#Bigdata debe satisfacer los intereses de la empresa y de los clientes también

BIG+data

Lo que más se valora de las personas en internet son sus datos, casi más que su capacidad de interactuar y establecer diálogos con la marca con la intención de generar niveles de compenetración estables entre ambas. En la actualidad, que podríamos considerar los albores del big data, nos encontramos ante dos evidencias que determinan la presente evolución de esta herramienta: existe una enorme cantidad de información desestructurada que se pierde (que no se rentabiliza por tanto) y, por otro lado y casi más importante, las personas no están muy por la labor de permitir la utilización de su información así sin más, como ha puesto de manifiesto una encuesta de Harvard. Justamente esta evidencia es la que permite alcanzar una conclusión de peso: lo que da sentido a big data y representa una gran apuesta al mismo tiempo, es conseguir que el uso de los datos beneficie recíprocamente a empresas y clientes.

Legalmente los datos pertenecen a cada persona. Las web intentan que sus visitantes dejen pistas para conocerlos mejor y procurar que sus visitas se conviertan en ventas. El problema más patente es la negativa que muchos internautas oponen a aquellos usos nada transparentes que finalizan en silos de información almacenada. Esta práctica funciona como un agujero negro, espacio en el que el usuario pierde la constancia de para qué se usan sus datos. Es lo que se critica con asiduidad a Facebook que, casi con toda probabilidad, sea a estas alturas la empresa que más sepa de los perfiles de sus usuarios, más incluso que Google.

Como parece obvio, el enfoque de la utilización de big data varía según el punto de vista de la empresa o del cliente, cuando la clave (insisto) se encuentra en alcanzar que las dos partes se beneficien de la colección de datos que se genera. La responsabilidad, sin embargo, obra más bien de la parte de la empresa que debe superar la práctica, bastante frecuente, de obtener datos de una manera demasiado simple y agresiva. Además, y desde la visión interna de la empresa, la práctica diaria del uso del big data debe conectarse con la consecución de los objetivos globales de la compañía.

La línea de acción que se tiene que establecer en la operativa de la empresa ha de vincular de manera clara y constante la información analizada con las decisiones tomadas. Esta manera de trabajar se tiene que extender a toda la organización, ya que los datos representan un activo de la compañía más que un departamento que se encarga de analizarlos. No hay que, sin embargo, supeditar cualquier tipo de medida adoptada a la supuesta infalibilidad de los datos, puesto que muchos algoritmos no son lo suficientemente “listos” como para distinguir, por ejemplo, la ironía de algunos de los comentarios que se vuelcan en las redes sociales. Esto hace, por ser crítica, que la opinión de los responsables o empleados de la empresa es vinculante por encima de lo que que digan los datos. La interpretación de los mismos sigue siendo humana.

La tendencia actual de las compañías se dirige hacia la rentabilización del social media. La preponderancia de las redes sociales en el día a día de las organizaciones, hace que progresivamente éstas se sitúen en  el centro de la forma de gestionar las organizaciones. Es la manera cotidiana que está posibilitando que las estructuras y la dirección se vayan vinculando a tomar decisiones según lo que averiguen una vez analizados los resultados que vuelca el social media . En esa evolución,  más que una manera de trabajar y adoptar determinadas decisiones, big data se convierte en una cultura de empresa. La autora Pratibha Vuppuluri aconseja que los empleados adopten el hábito de atender los datos más allá de simples métricas. Señala dos pasos importantes para incluir big data con normalidad: identificar las fuentes que aportan los datos de interés y distinguir los datos verdaderamente necesarios de los prescindibles.

El mapa resultante de la procedencia de los almacenes o silos de datos es muy interesante. Nos permite identificar los puntos de mayor trascendencia a la hora de determinar la utilidad de los datos, de más o menos útiles. Si la empresa en la que te encuentras involucrado está comenzando a moverse en el universo del big data, lo mejor es optar por fuentes de información lo más próxima y familiares posibles, que suelen estar dentro de los límites de tu propia organización. Hablamos de establecer una dinámica de familiarización con los datos de los más cercanos a los más lejanos, lo cual responde a una política prudente de ir progresivamente controlando el complejo universo del big data.

 

 

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