No se puede concebir la digitalización de la empresa sin que esté presente la colaboración

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La presencia de las personas en los procesos de digitalización es esencial. Las personas no valen porque generan datos que las empresas analizan y toman decisiones al respecto, que también, sino que adquieren un protagonismo tal que está dando la vuelta a la forma de concebir la empresa y el mercado.

Se podría decir que no hay una sin la otra, en mayor o menor medida, pero no se puede concebir la digitalización de la economía sin que esté presente la colaboración. Podría decirse que el germen más profundo de este hecho se encuentra en la tecnología en sí, que lleva incluida en esencia la capacidad de compartir ideas, productos, servicios, recursos… La colaboración se visualiza en un doble sentido, en el contexto (hacia fuera) a través de lo que se conoce como economía colaborativa, y mediante la digitalización de las tareas comerciales; mientras que en el interior de las empresas, hay que mirar en la mejora de los procesos y en el cambio de orientación del management, que se basa en el conocimiento compartido.

La presencia de la web social, y la involucración de las personas en las actividades de las compañías, desde casi antes de que el producto se lance al mercado, ha generado un enfoque de transformación muy potente. Podría decirse por lo tanto que la unión de la tecnología digital y su vertiente social opera modificaciones muy grandes en la forma de llevar a cabo la empresa en su día a día.

En uno de sus últimos documentos la consultora Cap Gemini, realizado junto al MIT, se ofrecen algunas de las claves de la transformación digital, poniendo el punto de mira en las nuevas formulaciones que las empresas ponen en marcha mediante procesos basados en herramientas digitales (big data, cloud computing, movilidad y social media). En al menos tres de estos cuatro puntos, (todos menos cloud computing) la presencia de las personas, la interactividad y la colaboración alcanzan un nivel determinante.

Por otra parte, no podemos olvidar el fenómeno de la economía de la colaboración que ha elevado a la enésima potencia todo lo que significa compartir: ideas (open source), consumo (airbnb, uber…) recursos monetarios (crowdsourcing) y producción (a través de las impresoras en 3-D). En todo este panorama se escenifica de forma más determinante aún si cabe la participación de las personas para coordinar esfuerzos compartiendo recursos que cuentan con una capacidad ociosa en muchos casos.

El mercado y las relaciones comerciales son los principales motores a través de los cuales las empresas orientan con mayor celeridad los cambios digitales. Eso implica modernizaciones de gran calado en las compañías, con inversiones en tecnología e innovación. En este sentido, el factor humano tiene también una papel determinante en el sentido de que su involucración se establece a través de unos parámetros marcados por la colaboración y la coordinación de esfuerzos. La empresa, por su parte, asume también una manera diferente de ser dirigida mediante un liderazgo involucrador y participativo.

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