media, big data, cloud y open source. Los dos primeros son, a mi modo de entender, los más determinantes pues para desarrollaer nuestra empresa desde el punto de vista comercial necesitamos el social media y analizar toda la información necesaria (big data) para acertar en lo que quieren nuestros clientes.

 

En muchas y muchas entradas, millones de ellas a lo largo de los últimos años, se afirma con grandes dosis de razón que hay que cuidar el perfil social de las marcas puesto que hoy en día todo se dirime, prácticamente, por lo que eres o no eres en la esfera digital. Pero entre las razones que nos aconsejan a mantener el pulso adecuado con las redes sociales, quizás la que menos peso le dediquemos es a fijar el rumbo que queramos adquiera nuestra huella en el análisis del big data. El hecho es que tanto de los contenidos que las marcas puedan poner en circulación como de las interacciones que protagonizan los mismos clientes, existe un volumen creciente y más creciente de información que dice demasiado de nosotros.

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Ganar o no ganar el cliente es una cuestión de movilidad

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El móvil te da muchas garantías para estar informado y para actuar y comprar. Tenerlo encima y usarlo cada vez más provoca cambios en la actuación de las empresas que deben responder en fracciones de tiempo cada vez menores. Todo cambia debido a la movilidad.

Desde hace unos meses a esta parte, la contudencia del Marketing se abre paso en los protagonismos de la empresa en el entorno digital. Lo decía días atrás: el Marketing es el líder de la economía digital y, dentro de él, lo que destaca es la movilidad. En un reciente libro “The Mobile Mind Shift”, de Ted Schadler, Josh Bernoff y Julie Ask, se hace una reflexión muy interesante: los clientes recurren al smartphone para todo, para saber qué tiempo hace, cuándo sale su vuelo, o qué restaurante está más cerca y qué opinión tiene la gente de él… Por eso, cada vez más, ganar o no ganar el cliente es una cuestión de movilidad.

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Economía de la colaboración: ¿si no colaboramos, que alternativa nos queda?

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El tiempo marca esa nueva pauta. Las personas, más activas en el mercado y en la nueva orientación de la economía, están eligiendo. Su elección se centra en precios más bajos y en el mantenimiento de unos niveles oportunos de calidad. El escenario que estamos creando, con una base clara tecnológica, pone en el mercado ofertas novedosas frente a las tradicionales de servicios como hoteles o taxis que son difíciles de obviar.

El tiempo y la evolución actual nos sitúa a todos ante evidencias como que nuestros productos y propiedades tienen más capacidad de uso de la que les damos y, por otra parte, nos determina que la tecnología digital a nuestra disposición lleva aparejada la posibilidad de conectar y compartir.  Frente a estas constataciones, la alternativa que nos propone la actividad tradicional es dejar las cosas como estaban. Según esta visión, deberíamos seguir comprando productos o servicios que no se ajustan verdaderamente a nuestras necesidades, lo que nos impide distribuir como nos plazca nuestras opciones de compra o alquiler.

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La empresa tradicional debe abandonar su zona de confort tecnológico

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Si quieres entenderlo bien, pero si no (desgraciadamente) también. A las empresas que se reafirman en hacer lo de siempre les ha tocado vivir un mal momento. Cambiar y asumir el entorno digital no tiene interpretaciones o dilaciones: hay que ir a ello. Si no lo quieres hacer por ti mismo, hazlo porque si no la competencia te lo mostrará echándote del mercado. ¿Quieres eso?

 

Podríamos decir que las empresas que forman parte de la economía tradicional no quieren abandonar la zona de confort, lo que podría entenderse como que no les gusta o no quieren promover procesos de innovación en los entornos digitales a los que nos acoplamos cada día más. Muchos de los negocios que van bien porque ganan dinero o simplemente viven, se preguntan que para qué cambiar, idea que por otro lado suele establecerse como una verdad que no exige demostración. Y me refiero a aquello de, “si algo te va bien, mejor no lo toques”. ¿De verdad?…

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No se puede concebir la digitalización de la empresa sin que esté presente la colaboración

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La presencia de las personas en los procesos de digitalización es esencial. Las personas no valen porque generan datos que las empresas analizan y toman decisiones al respecto, que también, sino que adquieren un protagonismo tal que está dando la vuelta a la forma de concebir la empresa y el mercado.

Se podría decir que no hay una sin la otra, en mayor o menor medida, pero no se puede concebir la digitalización de la economía sin que esté presente la colaboración. Podría decirse que el germen más profundo de este hecho se encuentra en la tecnología en sí, que lleva incluida en esencia la capacidad de compartir ideas, productos, servicios, recursos… La colaboración se visualiza en un doble sentido, en el contexto (hacia fuera) a través de lo que se conoce como economía colaborativa, y mediante la digitalización de las tareas comerciales; mientras que en el interior de las empresas, hay que mirar en la mejora de los procesos y en el cambio de orientación del management, que se basa en el conocimiento compartido.

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