El futuro lo marca la tecnología que lleva a las personas a colaborar

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No se puede acometer a día de hoy ningún cambio en la empresa que no pase por el protagonismo de las personas. La transformación digital tiene un corazón humano, o muchos. No hay colaboración sin espacio compartido, por eso la digitalización y la tecnología social ponen el espacio, aunque sea virtual, que resulta fundamental para que se dé la colaboración. Esto es justamente lo que han aportado las máquinas, algo que genera una suerte de polémica con respecto a los que están persuadidos de que corremos peligro de que la inteligencia artificial dirija a las personas, como es el caso de Steve Wozniak, el cofundador de Apple. Pero a pesar de todo, es más sencillo poner en marcha estructuras de comunicación digitales con actualizaciones contínuas que conseguir un nível óptimo de colaboración humana.

La colaboración tiene que ser un valor dentro de la cultura de la empresa y no tanto una habilidad necesaria dentro del perfil de los trabajadores Clic para tuitear Las máquinas representan la base sobre la que se puede ampliar la colaboración y además escalar. Y por lo tanto son una buena oportunidad para corregir comportamientos anteriores, o incluso más, suponen el momento histórico adecuado para iniciar políticas de empresa que verdaderamente incluyan la colaboración como valor fundamental.

Los jefes son los primeros que tienen que dar señales claras e inequívocas de que colaborar es la fórmula de trabajo elegida. Charlene Li afirma que el problema es que muchos de los jefes temen perder la barrera que les hace más fuertes, usando el ordeno y mando.  Es como el temor a ‘mezclarse’ porque de esa manera tienen menos capacidad de maniobra a la hora de encarar ocasiones en las que se hace necesario imponer algunas decisiones. Este ejemplo se ve claro cuando las empresas se enfrentan a problemas laborales.

Por su lado, los trabajadores tienen que entender la involucración en los entornos de colaboración como una oportunidad para hacer valer sus puntos de vista, teniendo la tranquilidad de que se respetan sus valores. El liderazgo de los jefes tiene que saber compenetrar esos valores, e incluso las prioridades de los empleados, con los valores de la empresa y sus prioridades. A nadie se le oculta que, llegado un momento, la perspectiva que prevalece es la de la dirección de la empresa. Sin embargo, este tipo de situaciones han de contemplarse como un último peldaño, y no como el principal argumento que se pone delante de las personas.

De nuevo con lo que ha supuesto la aportación de la tecnología a la colaboración, es importante señalar con todo el énfasis que nos encontramos ante u ‘oportunidad histórica’, ya que nunca hasta la fecha se ha conseguido establecer la colaboración como base principal de la gestión salvo en equipos pequeños. La tecnología permite ahora llevar el ADN de la colaboración hacia escenarios mayores en los que podemos estar hablando de hasta miles de trabajadores en distintas zonas geográficas.

Este mismo autor define la simbiosis de la tecnología y la colaboración de una manera muy ilustrativa:

the future of better collaboration is better technology … and the future of better technology will be better collaboration. Full circle.

Sin embargo no debemos acabar este post sin añadir un factor más y es el de la reticencia de muchas personas a usar la tecnología. Existe un consenso en este orden de cosas, según el cual los empleados no se muestran muy abiertos a la utilización de la tecnología si verdaderamente nos les supone una ventaja clara y sencilla. ¿Para qué incluir en sus rutinas herramientas que, aparentemente, les van a complicar la vida? En esas situaciones podemos entender que pierde la productividad y también la colaboración.

El punto final después de poner sobre el tapete algunos de los matices que se dan cita en el triángulo empresa, tecnología y colaboración, es que todo al final redunda sobre la necesidad de establecer normas que sirvan para modificar las estructuras piramidales férreas. Obligatoriamente la tecnología no solo nos hace pensar en la colaboración, sino que a resultas de estos planteamientos también nos pone en un punto sin retorno de revisión de la estructura de la empresa y de las formas de gestionarlas. Las máquinas nos están haciendo cambiar más allá de una mecánica frente a otra que se queda obsoleta, sino que nos están llevando a modificar aspectos cualitativos que probablemente nunca pensaríamos que la tecnología nos haría replantear.

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