Los social media no supondrán nunca el fin de las jerarquías en las empresas

Final_estructuras

Una de las cosas que hay que tener bien claras es que el uso de los social media en las empresas u organizaciones no va a suponer el final de las jerarquías. No sé si esa posibilidad más bien utópica ha obtenido algún éxito en cualquier planteamiento teórico relativo a la empresa 2.0, que en cierta medida y hasta cierto punto, se está fraguando dentro de un proceso evolutivo en el que las compañías clásicas van poco a poco adquiriendo el uso de herramientas 2.0. Andrew McAfee debate el asunto en su blog

De forma sintética, la empresa 2.0 es un proceso evolutivo como digo, que parte, efectivamente, del uso de los social media:

  • el uso en las empresas tradicionales de blogs, wikis, redes sociales, foros, podcasts…, inevitablemente, abre una etapa en la que se detecta inicialmente:
  • un incremento en el flujo de la información.
  • y un incremento de la atmósfera de colaboración.
  • la participación plantea una revisión del liderazgo, puesto que de forma espontánea, surgirán personas y grupos que proponen y desarrollan líneas de actuación interesantes:
  • sin embargo, la estructura de poder establecida, visualizada en el organigrama, no se deshace. La gran apuesta de la dirección es saber aprovechar el flujo de información creciente, así como saber apoyarse en el liderazgo emergente.
  • la necesidad de que permanezca un organigrama formal es especialmente necesaria para las situaciones críticas, en las que las tomas de decisiones han de ser ágiles.
  • el punto crítico del proceso evolutivo de empresa a empresa 2.0 se sitúa en alcanzar un equilibrio entre la apertura de la participación y la restricción que el ejercicio del poder exige en algunas ocasiones.
  • lo interesante es saber rentabilizar la inteligencia colectiva, como sumatorio de las aportaciones de los distintos miembros de una organización en un entorno participativo.
  • lo difícil: saber prescindir del diálogo superfluo para centrarse en el rentable.

En más de una ocasión he comentado que las empresas más proclives a poner en marcha desde el primer momento un entorno participativo son las tecnológicas. Un ejemplo curioso es esta empresa australiana de software, Atlassian. Aquí podrás ver sus planteamientos empresariales basados claramente en la filosofía 2.0.

9 Comments
  • Isabel Ramis
    Enero 13, 2010

    Totalmente de acuerdo, Benito. Las conversaciones ya existían antes, pero ahora se pueden escuchar con mayor claridad, a pesar del ruido que a veces se genera.La jerarquía de las empresas no tiene porqué peligrar, sino su propia supervivencia si no se adecúan a las necesidades de sus clientes (y siempre que éstos encuentren una alternativa).

  • Benito Castro
    Enero 13, 2010

    Efectivamente, el asunto de los social media tiene que contemplarse como un nuevo ámbito, y muy importante, donde se dilucida la competitividad entre las empresas.

  • Ramon Suarez: Internet Entrepreneurship and Marketing
    Enero 13, 2010
  • Ramon Suarez: Internet Entrepreneurship and Marketing
    Enero 13, 2010

    Lo que ha cambiado y está cambiando es la manera de relacionarse y la distribución de la jerarquía. Son relaciones más directas y en jerarquías más planas. Depende mucho también del tamaño de la empresa: cuanto más grande más rigida será la jerarquía y más lentamente evolucionará.

  • José Miguel Bolívar
    Enero 13, 2010

    No creo que el problema esté en la jerarquía en sí sino en cómo se establece esa jerarquía. Si los social media consiguen que en lugar de construirse “a dedo” o con cualquier otro tipo de criterio más o menos arbitrario se construyan de forma más meritoria y colectiva, análogamente a cómo surge la influencia en las redes sociales, seguramente su credibilidad y aceptación, y por ende su utilidad práctica, serán considerablemente mayores.

  • Manuel Ángel García
    Enero 14, 2010

    ¿Nunca? ¿Seguro?La estructura de poder establecida no se deshace. ¿No sería más adecuado decir que no desaparece?, porque sí se transformará radicalmente. Toda estructura de poder –yo prefiero hablar de responsabilidades o competencias– seguirá siendo necesaria únicamente para permitir que la toma de decisiones sea efectiva.Pero esta estructura no tiene por qué ser piramidal necesariamente. Puede ser distribuida. Un rasgo diferenciador de las redes sociales es que -por vez primera- permiten la comunicación entre iguales para todos los niveles de la organización. Esto es decisivo, pues si variamos el flujo interno de la información, nos veremos obligados a optimizar la estructura, y ello se traducirá finalmente en una modificación del organigrama.José Cabrera lo expresa de forma excelente en el siguiente artículo:http://blog.cabreramc.com/2009/11/01/redarquia-el-nuevo-orden-emergente-en-la-era-de-la-colaboracion/Acuña el término “redarquía” como evolución de la jerarquía tradicional (estrucutura piramidal con varios niveles impuestos, donde las decisiones en la cadena de mando se transmiten de arriba abajo) a una toma de decisiones distribuida por nodos (incluso emergiendo de abajo arriba).Yo introduciría además otro aspecto cuya importancia aún no se valora suficientemente en las organizaciones. Y es que un funcionamiento en red,100% transparente, permitirá (de hecho, ya está permitiendo) que los “inputs” se generen tanto desde dentro como desde fuera de la organización, de forma dinámica y simultánea. Bajo esta nueva estructura, las tomas de decisiones terminarán siendo un proceso semiautomático. ¿Debería limitarse entonces el nuevo organigrama a los estamentos internos de una jerarquía tradicional?Mi visión personal (en línea con ese utópico convencido que habita en mi interior) es que los Social Media han encendido ya la chispa de un profundo cambio de mentalidad cuyas implicaciones aún no somos capaces de percibir. Quizá empecemos a notarlo, tanto en las estructuras empresariales como en las sociales, cuando consigamos resolver una asignatura pendiente nada trivial: filtrar el ruido (esos árboles que no nos dejan ver el bosque) y optimizar selectivamente los nuevos flujos de información (más calidad en menos cantidad se traducirá en una mayor productividad). ¿Cuál será la fórmula que lo resuelva: la semántica, la inteligencia artificial, los algoritmos…?Una cosa sí parece clara, y es que en cualquier organización -y en la sociedad en su conjunto- la materia prima que promueve el progreso y la evolución son y seguirán siendo las ideas humanas. El gran cambio reside en que, a partir de ahora, el procesamiento de nuestras ideas será competencia exclusiva de las máquinas, dado que un cerebro electrónico supera ampliamente la capacidad del humano para realizar tareas como predecir, calcular y descifrar, mediante un cómputo matemático y estadístico de millones de ideas y experiencias humanas generadas en tiempo real. ¿Podrá entonces una empresa seguir encerrándose entre cuatro paredes y reduciéndose a una plantilla de empleados? Opino que no.Puede que dejemos de “pensar” y nos limitemos a crear. ¿Tendrán aún sentido las jerarquías en ese contexto?Y lo más importante: ¿llegaremos a verlo nosotros? Me encantaría ser un Julio Verne del siglo XXI para, por lo menos, poder imaginarlo 🙂

  • Benito Castro
    Enero 14, 2010

    Me encanta el debate abierto. Gracias Miguel Ángel. Efectivamente creo que las jerarquías nunca van a desaparecer. Pueden ser de otra manera, pero nunca desaparecerán. Está claro que en la revolución industrial con el patrón burgués que tenía trabajando a menores de edad 15 horas al día, la jerarquía era de una manera y era más bien esclavitud. Todavía hoy, especialmente en los países del Tercer Mundo, la relación que se establece en los entornos laborales y en las organizaciones se asemeja a patrones jerárquicos muy rígidos que nos recuerdan esas etapas históricas superadas en Occidente.Pero no nos vayamos tan lejos; en la mayoría de las empresas de nuestro entorno (99%), se mantienen organigramas que evidencian unas relaciones de poder totalmente jerárquicas. Puedo pensar que el hecho de la jerarquía y las relaciones de poder están tan íntimamente ligados al ser humano, que ya vienen ‘ de fábrica’ cuando nacemos, y se reafirman en nuestra cultura.Sin embargo, y ésta es una de las razones de mi interés e involucración en el tema, la actual evolución de internet y la incidencia de las nuevas tecnologías en general, imprimen una tendencia hacia una achatamiento de las pirámides y hacia unas estructuras más planas ( Ramón). Me parece interesante el término ‘redarquía’ de José Cabrera (leeré el post) como exponente de un lentísimo cambio evolutivo de la marcha de las organizaciones, pues sigue siendo determinante el porcentaje citado anteriormente (99%) respecto a las empresas que utilizan jerarquías claramente piramidales. Incluso en las empresas del ámbito tecnológico nacidas en esta etapa. Google es un ejemplo, pues es una compañía llevada por Eric Schmidt ( su CEO) con planteamientos tradicionales aunque obviamente influida por procedimientos de generación de contenidos que circulan de abajo a arriba. (Don´t be evil, que reza como eslogan).Justamente, este podría ser el paso intermedio que las empresas estarían dispuestas a plantearse no sin sus reticencias. Hablaríamos entonces de una síntesis en la que las jerarquías se harían más participativas ( no desaparecerían) debido al uso de los social media o demás tecnologías que, en su funcionamiento ( incluso del básico e-mail) conlleva la posibilidad de generar más diálogo de igual a igual ( no entre iguales, ojo), que podría evidenciarse en casos como ese empleado que conoce el mail del director general y le manda un mensaje, cosa impensable hace 20 años.La presencia de los social media (para cuyo funcionamiento ideal tienen que facilitar la participación interna y la externa, de fuera de las compañías) facilita un hecho revolucionario sin duda alguna y con todo el énfasis: la posibilidad de ( como se ha dicho) que las personas de abajo a arriba interactúen y aporten conocimiento generando ecosistemas de inteligencia colectiva, que favorecen ( José Miguel) la meritocracia.Este estado de cosas actual, nos permite pensar en la utopía, pero sin dejar de pisar con los pies en la tierra. Por eso, hay que realizar planteamientos relativos a eficiencia, productividad ( en cuanto a costes) de involucración y motivación ( en cuanto a recursos humanos) y de transparencia y buen gobierno ( en cuanto a ética). En línea con estos presupuestos, la empresa tradicional, achuchada por el ímpetu de internet, los social media y la gente joven, no tendrá más remedio que ir introduciendo nuevas herramientas que obligan a incluir nuevas prácticas de management basadas en la filosofía 2.0.Pero atención, en este nuevo esquema en el que podríamos hablar,sí, de nodos de conocimiento ( generados de abajo a arriba) no dejaría de existir direcciones y estructuras de poder. Lo que sí cambiaría es el liderazgo que dejaría de ser de ‘ordeno y mando’ para convertirse en otro más participativo. No obstante ( no nos despistemos) el hecho de que haya gente que ponga dinero y medios para poner en marcha una empresa dará razones más que suficientes para que los dueños , principales accionistas, equipo directivo, etc, etc quierna tener las riendas del proyecto en sus manos, lo que genera estructura de poder ( aunque sea para dar la última palabra).Históricamente, y hoy en día con pujanza ( pensemos en la Corporación Mondragón) la denominada Economía Social, que incluye cooperativas como la citada ( fabricante de la marca Fagor de electrodomésticos) nos ubica en un entorno en el que los trabajadores y la dirección, son accionistas, esto es, todos son dueños de la empresa. Sería interesante indagar en cómo incidirían los medios participativos en estos entornos que, a priori, conectan organizaciones igualitarias de partida ( todo el mundo es dueño de la empresa) con herramientas ( los social media) que favorecen ese igualitarismo.Por último, la incidencia de las máquinas que cita Miguel Ángel es evidente que es clave en la medida que nos pueden ayudar ( todavía hoy mucho, mucho, no) a distinguir lo determinante de los superfluo. Este punto es crítico puesto que ahora mismo nos enfrentamos ante un volumen de información enorme que tiene una nada fácil organización.En ese sentido, es lógico pensar que mejoremos en una de las debilidades actual de los social media como es la medición de los resultados.

  • Manuel Ángel García
    Enero 14, 2010

    Un debate apasionante y muy, muy interesante, Benito, porque nos permite vislumbrar hacia dónde caminamos.No dejes de leer el referido artículo de José Cabrera. Publicado a primeros de noviembre, es de lo mejor que he leído sobre este asunto. Resulta muy clarividente. Coincide contigo en que las jerarquías no desaparecerán. Redarquías y jerarquías -dice- son complementarias y compatibles, pero también identifica puntos de fricción entre jerarquías y redarquías que van a generar conflictos importantes.Curiosamente, desde diciembre la red española está dejando en evidencia ese conflicto, en lo que me parece un ejemplo claro y patente como pocos. El intento por regular los derechos de autor en internet está contraponiendo (mediante la imposición legal) la estructura jerárquica de un gobierno tradicional y los privilegios de las sociedades de gestión de la propiedad intelectual frente a la cultura redárquica de los usuarios de internet. Creo que ahí reside el debate real que todas las partes implicadas dicen necesitar, pero nadie sabe cómo abordar, quizá por no haber identificado el nudo gordiano del asunto.Cuando teoría y práctica se funden, felizmente sabremos que caminamos en el sentido correcto. Y no dando palos de ciego, como hasta ahora.

  • Ramon Suarez: Internet Entrepreneurship and Marketing
    Enero 14, 2010

    Cristian Eslava a creado una dicotomía jerarquías desaparecerán o no > en torno a este mensaje (¡viva Twitter). Es como un combate de ideas a los puntos 😉 Para ver que campo cuenta con más apoyos.

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