Competir en internet: prueba, error y solución rápida de los errores

La forma de operar con internet y los entornos digitales nos emplaza siempre a la contínua averiguación de novedades sobre supuestos algoritmos infalibles que van surgiendo o con los que se van especulando. Pero a pesar de una supuesta infalibilidad de lo nuevo, no tenemos más remedio que recurrir a la prueba y el error, viejo sistema al que estamos obligados a añadir también, dadas las actuales coordenadas, la búsqueda de soluciones en el menor tiempo posible. Esta fórmula innovadora de la que hablamos, nos sitúa ante un modus operandi en el que el fracaso repetido es parte inevitable del proceso. Tenemos incluso que aceptar que estamos siempre en una permanente reformulación, en un eterno bucle de lanzamiento de propuestas (productos) que se revisan en el mismo campo de juego de la red y por los propios usuarios, hasta tanto se terminan de definir y estabilizar.

La presencia de productos completamente cerrados y estabilizados es mínima en relación con los que están sujetos a contínuas revisiones. Es más, podemos afirmar que no existe nada realmente concluido y cerrado por los siglos de los siglos sin que haya existido una mejora posterior. Si pensamos, con mentalidad digital, en un periódico de papel, sería como si estuviéramos revisando y cambiando contínuamente la tipografía, el diseño, las secciones o hasta el sistema de impresión. Impensable en este producto del mundo analógico y hasta en la psicología de los productores y los consumidores de este tipo de productos. En internet toda esta estabilidad ha saltado por los aires.

Una de las claves añadidas de este sistema que permite avanzar pero a través de ciclos muy cortos de tiempo, es la búsqueda de soluciones rápidas para solventar los errores y definir hasta el infinito nuevas prestaciones, pues siempre hay más maneras de mejorar. Esta dinámica es especialmente compleja en las iniciativas de cambio de infraestructura digitales en la idea de concebir una transformación de la empresa. Sin duda, aquí, detectar los errores y solventarlos se ejecuta en períodos de tiempo mayores, nada que ver con las mutaciones en redes sociales o aplicaciones.

Ajustar la piezas de las plataformas sobre las que empezamos a operar en las transformaciones digitales, nos lleva mucho tiempo y requiere mucha paciencia. Una de las aportaciones más interesantes en este enfoque es la interoperatividad. La idea, expresada de esa forma por Sangeet Paul Choudary, es que cualquier remodelación de nuestro forma de operar tiene que garantizarse el uso a través de distintos entornos. La manera de atraer a más personas a nuestra plataforma es que vengan de cuántos más sitios mejor, y para facilitarles la operatividad desde diferentes frentes, hay que trabajar por el entendimiento y compatibilidad entre los mismos.

La concreción de nuestra propuesta y la manera de acertar con quienes nos compran en los mercados actuales tiene una virtud y un defecto. La virtud, que conocemos mucho de quienes deambulan por internet y al final adquieren cosas a través de la red. Y la dificultad, que no es tan fácil que lleguemos a acertar y dirigirnos de verdad a aquellas personas que sean los verdaderos interesados en nuestras propuestas dada la marabunta de información con la que contamos,. En otras palabras, conocemos demasiado y nos cuesta concretar a la hora de atraer a aquellos perfiles que nos interesan verdaderamente. Existen datos relevantes, como que más de un cuarto de las ventas que se hacen en Europa (según McKinsey), proceden de las recomendaciones a través de redes sociales, lo que es una auténtica inmensidad. La gran incógnita es cómo tu marca se adelanta y llega a sus clientes actuales y a los potenciales.

Soluciones definitivas a esta cuestión se me antoja, hay pocas. Propuestas, por contra, sí hay muchas. Una de las empresas que más saben a este respecto, probablemente, es IBM. Y una de sus últimas aportaciones se refiere a que la analítica correcta de tan solo 250 tweets puede convertirse en una prueba decisiva para averiguar la tendencias y los rasgos de personalidad de la comunidad que se analice. No dudo que este sistema funcione, pero sí me planteo que realmente consiga el objetivo último de mejorar las ventas de aquellas compañías que lo use. Al menos, de momento.

Todo el recorrido que pueda hacerse para encontrar la manera más útil y rentable que te permita adaptarte mejor a los mercados, llega al final al mismo punto de partida con el que iniciábamos este post: todo es cuestión de prueba y error. Y también, obviamente, de aprendizaje. Se dice que se aprende de los errores, y estos pueden ser muchos en el mundo digital dada su novedad y la falta de referencias sólidas y contrastadas ocurridas anteriormente. Por lo tanto, lo único que nos queda es seguir intentándolo y mejorando cada vez. Y, eso sí, a toda velocidad porque lo que hoy nos puede valer, mañana estará superado a buen seguro.

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