Del “no soy nada sin mi smartphone”, pasaremos al “no soy nada sin mi robot”

Si en algo se caracteriza el ser humano es en tratar de conocer sus limitaciones y en superarlas mediante apoyos externos en muchos casos.  Esta reflexión trasladada a los entornos tecnológicos nos obliga a reflexionar sobre nuestra relación con los smartphones, instrumentos que ya ocupan una parte muy destacada puesto que nos facilitan tareas de nuestro día a día que tienen que ver con el uso de información, la comunicación, las transacciones, compras, ventas, etc, etc. Verdaderamente, el smartphone se ha convertido en nuestro asistente, sin el que no concebimos la vida. Una proyección hecha por Tractica asegura que para el año 2021 habrá en el mundo 1.800 millones de personas usando asistentes virtuales. Esta claro: nos estamos dotando de herramientas que nosotros creamos para ayudarnos a hacer cosas y superar inconvenientes.

Pero como resulta patente, dada nuestra evolución, no nos podemos quedar en los smartphones, puesto que de hecho ya hay instrumentos de reciente aparición que están llevando más allá el concepto de asistente. Nos referimos a los asistentes (ya se llaman así literalmente) como los de Amazon, conocido como Alexa. U otros como Cortana, creado por Microsoft; o Google Assistant de Alphabet. El denominador común es que se tratan de dispositivos de inteligencia artificial que nos ayudan en algunas tareas, como el caso de Alexa, que por ejemplo- incluido en un frigorífico inteligente de LG- nos permite preguntar a este electrodoméstico cuáles son los alimentos que tenemos y los que necesitamos. Internet de las cosas al fin y al cabo.

La cuestión es que de forma silenciosa la inteligencia artificial se está colando en nuestras vidas. Esta constatación nos llevará de manera progresiva a apoyarnos más en los robots, que es lo que son al fin y al cabo. La base del funcionamiento de los robots, al menos en su versión más extendida en el momento presente, consiste en la capacidad de estos instrumentos de analizar millones de datos y tomar decisiones de forma autónoma. El avance por lo tanto se encuentra también en las mejoras sustanciosas que estamos logrando en el análisis y conocimiento de los datos, de millones de datos que nos permiten acertar mejor- se supone- en la gestión de las empresas. Los datos de las empresas son su principal activo y en aprender de ellos y monetizarlos se emplean ya muchas organizaciones.

La imagen de una persona con su asistente robot al lado no puede estar muy lejos. De hecho, la simbiosis entre hombre y máquina se está produciendo desde hace mucho tiempo, con sus limitaciones, como es el caso de las cadenas de producción de coches. El salto cualitativo de ahora es la autonomía de la máquina para hacer tareas por su cuenta tomando decisiones por su cuenta. Es, por ejemplo, el uso que algunos médicos están dando a Watson de IBM gracias al cual, los facultativos deciden en función de la instrospección del robot que ha sabido analizar infinidad de datos del paciente, tomando incluso decisiones menores para dejar la determinante al profesional.

El extremo de los extremos de esta proyección, bajo mi punto de vista, es que habrá matrimonios entre robots y humanos allá el año 2050. No sé, me cuesta concebir esta previsión. Mientras tanto, hay que mirar la otra cara de este tipo de visiones. Muchas personas sienten como las máquinas (los smartphones con los que empezaba a hablar en este post) nos están quitando capacidades y limitando comportamientos propios de las personas. En un artículo de New York Times, se pone el contrapunto en escenas como parejas sentadas en una mesa y viendo los móviles cada uno por su lado, sin hablar. Ya no disfrutamos de nuestras funciones y habilidades como humanos, le hemos cedido en ese sentido un amplio protagonismo a la máquina.

Pero no podemos evitarlo, las cosas están cambiando y la presencia de las máquinas en nuestras vidas es ascendente. Veremos en qué queda todo esto cuando, como en más de una ocasión yo he comentado en este mismo blog, lo más destacado es si sabremos verdaderamente limitar el papel de los robots, dado que la previsión se va convirtiendo en realidad y cada vez hacen más cosas sin intervención de las personas. Siempre en cualquier caso, cualquier avance de la humanidad se ha visto jalonado con reflexiones positivas y lo contrario. Es una de las esencias de nuestro progreso. En ese denominador común del comportamiento humano desde su origen, me baso para estar tranquilo y pensar que nunca estaremos debajo del control de las máquinas. Al menos, yo no creo que lo viva.

 

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