La empresa desperdicia más talento que el que utiliza. La tecnología social evita ese problema

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La función de la colaboración a través de la tecnología social es fundamentalmente evitar que se desperdicie talento existente. Es decir, su principal objetivo, por lo tanto, es localizarlo para solucionar determinados problemas o para aportar ideas que triunfan, evitando que los problemas dejen de resolverse por falta de ideas o acciones.

La aportación de la tecnología social es generar ambientes en los que la participación es mucho más enriquecedora que la acción individual. Comenta Dans que las herramientas participativas proporcionan a los empleados una visión más global de las empresas que es mucho más útil de cara a acometer procesos de mejora que la visión estrecha de cada empleado, propia de la perspectiva industrial.

Sin embargo, la tecnología por la tecnología no significa nada, sin la necesaria renovación filosófica de la gestión de la empresa. Comenta Mckinsey en uno de sus últimos artículos, Building the social enterprise, que muchas empresas asumen el uso de las plataformas sociales como un requisito a poner en marcha (se sienten obligadas) antes que un activo que favorece la transformación de la organización y la forma de gestionar.

En tiempos en los que el talento se reivindica, no aprovechar el talento que existe es tan malo como perderlo. Por esa razón, abrir blog internos, promover wikis o herramientas de microblogging generan círculos virtuosos que estimulan el talento y lo ponen en movimiento. Esto representa una solución, la que, para la tradicional forma de gestión empresarial, era una asignatura pendiente.

 

 

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