No estar en la web social ahora es tan peligroso como no querer hablar por teléfono en los 80

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Soledad

El juego ya no se trata de si estoy o no estoy en la web social, de si tengo o no tengo cuenta en Twitter, Facebook, de si escribo regularmente un blog, o de si hago check in en un lugar a través de mi smartphone o qué… No se trata de elegir entre un modus operandi u otro, entre llevar una vida o desarrollo profesional con actividad online o sin ella. Este debate ya está del todo superado, básicamente por una razón de capacitación y crecimiento.

El fenómeno de expansión de los canales y estándares de participación de las personas en internet nos otorga un plus de mejora en nuestras capacidades de comunicación. Con ellos obtengo efectivamente más posibilidades de conectarme con los demás, pero también con mayor nivel en cuanto a calidad. Pongamos un ejemplo de otro siglo: si una persona en los años 80 del siglo XX se negaba a hablar por teléfono, eso le cerraba muchas oportunidades y menguaba sus capacidades. Su universo se circunscribía básicamente a lo que pudiera hablar in situ con otros iguales. Si alguien le tenía que comunicar exclusivamente vía telefónica que había ganado la lotería, esa noticia se le escaparía.

La negativa a comparecer en este mundo ultraconectado, implica en buena medida asumir implícitamente la opción de permancer ausente del conocimiento de muchos contenidos, mensajes, oportunidades, interacciones… que pasarán inadvertidas. También cualquier persona que opte por esta alternativa, podría pensarse, no recibirá dardos contra sus intereses, o sí, pero tampoco se enteraría.

La dimensión de nuestra realidad hoy en día se caracteriza por una mayor complejidad en lo que se refiere a poner en marcha la determinación de estar online y participar. Pero si lo vemos desde una óptica profesional, no hacerlo representa un error de grandes consecuencias, sobre todo de aquí a los próximos diez años. Las empresas actualmente actúan como freno en la terapia obligada de introducirse en el nuevo mundo, con distintos niveles obviamente de adaptación al nuevo panorama. Claro está, las hay que avanzan mucho, y también existen otras que ni huelen el cambio de paradigma.

Desde la perspectiva de la gestión empresarial tomar el camino de no comparecer en el actual estado de cosas, implica consecuencias que se miden en términos de pérdidas y ganancias por el simple hecho de no entender al cliente de hoy. Además, también como empresa nos arriesgamos a desconocer la forma en la que se producen los procesos de mejora de las ventas, dado que estaría ausente de la escalabilidad viral de nuestras operaciones comerciales y sus consecuencias en la gestión de la producción.

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