El 40% de los negocios fracasará por trabajar con “datos malos”

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Utilizar los datos para la gestión de una empresa, hoy por hoy en todo el mundo, incluso en el ámbito occidental y de forma específica en países como España, representa un reto enorme. Ya de por sí, podríamos decir que la puesta en marcha del big data es una tarea tremenda pues es uno de los aspectos de la gestión inevitables para las compañías en los próximos 10 años. Este tipo de actividades supone realizar una inversión importante de la que pretendemos, en buena lid, lograr resultados satisfactorios en el corto plazo. Pero la incorporación de big data implica un propósito de gran calado, en el que hay que distinguir el polvo de la paja…

Según un trabajo de la consultora Gartner, el 40% de los negocios fracasará en el momento en el que trabajen con malos datos. Con esta advertencia, ya nos podemos hacer una idea de que no se trata de llegar y besar el santo. Es decir, que la inmersión en la conceptualización de la gestión basada en el análisis de datos, tiene una envergadura notable. Por muchas razones.  El citado informe asegura, además, que un porcentaje similar del 40% es el volumen de la información que se pierde en nuestra organizaciones o es inválida.

Los datos no son malos en origen. Es decir, la información con la que trabajamos no es errónea en el entendimiento de que no existe voluntad de engañar. El volumen de datos generados procede desde múltiples inputs. Lo que puede complicarnos la vida es cómo desentrañar entradas enormes de información desectructurada a la que nos enfrentamos.

A la hora de estudiar si contamos con buenos o malos datos, fundamentalmente hay que detectar errores humanos o de migración, que pueden ser algunas de las razones por las que fracasamos finalmente en el análisis, interpretación y uso de la información. No obstante, y como se puede inferir, el hecho de que podamos fracasar no nos debe inmovilizar. Es como si el hecho de que nos caeremos nos impida aprender a montar en bicicleta.

programa_bottom_list_img2Grandes empresas como IBM, con una enorme experiencia a sus espaldas ha decidido en las últimas horas abrir las APIs de su sistema de inteligencia artificial, Watson. Este artilugio basa toda su potencia en su capacidad de estudiar un universo enorme de información desestructurada que permite adelantarse a situaciones realizando previsiones muy relevantes. Por ejemplo, según el trabajo de campo realizado por IBM en Pekín, los datos recogidos ( de personas a través de redes sociales incluso) permitirían a las autoridades de esa enorme ciudad china adoptar medidas para reducir la contaminación en un 20%.

IBM facilita que las empresas lleven su información a Watson, lo que puede plantear un problema con respecto a la confidencialidad, porque ¿hasta qué punto estamos dispuestos a permitir que Watson (nombre del inseparable compañero del investigador Sherlock Holmes) averigüe sobre nosotros? Esto mismo se puede preguntar respecto a Facebook to Work, la nueva plataforma para el uso de esta red social dentro de nuestras empresas, un servicio que aún no se puede usar en España.

La disyuntiva de si nos conviene o no introducirnos en servicios como los citados de Watson o Facebook to Work es de la misma naturaleza de si es conveniente dar nuestros datos a empresas como Google para que nos facilite una serie de herramientas gratis. Marcar límites es fundamental y fijar compromisos por las partes también se hace necesario. La balanza se dirime entre qué me dan y qué pierdo. Ahora bien, lo que no podemos descartar es la obligación de entrar en nuevas formas de gestión como la del big data. Eso está claro.

 

 

 

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