El e-mail es insustituible para el Marketing digital y pierde peso en los entornos colaborativos

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El mail, cuyo comienzo data de 1971, es aún un medio que no tiene alternativa firme para ser sustituido. Esta presencia tan protagonista se basa en que traslada a las personas la sensación de un espacio acotado, mientras que las redes sociales se perciben como inabarcables. Este hecho genera seguridad también en las empresas, razón por la que contar con los correos electrónicos de tu público potencial, y más si es gente influyente, es considerado de un alto valor y una mayor eficacia. A la hora de colaborar en los procesos internos de las organizaciones, el mail baja su umbral de ‘instrumento irreemplazable’ dada la alta consideración que están alcanzando los entornos colaborativos abiertos como fomentadores de conocimiento útil para competir.

No tengo datos estadísticos que avalen mi afirmación, pero creo que es una realidad que se está estableciendo como un dogma. Y es que a pesar de que en más de una ocasión el e-mail ha estado sentenciado de muerte, lo bien cierto desde mi punto de vista es que el Marketing digital no es nada como aquel que dice sin contar con ese instrumento. Lo que sí parece constatarse también, pero con menos brío desde luego, es la devaluación de los correos electrónicos en los entornos de colaboración de las empresas.

Las empresas se han metido hasta lo más profundo que han visto oportuno o han sabido para intentar aprovechar las redes sociales con  el fin de hacer negocios pronto y monetizar de la manera más directa posible. Para ese objetivo, contar con los listados de e-mail de tus clientes potenciales más importantes o los influyentes más destacados de tu entorno, opera como una garantía de éxito, como pájaro en mano frente a los ciento volando que puede existen en el social media, aunque, bueno, habría que hablar de millones sino parafraseáramos al refrán.

El valor de la concreción y la fácil diana del mail rompe su carisma en los entornos de trabajo, en los que la capacidad de compartir en tribunas abiertas se posiciona como una alternativa deseada en las empresas de hoy en día. El correo electrónico pierde fuelle de alguna manera en el enfoque interno (aunque no tanta) pues se confirma en buena medida que las empresas abiertas a colaborar y a compartir conocimiento son  más eficaces que las que aún se instalan en sistemas antiguos de funcionamiento con limitaciones demoledoras de la circulación de la información.

Desconozco, y además no tengo capacidad para previsualizarlo, qué tiempo seguirá siendo el mail un sistema irreemplazable. Pero si me tuviera que mojar diría que tiene una larga vida aún. El hecho de que el correo defienda esencialmente el vínculo interpersonal o grupal (correos entre dos personas o lista de correos) le siguen otorgando un cariz controlable, mientras que la sensación de zozobra anárquica que destilan las redes sociales ofrecen poca tranquilidad a los gestores empresariales.

La sensación de control sigue teniendo pues una enorme importancia para las personas y la gestión. Y el e-mail da sensación de universo finito, versus el infinito incorregiblemente abierto de la web social. Sí resulta atractiva la ruptura de ese cordón umbilical de puertas adentro de las empresas, con lo que este hecho manifiesta a mi modo de ver que el conocimiento adquiere relevancia en ámbitos abiertos. Téngase en cuenta que, a pesar de ello, la vivencia del control y de los espacios limitados también se percibe en los entornos colaborativos que, como mucho, puede conectar a varios miles de personas, como pasa en grandes multinacionales, con lo que aunque más grande, hablamos también de escenarios acotados.

 

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