El vértigo de la empresa de tradición industrial ante el oasis de la economía digital

oasis_by_jonathandufresne-d5slzqy

Las etiquetas no nos deben confundir. El que denominemos de una manera u otra los acontecimientos que estamos viviendo o las tendencias que afloran en el entorno económico actual, no debe despistarnos. Qué más da que hablemos de social business o de transformación digital, lo que verdaderamente nos debe importar es saber detectar una serie de líneas estables de comportamiento que se han instalado de forma clara en la economía digital. En este entorno hay quien siente verdaderamente vértigo, y es por lo que se aferra a los pasamanos; lo que viene a ser  agarrarse al salvavidas de “los principios fundamentales de toda la vida, o del socorrido ‘esto es como siempre lo hemos hecho”.

El enfoque adecuado nos sitúa en el cambio de paradigma desde la actividad empresarial cerrada en sí misma y solo dispuesta para competir con fiereza en el mercado; hasta la actividad empresarial definida desde una plataforma abierta a la participación y con capacidad de generar riqueza mediante la colaboración de diversos actores, y me refiero fundamentalmente  a productor y clientes. La perspectiva con la que analizar la evolución de los acontecimientos no es otra que la de detectar vías de cambio ya establecidas y que para muchos, sin embargo, pueden incluso ser definidas como extravagancias.

Si para mi producir no es más que el fruto de una idea propia e intransferible que vale o no si me respaldan o no las ventas, mejor que me vaya retirando. Las ideas propias son un sueño de inocencia. Las verdaderas propuestas que nos encaminan hacia el éxito permitido por la economía de internet se encuentran efectivamente en la interacción que la red favorece. El verdadero valor se genera desde la revisión de comportamientos establecidos y mediante la reutilización de activos ociosos a los que la economía industrial les hurtaba energía y capacidad por pensar que la cadena de valor solo existe de puertas adentro de la empresa.

Las empresas que están revisando los papeles de siempre son prototipos como Uber o Airbnb que sin duda agreden un status quo que, dado el tiempo que vivimos, no puede aspirar al sueño de la eternidad. Pero también ejercen este liderazgo disruptivos otras compañías que ya gozan del pedigrí de la visión industrial, como son Apple, Google o Amazon. Ni que decir tiene que también están ahí ejerciendo un papel muy determinante esa verdadera legión de startups que son, al fin y a la postre, las que de verdad han puesto la directa en todo este panorama de cambio y disrupción. Ha sido su visión joven principalmente y claramente adaptada a la tecnología, la que ha movilizado todo y la que empuja hacia la modificación del paradigma.

Si me preguntaran cuáles son, según mi saber y entender, los dos pilares sobre los que se asienta esta economía digital, diría (amén de las herramientas tecnológicas) las interacciones y el estudio de los datos. Todo parte de ahí. Las transacciones de hoy siguen siendo de bienes y servicios pero sobre un colchón que le da estabilidad: las interacciones entre productores y clientes a través de plataformas sociales de comunicación con roles que pueden ser intercambiables incluso (un cliente de Airbnb, también puede ser productor al poner su casa en esta red). De manera conectada, todas estas interacciones dejan huella, la huella digital, a través de la que las empresas pueden llegar a conocer a su, en muchas ocasiones, comaleónico cliente.

La fuerza que más vértigo provoca a aquellas organizaciones miopes a los nuevos tiempos, son las que esgrimen esas otras organizaciones ya consagradas aún procediendo de internet tales como las citadas Amazon o Google. Los afanes de estas compañías de empezar a competir en sectores tradicionales como la banca, la automoción, la educación o el audiovisual, entre otros, es para que más de uno y más de dos vean justificados sus temores y sus vértigos. ¿Por qué? Pues porque estas empresas están demostrando que son capaces de competir con los que han triunfado con las viejas reglas, pero dominando las nuevas normas del mercado y la economía puesto que han sido ellos, entre otros, los protagonistas pioneros en el nuevo campo de juego digital.

No nos perdamos ni nos despistemos, busquemos apoyos en aquellos que están sabiendo interpretar la nueva onda. Ya tenemos el tiempo suficiente recorrido como para desconfiar de los otrora gurús del oasis tecnológico. Ahora ya ese oasis no es un espejismo, existe. Instalémonos en él y hagamos por adaptarnos. Y aunque no sea para sentarnos debajo de una de sus palmeras, trabajemos de la mejor manera posible para hacernos justos merecedores de su disfrute.

 

Lecturas para este post:

The future of competition

Minimizando los vacíos en la gestión empresarial

Sin comentarios todavía.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


A %d blogueros les gusta esto: