Tendencia: por cada empleo de la era digital, sobran tres puestos que efectúan máquinas

Business man trying to save the downturn

Estamos en un tiempo de esfuerzo para comprender qué es lo que nos está pasando. Para los profesionales representa un reto que no debe cogerlos con la guardia baja. Hay que observar, aprender, adaptarse y actuar según el signo de los tiempos, digitales por cierto.

 

Si hacemos caso de lo apuntado por Mckinsey en su artículo Strategic principles for competing in the digital age y lo extrapolamos aún a sabiendas de que extrapolar sin más es un ejercicio arriesgado a veces, se podría pensar que cada profesional que entra en una empresa digital, se puede relacionar con la salida de algo más de tres empleados cuyas tareas las empiezan a realizar ya procesos digitalizados. El ejemplo que pone Mckinsey habla de una empresa global (sin citar más) que planea el recorte de 10.000 empleados cuyas funciones asumen las máquinas podríamos decir, frente a la decisión de esa misma empresa de incluir 3.000 nuevos profesionales cuyas tareas son nuevas y solo las pueden hacer personas dentro del creciente entorno competitivo digitalizado. Sea o no una proporción lícita a los efectos de la entrada y salida de profesionales, lo que no podemos volver la cara es al hecho evidente de que en nuestro entorno actual hay profesionales, sectores y empresas que se van amortizando por la acción de las máquinas. La prestigiosa revista Wired habla de la creciente robotización de la sociedad…

Todo cambio en los entornos genera inevitablemente cambios en las empresas. Por ejemplo, se constata que dentro del ámbito competitivo propio de esta etapa digital, hay determinadas start ups que entran en sectores (pensemos por ejemplo el alquiler de coches) provocando disminución de costes y una gran escalabilidad, que coge por sorpresa a las empresas tradicionales, con una escasa capacidad de reacción. Otra cuestión al margen, en la que ahora no entro, es en la necesidad de regulación de los nuevos agentes, etc. En este vídeo puedes ver una detallada explicación de la revolución colaborativa.

Las modificaciones, si afectan a la competitividad de las empresas, afectan también, por supuesto, a las personas que trabajan en ellas. En un post anterior, afirmaba que existen dos tipos de profesionales en el entorno digital: los transformadores y los que siguen a los transformadores. En ese tira y afloja, lo que está por ver es la capacidad de las organizaciones y de sus profesionales para reiventarse y adaptarse a los nuevos tiempos, con la evidencia de que hay funciones que siguen otras que aparecen, otras que se pueden adaptar y otras que indefectiblemente desaparecen.

Las compañías se ven sometidas a situaciones en las que se están planteando continuamente cambios, dada la irrupción de tecnologías con ciclos de vida cortos lo que incide en la perviviencia de un clima de inestabilidad nunca visto hasta la fecha. Inestabilidad en cuanto a productos, profesionales y estructuras de organización.

La explicación de este clima tiene que ver con la obligación de atender a unos clientes que de forma inédita hasta ahora, son protagonistas muy activos e influyentes en los mercados y economías. Es por ejemplo, que los consumidores tienen la posibilidad de comparar ofertas y la trascendencia que adquiere para ellos la transparencia de lo que pone sobre la mesa cada una de las empresas. Otro hecho determinante de los cambios a los que nos enfrentamos, es la caída de intermediarios en las cadenas de valor, como por ejemplo en la contratación de viajes o reservas de habitaciones.

Las compañías se ven en la necesidad más que en la obligación de repensarse a todos los efectos, sin mucho tiempo para la pausa y la reflexión. Desde el nivel directivo hasta las bases. Las cúpulas desconocen, por ejemplo, cuál sería la mejor fórmula para liderar los procesos de digitalización, o si es mejor cambiar su modus operandi o crear una estructura paralela digitalizada que respete determinadas funciones anteriores. Entre las funciones que se abren paso, al nivel de empleados, podríamos pensar en programadores, gestores de datos (analítica) o gestores de redes sociales…

Estamos en tiempo de mudanza y no hay lugar para estar atribulados, reinterpretando si se quiere de esta manera la famosa frase de san Ignacio de Loyola de, en tiempo de tribulación no hacer mudanzas. No ha posibilidad de quedarse parado, hay que reinventarse dentro de este panorama en el que cada cual por una razón u otra es candidato a continuar en la brecha o a quedarse amortizado.

 

 

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