Las cuatro fases de la relación humano-máquina

Creo que la relación entre las máquinas y las personas es uno de los hechos que definen nuestras vidas, ahora más, aunque siempre ha sido algo muy importante. Poco a poco, con el paso del tiempo, estamos divisando lo que podríamos definir como una suerte de compenetración entre ambos extremos. Por una razón bien obvia: las máquinas cada vez tienen más capacidades que las personas no alcanzan, y aunque no hay sistema artificial que no haya sido planeado, programado y construido por los humanos, estamos en un tiempo en el que hay que generar una simbiosis pues la tecnología nos sobrepasa y debemos entendernos con ella.

Desde mi punto de vista, existen cuatro fases de la relación entre personas y máquinas que pueden orientarnos para entender un poco mejor lo que estamos viviendo en el momento presente:

  • Los humanos hacen y deciden
  • Los humanos consultan las máquinas para decidir
  • Los humanos y las máquinas se relacionan para trabajar juntos.
  • ¿Las máquinas deciden y los humanos obedecen?

La primera fase (los humanos hacen y deciden) va desde el origen de la especie humana hasta las últimas décadas que pusieron el punto y final al siglo XX. Durante ese casi infinito espacio de tiempo, siempre ha habido un denominador común: los seres humanos han estado al frente y cualquier tecnología, sistema de producción, artefacto o herramienta ha quedado supeditado a ellos. Pensemos, por ejemplo, en el descubrimiento de la agricultura o incluso en la Revolución Industrial. Nada en esos episodios fundamentales de la existencia escapaba a la dirección de los humanos salvo, en aquellos instantes en los que se chocaba y se choca con la Naturaleza. Pero cualquier obra humana estaba supeditada al control de los hombres y mujeres.

Segunda fase. De forma solapada, en pleno siglo XX, (y con precedentes sin duda de etapas anteriores) los seres humanos se han dotado de tecnología que les valen para analizar situaciones y posteriormente tomar decisiones. Por poner un ejemplo cotidiano, las investigaciones y desarrollos científicos consiguieron proyectar previsiones en relación con la climatología. Grandes corporaciones como por ejemplo IBM o la NASA consiguieron, con la involucración de un número importante de técnicos, realizar cálculos para dirigir los primeros viajes al espacio. Los cálculos matemáticos conectados a grandes bases de datos, facilitaban determinados trabajos pero con costes muy grandes en tiempo y dinero. Estos inicios, sin duda, han permitido evoluciones posteriores que han desembocado en las prestaciones actuales de la digitalización.

Tercera fase. Justamente, la etapa en la que se establecen relaciones constatables entre las máquinas y las personas es la actual. Si pensamos en cómo funciona la inteligencia artificial, lo primero que hay que tener en cuenta que este sistema está diseñado y desarrollado por los humanos, pero con una característica fundamental: las máquinas adquieren tal nivel de autonomía que pueden tomar decisiones por si solas. La inteligencia artificial, por ejemplo, avanza en el conocimiento de los sentimientos humanos. Algunos sistema pueden analizar millones y millones de fotos para identificar todos los estados de ánimo. Ese nivel de refinamiento solo es posible cuando la conexión humano-máquina es plena. Las personas, de momento, se aprovechan de los resultados que ofrece la inteligencia artificial para hacer más eficientes sus sistemas productivos.

Cuarta fase. La última fase pertenece al futuro, y de momento nos plantea interrogantes, que podríamos concentrar en dos básicas. Es posible que las máquinas adquieran tal pericia que su autonomía sea total. Su capacidad de analizar y decidir será tan grande que superará sin duda las capacidades de los humanos. ¿Será el momento entonces en el que nos tengamos que plegar a las máquinas? La otra alternativa, de un sesgo mucho más positivo: a pesar de las posibilidades de la tecnología y su independencia, siempre trabajará por y para los seres humanos por lo que tendríamos mucho tiempo libre que dedicaríamos al ocio…

La relación máquina-humano está en el punto más álgido de toda nuestra historia probablemente, pues nos situamos en un umbral interesante e inquietante a la vez en el que la tecnología que siempre ha estado a nuestro servicio, puede tomarnos la delantera. Es probable, no obstante, que para vivir esa situación, si es que se llega a producir, nos queda aún mucho tiempo. Es la primera vez que los seres humanos, además, tienen la capacidad de crear equiparándose al concepto de deidad que siempre se ha situado por encima de las personas. De momento estamos en una etapa en la que nos tenemos que entender con las máquinas que nosotros mismos diseñamos y fabricamos, lo que no es poco.

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