Los CEO y su adaptación al reto digital

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He estado leyendo y reflexionando acerca del papel de los CEO, para ver cómo también les afecta esto de la transformación digital. Y la verdad es que, salvo los que son más jóvenes y por lo tanto vienen a gestionar con el virus inoculado, a los que este panorama ya les ha cogido un poco entrados en años, el cambio digital es algo que realmente les pone a prueba.

Los CEO en general, ante el reto de la adaptación tecnológica, se pueden perder delante de una serie de opciones con respecto al qué, el con qué, o el cuándo empezamos con el proceso de disrupción que implica una serie de cambios profundos. La apuesta es de una envergadura tal que para muchos es más fácil quedarse en los buenos propósitos, y ya sabemos que no es lo mismo ser digital que parecerlo.

Según los distintos casos, efectivamente nos podríamos encontrar con jefes que por precavidos en exceso se ubican en el “ya veremos”; otros que dicen abiertamente “no sé cuando” o, lo que es peor, también están los que te preguntan directamente “qué es eso y para qué sirve”. La cuestión añadida, por dura que pueda sonar, es si finalmente es el CEO más un problema que una solución a la hora de reiventar su gestión en un escenario desconocido para muchos como es la era de la transformación digital.

La virtud más deseable del CEO  se puede concretar en saber manejarse en esta coyuntura caótica condicionada por los continuos cambios tecnológicos. En este punto, los demasiado jóvenes corren el riesgo de dejarse encandilar por el supuesto beneficio implícito de todo lo nuevo; mientras que los CEO de edad tendrían su debilidad en su predisposición a pisar demasiado el freno. La ignorancia, en este caso, puede jugar una mala pasada puesto que, con ella, se suele rechazar lo que no se conoce o parece muy difícil.

Una empresa que inicia una inmersión en lo digital, no adivina cambios exclusivamente tecnológicos. Efectivamente, la naturaleza de las modificaciones son también de otro orden. En un interesante artículo de  la revista de difusión del MIT titulado Technology and the end of Management, su autora, Lynda Gratton, de la London Business School, identifica una serie de evidencias que podrían no ser precisamente del agrado de los CEO “de toda la vida”. La pregunta de partida de esta investigadora es: ¿intuyen los CEO pérdida de control debido a la transformación digital?

El mayor protagonismo de las máquinas es sin duda una primera tenaza. Resulta patente que, de forma progresiva, las máquinas hacen más y más, por lo que hay una corriente de pensamiento futurista que afirma que los directivos no decidirán, sino que ejecutarán las órdenes que les den las máquinas. El olfato, la intuición, incluso la experiencia parecen valores cuestionados en esta atmósfera tecnificada.

Las organizaciones cambian. Con los procesos modificados debido a la mayor intensidad tecnológica, las relaciones entre los profesionales que forman parte de las empresas también se revisan. Los CEO tienen entre sus atributos una especie de infalibilidad, y las empresa se hacen más adultas al instaurarse unas relaciones de tú a tú. Compartir información no solo es una recomendación, sino un deber en las empresas digitales. Los datos y el análisis de los datos representan un activo al alcance de buena parte de la organización pues es necesario para su trabajo, mientras que, en la concepción tradicional de la empresa, la información se acapara entre unos pocos.

La visión piramidal de las cúpulas de las empresas se ha quedado obsoleta. La influencia y el poder en los nuevos entornos no se aglutinan exclusivamente entre los jefes. La cada vez más patente horinzontalidad de las organizaciones se abre paso como una visión más realista y mejor adaptada a los cambios sociales y del mercado. Y si a eso le sumamos la caída de la desintermediación en muchos de los procesos, el mapa del cambio se hace mucho más completo.

¿Para que valen entonces los CEO hoy en día? Digamos primero que anularlos no es una opción ni mucho menos. Es cierto que su papel está en revisión. Su perfil es menos impositivo y más facilitador y cercano a la coordinación. La adaptación a la inestabilidad de los tiempos es un atributo fundamental para ellos. Su visión estratégica se debe circunscribir a plazos muy cortos de uno o dos años, por lo que cualquier previsión a diez años se antoja irrelevante… Podríamos concluir que si los tiempos cambian y las empresas se deben adaptar, los que tienen la mayor responsabilidad en ellas, son sin duda los primeros que tienen que actuar de manera diferente y asimilable a las demandas del entorno y el tiempo.

 

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