El avance silencioso e irreversible de la Inteligencia Artificial

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Es un hecho evidente, controvertido si se quiere, pero la Inteligencia Artificial (IA) está progresivamente más presente en nuestras vidas cotidianas, aunque sea en desarrollos incipientes y primigenios. Para dejar sentado mínimamente de que hablamos cuando hablamos de IA, la definicion que se puede leer en la Wikipedia dice brevemente que es la inteligencia exhibida por las máquinas. En la lectura de un artículo de Fortune titulado: Why deep learning is suddenly changing your life, como aparece en el título, es muy interesante tener en consideración el concepto “aprendizaje profundo”, ¿pero aprendizaje de quién?: obviamente de las máquinas.

Por deep learning o aprendizaje profundo, podríamos entender la capacidad que está alcanzando el binomio máquina más big data para desarrollar autónomamente, gracias a algortimos, determinadas actividades que nos permiten conocer en profundidad los hitos que definen una actividad o actividades de la vida real. Es decir, sería la manera que la máquina tiene de actuar, replicar o responder a lo que observa. Por ejemplo podemos referirnos al desarrollo que Google está haciendo en IA para mejorar las traducciones de idiomas y que ha nombrado como Neural Machine Translation.

Sin que la extensión de la IA no haya llegado aún hasta niveles como para saber descubrir en lo cotidiano de qué productos hablamos que ya cuenten con ella, sí que podemos hablar de un paso intermedio podríamos decir. Y me refiero a las aplicaciones que albergamos en nuestros dispositivos portátiles (smartphones o tablets). Las apps nos aproximan a un campo de conocimiento de una determinada actividad, de tal manera que gracias a ellas nos permiten conocer la actualización de informaciones en la medida que los acontecimientos van evolucionando. Son por ejemplo las app que nos miden determinadas constante vitales o que nos informan de determinados servicios como volar en aviones. Es el caso de una app de la compañía aeronáutica Air Canada que permite a la tripulación y a los pasajeros, saber, entre otras funcionalidades, cuál es la situación de cada uno de ellos: destino, vuelos con conexiones y si éstas fallan qué soluciones alternativas pueden haber.

El desarrollo de las aplicaciones tiene como objetivo más inmediato, satisfacer a sus usuarios que obtendrían de ellas determinados trabajos que ejecutarían a través de órdenes verbales y no mediante menús táctiles. Efectivamente, de esta forma, sí que avanzamos hacia el uso de aplicaciones que son más bien robots que cumplen órdenes verbales de sus dueños. Otro paso intermedio hacia la IA, como las app, es el Internet de las Cosas (IoT), pues supone la obtención de información actualizada permanentemente en máquinas comunes de nuestra vida cotidiana desde hace decenios como electrodomésticos, coches, relojes…, y gracias a la conexión via internet. Con estos ejemplo, resulta patente que evolucionamos desde la ya muy superada era de la información estática servida en hardware, a los objetos autónomos de la IA que son capaces de procesar datos y actuar por sí solos.

Cada vez más, la participación de las personas en estos procesos de IA, se traduce en agentes con una influencia limitada. El  valor más evidente es que nosotros, los seres humanos, vamos dejando una serie de pistas (información) que las máquinas analizan e interpretan para tomar decisiones autónomas. Actualmente, la información que se analiza es la del big data, que más que con las personas una a una, tiene que ver con el análisis de los valores estadísticos globales (la identidad digital de segmentos sociales) antes que con acciones muy concretas de cualquiera de nosotros. La cualificación llegará en el momento que nos interpreten a nosotros independientemente a niveles muy profundos.

Como siempre que se habla de IA se tiene que hacer la apostilla necesaria de los límites. ¿Hasta dónde puede llegar la autonomía de las máquinas y cuáles son los niveles que no se deben superar para conseguir que las máquinas sigan siendo máquinas al servicio de los humanos y no al contrario? Sobre estas cuestiones legales y éticas se ha iniciado una serie de investigaciones de los grandes: Amazon, Facebook, Google, Microsoft e IBM, a través de una fundación. Habrá que ir esperando resultados, así como de los estudios de otras instituciones como MIT, en la que algunos de sus investigadores también se han posicionado en este campo de análisis. Mientras tanto, lo que sí resulta patente es que la Inteligencia Artificial está avanzando silenciosamente en nuestras vidas, y lo que deseamos es que obviamente sea para bien.

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