Estamos en un tiempo en el que las relaciones importan tanto como los productos

Estoy de acuerdo en el hecho de que sin un buen producto no se va a ningún sitio, pero me parece cada vez más evidente que sin trenzar una buena red de relaciones a través de las herramientas del social media o la web social, las empresas de la era del ‘negocio social’ lo tendrán cada vez más complicado.

 

Como es bastante común en el mundo de la política, las percepciones son a veces más importantes que los hechos en sí. Esto es, para la clase política, es más relevante lo que la gente percibe que lo que realmente es el asunto en cuestión del que se trate… Pues algo así se va detectando en el ámbito de las compañías que venden sus productos en un entorno en el que el posicionamiento de las personas se hace trascendental, a través del diálogo. Esto es así en la maraña de relaciones que se tejen en la red, en la que el punto de atención preferente no se centra tanto en el producto en sí, como en la tendencia que se va generando en los diálogos, a favor o en contra de nuestra marca.

 

Pero insisto. Nunca, nunca, nunca, hay que dejar de lado el peso que en la ecuación tiene el producto, porque es posible que la gente no llegue a captar o analizar en toda su intensidad el nivel de calidad o el esfuerzo de una tarea en torno a una actividad empresarial, si bien siempre, siempre, siempre penalizará cualquier debilitamiento o variación en sus estándares de percepción de nuestros productos.

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