El mando a distancia es a la televisión, lo que el móvil para todo lo que quieras de este mundo

web-móvilEn un libro muy recomendable bajo mi punto de vista, como es Platform Scale, leí una de las explicaciones más valiosas que definen el mundo que vivimos a lomos de un cambio digital soberbio. Dice su autor, Sangeet Paul, que estamos ya de hecho en un mundo en el que nuestro móvil se ha convertido en el mando a distancia que pone el mundo a nuestros pies, estableciendo como se puede imaginar fácilmente, un símil con el mando a distancia del televisor que nos vale para lograr aquel contenido audiovisual que nos apetece entre los que nos ofrecen las cadenas que tenemos localizadas en nuestro aparato.

En el mundo real, el móvil nos facilita la compra y/o la contratación de infinidad de productos y servicios, tangibles e intangibles para tenerlos a nuestra disposición en un plazo de uno o varios días. El e-commerce es quizás el principal exponente que nos ilustra cómo la tecnología nos está modificando como sociedad a través del cambio de la forma de comprar. Ya no es necesario, ni mucho menos, acudir a una agencia para contratar un viaje; o adquirir miles y miles de productos que para conseguirlos necesitábamos indefectiblemente acudir a sus puntos de venta…

Tenemos el mundo a nuestros pies, gracias también a los pagos por transacciones dinerarias que nos permiten obtener los productos que queremos mediante nuestros smartphones, convirtiéndose estos en terminales de los bancos. Ir con la cartera repleta de billetes es un chiste del pasado e incluso la tarjeta de crédito se empieza a convertir también en una referencia histórica. “Todo es móvil” reza el eslogan del Mobile World Congress de este 2016, y desde luego que sí que lo es.   Este panorama nos ilustra un entorno en el que conectamos la vida analógica de la que venimos (los productos que compramos o servicios que contratamos) con la manera digital de gestionar las transacciones.

La importancia de los bits es tal, que el propio producto en sí (los átomos) se ha convertido en algo secundario. La coexistencia entre las operaciones de negocio de siempre con la disrupción que supone la acción digital de la que hablamos, nos colocan en un punto increíble segúmoviln el cual vale más lo que se sabe de nosotros como consumidores, que el producto que nos satisface o necesitamos. A través de nuestros datos, nos convertimos en candidatos perennes para seguir comprando lo que nos hará falta en el futuro, junto a otros productos añadidos que aún desconocemos pero que necesitaremos sin duda; mientras que la compra tradicional tiene un recorrido que acaba en el momento en el que pagamos en la tienda y a otra cosa mariposa.

Tenemos la vida concentrada en las pantallas y de manera patente y creciente en las pantallas más pequeñas de nuestros móviles. La simbiosis entre persona y máquina tiene como exponente más brillante la unión móvil-usuario. Probablemente estemos asistiendo a los primeros compases de un vida que rotará en torno a este binomio. Parece evidente que nunca más seremos individuos solventes sin ese apoyo en forma de pantalla, ya que haremos y desharemos a través de ella en un cambio hondo y de ramificaciones aún por descubrir.

Nuestro mando a distancia de la tele ha sido o puede serlo, si así lo quieres, sustituido por el móvil. Todo a nuestro servicio y a nuestra alcance desde él. El don de la ubicuidad está al alcance de nuestra mano, sin la barrera del tiempo y sin los límites de los horarios. Las posibilidades se incrementan de una manera extraordinaria, nuestro poder se hace más patente pues ampliamos nuestros límites y todo cuando vivimos y eso que nada más que estamos en los momentos iniciales del mundo digital.

 

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