El poder absoluto en la empresa espanta al talento

Si la empresa, cualquiera, quiere cambiar hacia el proceso de la empresa 2.0 o el social business, tiene que elegir entre una especie de pérdida de poder de los responsables o la pérdida del talento existente en la organización.

Mackinsey, en uno de sus últimos informes (The social side of strategy), se centra en el caso de la compañía HCL Technologies de India, en el que lo más destacado es comprobar cómo esta empresa se va deshaciendo de los corsés de las viejas organizaciones piramidales para abrirse a un universo participativo en el que, como reza en la web corporativa, lo más importante son los empleados en el convencimiento de que cada empleado puede aportar ideas muy válidas para el negocio.

El cambio de modelo de empresa lleva aparejado un cambio de liderazgo en el que se da más opciones a una participación leal y sincera, sin que ello signifique, paradójicamente, que las personas (los empleados) vayan a hacer uso de ella. En algunas ocasiones, la apertura de las organizaciones viene acompañada de dudas y temores entre los empleados a la hora de participar.

El nuevo líder de la empresa 2.0, por su parte, está abierto al diálogo, acepta propuestas que sean beneficiosas, sin que ello signifique que no deba tomar las riendas ante determinadas situaciones complicadas. Los niveles de la involucración y la participación pueden ser mayores o menores, lo que no tiene que entenderse como que los responsables de las empresas sensibles a este modus operandi, no tengan la capacidad de tomar decisiones propias y determinantes en bien de los objetivos planteados. Es cuestión de hacer valer unas determinadas reglas del juego que hagan compatibles la participación de los empleados con las acciones ejecutivas de los líderes. Y ello en un entorno en el que son los clientes a través de las redes sociales los que mueven para que su filosofía de participación desde fuera, sea entendida desde dentro a través de una dinámica similar.

Podría definirse en términos clásicos que el poder absoluto es incompatible con el talento distribuido en las empresas, ya que las personas con ese talento necesitan aire para poder expresarse. Es bien cierto que hay grandes empesas de éxito que no tienen en consideración los nuevos hábitos que la web social está imprimiendo. Quizás sea cuestión de tiempo hasta que sea el propio mercado competitivo el que plantee unas normas de juego que de momento muchos ven como frivolidades y algunos utilizan como ventajas competitivas.

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