Las empresas venden productos o servicios, pero son rentables si gestionan bien la información

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Si sé de lo que hablo, tengo más posibilidades de obrar adecuadamente con respecto a aquello que domino y no meter la pata. El conocimiento bien orientado, cuando menos, nos permite no errar. Usar de manera adecuada ese conocimiento, desde la perspectiva de la empresa, nos lleva a ganar o perder. Ahora el problema es que tenemos demasiado conocimiento, convirtiéndose en clave la capacidad de gestionarlo bien y elegir aquél que resulta determinante para nuestros intereses.

Las empresas venden productos o servicios y son rentables si gestionan bien la información de la que disponen. Esta es la realidad de nuestro tiempo. La ventaja y casi el problema es que ahora hay ingentes volúmenes de información disponible, y la dificultad estriba en cómo usarlos bien. La evolución de las organizaciones en esta etapa de transformación digital, pasa por la instauración de la gestión de información como un pilar fundamental del crecimiento. El hecho resulta patente: las compañías generan datos en su trabajo, pero lo más influyente es que las empresas necesitan entender la información que viene de su entorno para así ganar.

La importancia de los datos y del conocimiento no ya solo es una obviedad con respecto a la necesaria adaptación al más que influyente panorama digital, si no que realmente nos situamos en unas coordenadas que colocan la información como la verdadera ambición de las empresas frente a objetivos clásicos como el abaratamiento de los costes. En un reportaje de hace unos meses de El País titulado “Saber más y antes que tus competidores”, el periodista José Luis Barbería, aseguraba:

La sustitución de una economía sustentada en los bajos costes por otra cimentada en el conocimiento ha dejado de ser una opción para convertirse en una necesidad. Tener información de calidad sobre los entornos competitivos y poder disponer de ella antes que los rivales es una ventaja económica de primer orden.

El reportaje hace en su desarrollo un enorme hincapié en la función de los estados en este entramado. Habla del papel de los servicios de inteligencia para conseguir información relevante que ayude a las empresas nacionales, lo cual es una perspectiva que se escapa con respecto a la que intento aportar en este post, si bien no por ello deja de representar una visión muy interesante:

Hace tiempo que el principal desafío de los países es el económico y que la influencia se mide por el potencial empresarial, más que por la capacidad militar, política, religiosa o cultural.

En cuanto a la disposición de las empresas para gestionar sus datos, últimamente se habla mucho del big data, relacionándolo con actividades comerciales, valor de la marca, lanzamiento de productos… Pero quizás menos relacionando el estudio de los datos disponibles con los recursos humanos, lo cual supone un enfoque novedoso si se quiere. Se trata de una tendencia desarrollada por Google, según la cual intenta demostrar como los datos definen las capacidades y las orientaciones de los trabajadores a la hora de llevar a cabo sus tareas.directivos

Desde la óptica de la empresa del buscador, el objetivo no es que la gente trabaje más tiempo, sino ser más eficientes hasta el punto que, señalan ellos, obligan a sus trabajadores a dejar en la oficina sus portátiles y móviles para disfrutar del tiempo libre fuera de la oficina, lo cual parece nadar a contracorriente con lo marcha de los acontecimientos y el poder de la movilidad en el funcionamiento de las compañías.

El uso del big data, en cualquier terreno y como decía más arriba, es un lugar común en este tiempo. Obviamente se trata de ir más allá o, por el contrario, de reducir al máximo el ingente aluvión de información no estructurada que supone el big data, para basarnos en aquella que verdaderamente es importante para nuestros propósitos.

Sea como fuere, la gran evidencia es que si queremos crecer, ya no se trata de vender productos o servicios básicamente porque son necesarios en el mercado y estamos regidos inevitablemente por la ley de la oferta y la demanda, sino que para vender esos productos o esos servicios hemos de haber gestionado adecuadamente la información de la que disponemos, lo que a la postre nos permitirá ser rentables y en su caso crecer. Pero esta constatación no es propia del tiempo actual, sino que siempre ha sido así aunque nunca lo hemos tenido en consideración.

Saber usar la información a nuestro alcance, y más aún aquella más adecuada, es lo que nos ha permitido desde siempre posicionarnos en el lugar adecuado para tomar las mejores decisiones. Para esto hay que, evidentemente, saber interpretar los datos. Eso es así. En nuestros días, la diferencia es que existe tal volumen de información que la aspiracion lógica es acaparar toda la que se pueda, para gestionarla bien, depurarla y usarla según nuestros propósitos. Ahora contamos con máquinas que nos ayudan a trabajar con muchos contenidos, y antes no. Esa es la diferencia, pero siempre, siempre hemos tenido que conocer de algo antes que decidir sobre ese algo, y las decisiones son las que definen nuestro éxito o fracaso en la empresa y en la vida en general.

 

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