El directivo no mandará, ejecutará decisiones que tomen las máquinas

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Las capacidades intuitivas o no objetivables están de capa caída en el horizonte de la gestión de las empresas. La alternativa del big data como instrumento de medición y análisis de datos importantes aprieta con fuerza.

Parece que “la maquinización” de nuestras vidas va en sentido ascedente y afectará a muchos, muchos ámbitos de las mismas. El efecto más impactante en lo que al management se refiere deriva de lo que supone la implantación de los procesos de automatización, lo que significará que cada vez más las decisiones se tomarán sobre datos y análisis y menos sobre experiencia e intuición, con lo que los directivos aplicarán las órdenes que den las máquinas con relación a cuestiones como inversiones, compras, lanzamientos de productos… El panorama puede parecer ideal o inevitable, pero a estas alturas supone una previsión bastante cierta que implica, ya, el que las empresas hagan una inmersión total en big data.

El problema actual con respecto a esa inmersión es doble: en qué invierto exactamente dentro del poco preciso panorama actual de big data y, de otro lado, cuánto dinero me puede costar, aunque no parece que poco. Los calculos de las posibilidades de lo que representaría un buen uso del big data (¿y el pernicioso?), supondria que, por ejemplo, las compañías aéreas del mundo entero se ahorrarían 3.000 millones de dólares en combustible en un año, señala este reportaje del blog Bit.

La línea de separación entre el ser humano y la máquina no va a ser, o no puede ser al menos de momento, muy radical. De hecho en EEUU se estudia la conexión colaborativa entre uno y otra, entre los procesos automatizados de análisis de datos y toma de decisiones y el management tradicional podríamos decir, a través del denominado The Center for Global Enterprise.

El mensaje que me gustaría transmitir en este post es que la empresa digital cambia a pasos agigantados y que la figura del directivo, del líder digital, también debería hacerlo. Por eso, no existe más alternativa que involucrarse en ese proceso de avance y cambios constantes, por lo que no queda más remedio que aprender a convivir con territorios muy movibles en los que se desenvuelve el negocio digital. Aquí la experiencia acumulada puede valer, pero lo más determinante será, al menos de momento, interpretar los datos que nos den las máquinas antes que éstas nos den las órdenes claras.

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