La dimensión social del negocio queda pequeña en la era digital

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El punto de vista de las personas en el mundo presente ha adquirido una enorme importancia, gracias a las redes sociales, pero no es lo único. El enfoque de la transformación digital es muchísimo más amplio, por lo que para entender bien lo que está pasando debemos resituarnos.

Ha habido un punto en el que, para la empresa, el simple hecho de estar conectada con el el mundo a través de las redes sociales representaba un impacto considerable en su modus operandi. Asumir esto implicaba un cambio con repercusiones importantes si  bien las modificaciones van más allá en el entorno digital. Si existe algo que caracteriza a nuestros días, eso es el ritmo trepidante que deja obsoletas muchas cosas que quedan amortizadas en muy poco tiempo, e incluso pone en jaque otras que llevan hasta siglos en nuestras sociedades. Para ser conscientes de lo que ocurre debemos activar el gran angular y así darnos cuenta que además del social media tenemos otros factores que se involucran en el proceso de transformación digital, tales como: cloud computing, movilidad, big data o el internet de las cosas…

Eso no quiere decir que la vertiente social esté asumida completamente o plenamente dominada por las empresas, sino que el horizonte que se va divisando día a día es cada vez mayor. Realmente, el apartado de la conexión con las redes sociales no ha hecho más que comenzar y las consecuencias de la gestión de las mismas está aún por dimensionar. Una de las empresas más destacadas de la web social, Twitter, ha llegado recientemente a un acuerdo con IBM para analizar en profundidad el enorme volumen de datos que la plataforma de microblogging obtiene cada segundo que pasa.

De otro lado, como explicaba Antonie Grillon en el pasado EBE, la relación con las redes sociales tiene consecuencias en el interior de las empresas:

Todos los ámbitos del proceso de transformación digital, como cloud computing, movilidad, big data o el internet de las cosas provocan cambios en las compañías a tres niveles fundamentalmente:  en la producción, en la forma de competir en el mercado y en la estructura organizativa. Si nos fijamos en uno de los factores citados que tienen presencia en la transformación digital, por ejemplo, el internet de las cosas, hemos de apreciar que estamos entrando en una fase en la que las máquinas de nuestro día a día ( televisiones, neveras, coches…) nos empiezan progresivamente a marcar los procedimientos sobre qué hacer y cuándo. Es por ejemplo contar con una ropa que nos mantiene controladas constantes vitales como la tensión arterial, el ritmo cardiaco o el colesterol…

Los datos que recojan y emitan estas máquinas, las denominadas wereables, podrán ser analizados por, siguiendo con el ejemplo anterior, clínicas que nos prometan tratamientos o servicios de nutricionistas que nos adviertan que si nos pasamos de un determinado nivel de peso, estamos en un porcentaje `X´ de probabilidades de incurrir en una enfermedad del corazón…

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Lo social, a pesar de los pesares, representa un apartado todavía por descubrir.

Los datos que nuestras máquinas más cercanas proyecten, exigen de las empresas que las fabrican un nivel de respuesta en ciclos probablemente muy cortos en cuanto a la modificación de productos o servicios, con el objetivo de atender adecuadamente a los clientes. Queda en interrogante saber si las plataformas sociales que conocemos en la actualidad serán los únicos nexos de unión de los clientes con las empresas para indicarles a éstas los detalles que le gustan o no a aquellos, pues cabe la alternativa de dialogar con la marca a través del propio electrodoméstico sin necesidad de recurrir a ninguna red social. Incluso hasta sería más certero el mecanismo de la conexión a través de la máquina con su fabricante para cambiar lo que no resulte adecuado a los ojos del cliente.

Este input de información generará cambios en la organización de la compañía, reforzándose la idea de que las empresas no compiten por sí solas sino a través de ecosistemas que se generan y en los que se involucran proveedores, instituciones, competidores, otras empresas compatibles, etc.  La cuestión es que la capacidad de analizar datos y trabajar con ellos se consolida como un procedimiento inevitable, en el que cualquier decisión se justificará a través de ellos.

Si bien la irrupción de lo social en la economía y la empresa ha supuesto, gracias a internet, uno de los eventos más disruptivos de los últimos tiempos para la Humanidad , parece claro que el mundo que estamos construyendo va más allá en cuanto a realidades con base tecnológica. No obstante y a la vista de las vertientes que se nos van poniendo delante de los ojos, si hay una cosa muy clara es que estamos ante un mundo  radicalmente diferente a lo que conocemos hasta ahora. Lo fabuloso, al menos para mi, es que el punto de inicio de todo esta nueva era pasó por la involucración de personas como tú y como yo.

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