Y Shakespeare dijo a través de Macbeth:”oídlo bien:el mayor enemigo de la sociedad es la seguridad”

Macbeth6

Resulta algo no muy creible como toda frase aislada, y más para mi que no he leído Macbeth de William Shakespeare, afirmar como en el título de este post algo así como que hay que huir de todo lo que suene a seguridad. Y si no que se lo pregunten a empresas como la española Panda, que trabaja en una lógica iniciativa con otras compañías de nuestro país en favor de un plan de protección nacional contra ataques cibernéticos extensible a toda Europa, iniciativa en cuyo planteamiento y desarrollo he sido invitado a participar en alguna ocasión.

Efectivamente, no estoy de acuerdo como principio conceptual básico, que la seguridad sea prescindible por innecesaria en todos los casos. A mi, por ejemplo, me gusta pasear por la calle con tranquilidad sea la hora que sea y, a ser posible, por todos o la mayoría de los sitios. Es normal. Pero como se puede sobrentender, siempre que se habla de seguridad sale a colación la libertad.

Nuestras sociedades democráticas mantienen un equilibrio adecuado (o lo intentan) entre ambos principios. La dificultad o la benevolencia de los tiempos, marcan etapas más cercanas a la apertura y otras más temerosas de los contratiempos que se aferran a la seguridad como solución de todo. Luego existen personas más amantes del riesgo que otras; y otras más proclives a no hacer ningún movimiento que les descuadre el panorama.

Las situaciones exigen siempre decisiones que, dentro de ese juego inestable de libertad y seguridad, hacen que la balanza se incline hacia un lado o hacia otro, según ocasiones. Yo pienso que, en términos sociopolíticos y jurídicos, los gobiernos democráticos nunca deben poner en peligro principios tan fundamentales como la libertad de expresión e información; y además, con los tiempos que corren, deben ser más osados (optar menos por lo seguro) a la hora de posicionarse por un mundo cambiante basado en un modelo que se altera cada segundo debido a una influencia tecnología creciente que hace de los ciudadanos parte mucho más activas de esas mismas realidades. Por este plantemianto esencial, creo que el Gobierno de la Nación ha optado en el caso del reglamento que permite el cierre de las webs por la seguridad entendida en este caso como salvaguarda de unos derechos ( los que defienden algunos artistas y la industria tradicional de la música) frente a la libertad, que se vincula en este caso a la evolución tecnológica.

Comprendo que las decisiones que tienen que contentar a unos defraudando a otros, son muy desagradables para quienes las tienen que tomar, pero también determinan un camino a recorrer u otro. Entiendo con claridad, igualmente, que no existe ninguna decisión perfecta, con lo cual entramos en el terreno de las decisiones menos malas que, por cuestiones de porcentajes, nos animan a optar en un sentido u otro. Y es en esa delgada línea en la que pienso que la determinación adoptada tendría que haberse inclinado por el cambio tecnológico frente al modelo estático de los derechos seguros.

El debate no ha terminado aunque este viernes el Consejo de Ministros haya aprobado el reglamento que pone en la mesa de la Audiencia Nacional la supuesta última palabra para clausurar webs, porque en esta coyuntura en la que nos movemos se entremezclan bastante desconocimiento y pocas certezas. Por eso, habrá que dejar correr el tiempo ( no hay otro remedio, así es la vida) para más adelante comprobar si la senda tomada era la adecuada. En esta suerte de cruce de caminos había que optar y creo que se tenía que haber sido más sensible en favor del binomio libertad/desarrollo tecnológico frente al de seguridad/salvaguarda de derechos de un colectivo, algo que además hubiera justificado algo más plantear el asunto en el ámbito de la Ley de Economía Sostenible.

Sin comentarios todavía.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


A %d blogueros les gusta esto: