La rentabilidad digital no está en las máquinas, sino en las personas

Rentabilidad-digital

Un coche de Fórmula 1 no hace a un buen piloto, una raqueta muy cara no te convierte en Rafa Nadal, comprar la última moda no te hacen la o el más elegante de la reunión… Contar con todas las máquinas y software para digitalizar la empresa no te garantiza que tu empresa cambie y logre los mejores resultados.

 

El éxito a la hora de competir en los entornos digitalizados en los que se generan grandes cantidades de datos fruto de los procesos casi infinitos de diálogos en las plataformas de social media, no procede del hecho simple de contar con herramientas sino de la capacidad de adaptar y usar adecuadamente la tecnología social con el fin de alcanzar unos objetivos determinados. Actualmente nos encontramos en un punto en el que todo el mundo hace practicamente lo mismo, o parecido, en lo que al social media se refiere; y en el que todo el mundo tiene igualmente las mismas o parecidas incógnitas.

Realmente lo que diferenciaría a una empresa de otra, desarrollando ambas actividades en social media, es la capacidad de obtener resultados. Y los resultados (buenos se entiende) vendrían de la habilidad que una u otra pudiera demostrar a la hora de aclimatarse al social media, en la medida que cualquiera de las dos adquiriera un nivel de conocimiento grande después de usar, equivocarse y volver a empezar en el trabajo con las plataformas de la web social… A partir de ahí, se puede construir una ventaja competitiva, que adquiriría aquella empresa mejor adaptada.

Ocurre lo mismo con la inversión en digitalización. La cuestión no descansa en el hecho de que se compre mejor o peor infraestructura en cuando a servidores, software, espacio cloud, big data, movilidad etc, sino en cómo se consiga utilizar estos medios para lograr la máxima rentabilidad.

El éxito muchas veces del marketing, o quizás la imprudencia, lleva a muchas empresas a pensar que por la simple digitalización de procesos, ya todo cambia a mejor. Verdaderamente, el mejor cambio, o el primero al menos, tiene que orquestarse en la cabeza, lo cual quiere decir que hay que saber orientar, adaptar y desarrollar el uso de las nuevas herramientas con una mente flexible que sepa adelantarse a modificaciones que sin duda se dan: no es lo mismo competir en una empresa con la tecnología y la mentalidad propias de los años 80, que hacerlo en una empresa de 2014, con la tecnología y la mentalidad propias de este año.

La imagen ideal de lo que representa la empresa mejor adaptada al entorno digital es aquella en la que se logra hacer un uso inteligente de plataformas que tienen una enorme capacidad de transformación, hasta el punto que las personas llegan a estar conectadas de forma natural compartiendo criterios y propósitos comunes. Es romper, aunque resulte paradójico, el concepto de centralidad como el contexto adecuado para tener ideas únicas que se vierten desde un solo punto, y acceder a un escenario distribuido en el que las ideas tienen más fuerza y logran alinear los comportamientos por propio convencimiento de las personas.

De igual modo, el escenario perfecto se alcanza desde el momento que la naturalidad en la transmisión de las ideas compartidas, llega a las personas de afuera, a los compradores de tus productos o servicios. La interconexión en ese punto (dentro-fuera) no tiene límites y los resultados que pueden darse son muy productivos, en tanto se consiguen datos, ideas y conexiones que hacen crecer nuestra marca.

 

 

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