El esquema comprador vendedor aislado ha saltado por los aires

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Estamos en un mundo en el que de forma inevitable hay que hacer negocio en conexión con agentes que no están controlados dentro de una determinada jerarquía de relaciones. La línea de producción en consonancia con proveedores y teniendo en cuenta la competencia se está cambiando, en algunos casos relevantes al menos, por el desarrollo de las actividades de negocio entre plataformas y mercados que tienen su propia idiosincrasia. Este esquema se ciñe a un guión en el que se tienen muchas interrogaciones y se presenta como inabarcable.

La cultura digital nos emplaza a vivir en un entorno de indefinición momentánea y de generación de circunstancias que nos obligan a cambiar nos guste o no. Un ejemplo crítico es cómo, por poner este caso, plataformas como Airbnb están obligadas a airear muchas de las claves de sus transacciones como los precios que marcan los propietarios de las viviendas y las comisiones que obtiene la plataforma por poner de acuerdo a huéspedes y anfitriones. Resulta obvio que no es transparente todo, pero sí ciertos niveles de información que hasta ahora estaban sepultadas en los acuerdos entre agentes de cualquier operación por nimia que fuera. Los intercambios de información son de tal calibre, por otro lado, que los espacios opacos son más escasos cada vez. Ahora es bastante más fácil llegar a conocer determinados entresijos de empresas desde fuera sin necesidad de formar parte de ella.

La sobreabundancia de información es incluso un freno antes que una ventaja, de ahí que el análisis de datos se instaure de forma progresiva en uno de los aspectos más destacados de la forma de desarrollar los negocios. Hasta ahora, contamos con más maraña de información que datos específicos y bien cribados, o incluso más buenos propósitos de los que nos ofrecen servicios de big data que constataciones de eficacia de este tipo de servicio. Tampoco, desde la óptica de la gestión diaria, sabemos de forma adecuada cómo incluir en nuestros procedimientos las aportaciones de las herramientas de la minería de datos. ¿Confiamos más en esta información depurada o en nuestra intuición?

El esquema comprador vendedor aislado ha saltado por los aires. El panorama que se nos presenta se basa en la creación de redes en las que comparecen plataformas que funcionan sobre la base de aportaciones de productores y compradores que pueden intercambiar sus papeles (un conductor puede poner su coche en Blablacar y otro día compartir el vehículo de otra persona). Las operaciones comerciales tienen muy en cuenta las valoraciones de las personas. La reputación se consolida como un valor intangible que se puede cuantificar hasta cierto punto gracias a los algoritmos que estudian las opiniones favorables o desfavorables. En este contexto, todo se expone y las empresas operan de forma más transparente.

La confianza se erige como valor clave. Compartir en plano de igualdad y a través de plataformas digitales nos obliga a confiar en el otro. Sin eso es muy difícil que se consumen las compras y las ventas. Las plataformas, a través de una normativa clara, incluye un serie de filtros que aminoran las incertidumbres. El futuro de un negocio a través de una plataforma o una aplicación se apoya en que las transacciones se desarrollan de forma independiente (sin el control directo de la propia plataforma o app) y se consuman a satisfacción de las partes.

La tarea de los gestores de las empresas como líderes de sistemas nuevos se hace compleja en la medida que evoluciona desde un panorama conocido a otro desconocido. Se pasa de niveles de control muy altos a otros en los que, como hemos visto, los participantes tienen niveles de independencia elevados también. La capacidad de anticiparse y de provocar corrientes de colaboración entre las personas que están en tu organización es fundamental. La conciliación entre la aportación independiente y la productividad necesaria se convierte en la nueva cuadratura del círculo. El quid de la cuestión se encuentra en el aprendizaje permanente y en la adaptación a los cambios que son uno de los factores que definen el ecosistema que entre todos generamos sin la certidumbre de saber qué es exactamente.

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