Una percepción vale más que mil hechos

En esta dura crisis económica que atravesamos he podido comprobar, una vez más si cabe, que las impresiones respecto a la situación son determinantes. La cosa es que tengo la mosca tras la oreja pues, según las fuentes que consultes o las opiniones que oigas, la crisis afecta más a unos que a otros. La disyuntiva ( hay otras) es si España es más responsable o está peor que la media de los países europeos de su entorno o si nuestra situación es chispa más o menos similar. Es el caso, por ejemplo, de Alemania. Está claro que es la locomotora de Europa, pero claro cuando nos dicen que los bancos alemanes están peor que los españoles, te entran dudas respecto a quien en esta depresión está verdaderamente en perfecta forma, quizás China y los países emergentes…

Estoy seguro que algunos economistas que estén al tanto de la crisis en su evolución día a día, tendrá una idea muchísimo más real de lo que está ocurriendo, pero a pesar de todo, hay circunstancias que nos hacen cambiar la opinión de la noche a la mañana. Es, por poner otro ejemplo, la última llamada que Obama ha hecho al presidente español, Rodríguez Zapatero, reconociéndole el plan y los recortes para mejorar nuestra economía. Esta comunicación telefónica ha provocado en cierta medida un giro, ya que supone un espaldarazo a la política que realiza el Ejecutivo de España. Otra llamada anterior, de hace un mes más o menos, también del presidente de los EEUU, trasladó una imagen completamente distinta: Obama reprendía entonces a Rodríguez Zapatero por la situación española.

Yo ya digo, no sé si los hechos demostrarán qué país es más o menos responsable de esta depresión, pero lo que sí sé es que las impresiones nos marcan más que los datos, sean los que sean en un sentido o en otro, pues son interpretables. La cuestión se hace más obvia dado que las informaciones son casi infinitas y existe muy poco tiempo para analizarlas. Por esa razón, la inmensa mayoría de las personas nos dejamos llevar por sensaciones y casi nunca por constataciones. No en vano, el Marketing político se basa sobre las percepciones, por lo que hay que asumir con toda claridad que en este mundo hiperconectado, "una percepción vale más que mil hechos".

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