Mi yo tecnológico y humano

He empezado una colaboración con Informaria y acaban de publicarme mi primer artículo, que titulo: “Mi yo tecnológico y humano”, que reproduzco en mi blog. Empieza así: “Mi experiencia en el mundo de la empresa, además de por mi formación en el Instituto Internacional San Telmo, ha estado ligada a la tecnología y a la comunicación en la medida en la que, en los últimos 10 años (dentro de una experiencia más amplia), a mi involucración en el sector del periodismo audiovisual, en Canal Sur, le sumé la impactante tarea de ser uno de los fundadores y organizadores de EBE (Evento Blog España), una cita tecnológica que celebramos en Sevilla cada mes de noviembre y a la que asisten en torno a 2.000 personas de todo el país. Esta mezcla de influencias me ha permitido vivir en primera persona en un entorno en el que me he sentido realizado y en el que las ganas no me faltan para impulsar nuevas ideas y retos en el contexto de la innovación…

La empresa y el mercado transitan por un periodo de evolución de gran velocidad y ciclos cortos de maduración tanto para determinados sectores como para los productos y servicios en general. La incidencia de las personas en los mercados a través de las redes sociales ha venido, de forma estructural, a añadir al funcionamiento económico un nuevo agente de primera magnitud. Hasta ahora, las personas participaban en el mercado como una especie de convidado de piedra, para, en la actualidad, tener una gran repercusión e influencia en el entramado digital en construcción.

La economía así, dadas estas circunstancias, es la economía protagonizada por las personas, pero también la economía de la era de la información. De tal manera, la gestión eficiente no consiste solo en ganar más con menos recursos, sino en gobernar las empresas en función del correcto análisis del enorme aluvión desectructurado de datos producidos a cada segundo, es decir big data.

La actividad de las empresas, en el actual proceso de transformación digital, se define también por otros elementos determinantes como: la movilidad (los terminales telefónicos conectados a la red con capacidad para el trabajo y la producción) el cloud computing (alojamiento de datos y actualización de software desde la red cuyo uso no está determinado por la ubicación geográfica) y el internet de las cosas (los aparatos de uso cotidiano que se hacen más inteligentes debido a su conexión a la red).

Las empresas están cambiando porque no tienen más remedio. Vivimos un período de tiempo en el que lo importante no es garantizar los métodos que están contrastados que funcionan, sino en innovar porque tal garantía ya ha caducado. La repercusión de las tecnologías de la comunicación está modificando el día a día de las empresas. Adaptarse o morir. La tentación de negarse al cambio nos retrotrae a momentos históricos como cuando los constructores de coches de caballo tuvieron que sucumbir o adaptarse a la industrial del automóvil.

En este artículo hablo de empresa, de personas, de economía y de tecnología. No puedo olvidarme del entorno y, por lo tanto en mi caso, de Andalucía. Entiendo que nuestra tierra puede más de lo que cree poder. Cuenta con gente muy preparada, con vocación empresarial de los más jóvenes para emprender y, por contra, con ciertos frenos culturales. Los andaluces, según mi punto de vista, tienen un carácter muy proclive a la filosofía que nace en el panorama que describo.

Harvard, una universidad tan poco sospechosa de ir contra la denominada economía libre de mercado, viene años promoviendo nuevos modelos de gestión para las empresas en los que, por resumir, se apuesta por valores como la apertura o la colaboración frente a otros viejos como la exclusividad o la autoridad. La mentalidad de los individuos que lideran el tiempo de cambio e innovación presente es proclive a compartir, a colaborar y a trabajar más en equipo que respondiendo a una estructura piramidal celosa de las restricciones de la cadena de mando. Y creo que en este entorno novedoso los andaluces, por forma de ser, pueden sentirse cómodos y adaptarse bien. Obviamente existe un contratiempo, que no es otro que el financiero, dado que Andalucía no es una región rica. Por eso es fundamental rediseñar las prioridades para evitar un coste de oportunidad que siga haciendo bueno aquello de los agravios históricos. Elegir ahora el camino adecuado, aun con menos músculo financiero, facilitará la superación de esos lastres que ya duran demasiado”.

 

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