La “sorprendente” revolución de la red « El Periscopio

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El mundo se mueve y lo hace aunque algunos, muchos, lo ignoren. Cerrar los ojos nunca fue un sistema efectivo para ahuyentar al monstruo. Aferrarse al suelo para frenar los giros, las turbulencias o la vida que palpitan en otras direcciones, no produce más que vértigo y desconcierto propios. Acaban de cumplirse 40 años del día en el que el doctor Kleinrock, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), logró por primera vez hacer “hablar” a un equipo de su centro con otro en Stanford. Había nacido Internet. En los 80 comenzó la que iba a ser una difusión masiva hasta llegar a hoy que goza de salud tan excelente como para ver brotar espora sobre espora de cada planta. Y todavía hay quien las llama “las nuevas tecnologías”.

Desde los 80 precisamente muchas voces empezaron a alertar de los cambios que este sistema de comunicación iba a producir. Ya lo ha hecho y mirar para otro lado o reprimir no va a detener la marea. Es de ésas que el tópico llama… incontenibles.

Conozco a mucha gente de mi edad que ignora lo que es un blog, una web, u otros conceptos elementales. Hasta presumen de que sea así. Avezadas autoridades se lanzan a usar la terminología, decir simplemente “blog”, atorando sus cuerdas vocales por el esfuerzo. De ahí, que se menosprecie lo que no se entiende, como si con eso fuera a desaparecer, tal como nos decía mamá de niños. De ahí, que llamen despectivamente “blogueros” a personas con una brillante carrera profesional en el periodismo.

Lo decía hace bien poco: Probablemente poetas y juglares acudieron a las “autoridades competentes” cuando surgió la imprenta, porque el gran medio iba a anularles o modificar su modo de hacer largamente establecido. Nadie discute hoy el avance que supuso la estampación de los textos y cómo agilizó su difusión entre los ciudadanos. Pues está revolución consolidada, la virtual, tiene aún mayor amplitud e implantación.

Hemos visto consumirse en las últimas décadas –y cada vez con mayor rapidez- el magnetófono de anchas cintas, el cassette, el video betamax, el VHS… cuando nos enteramos de que existe un MP3, ya vamos por el MP4. Pues bien, el CD también ha muerto. Y a él se aferran los músicos sin ver, como dicen algunos colegas, que por el contrario la Música goza de la mejor salud y los conciertos se llenan.

La revolución de la Red ha pillado a muchos desprevenidos. Las interpretaciones habituales no sirven. Se gestó en apenas 8 horas. Unió en propósito común a personas de lo más heterodoxo, porque de alguna manera había una infraestructura, había simplemente… comunicación. Juntos en la queja, de forma anónima, generosa, masiva. Ése ha sido su éxito. Ya se ha perdido la cuenta, se habló de 150.000 blogs reproduciendo el manifiesto, de más de dos millones de referencias, incluso internacionales y en otros idiomas. Lo cierto es que, con inusitada rapidez, se ha colado en portadas y editoriales. El Presidente del Gobierno comparece para calmar los ánimos. Y hasta llegan los insultos y descalificaciones.

Hay varios puntos muy serios en la ley que ¿tramitaba? el Ministerio de Cultura. Sustituir a los jueces por una comisión de “expertos” –ay, qué miedo dan- para ordenar el cierre de una página. Primar los derechos de autor sobre la libertad de expresión. Considerar infracción -de tan drástica pena- hasta el enlace a otras páginas con informaciones. Siempre hemos usado antecedentes. Antes incluíamos el resumen tecleando en nuestra vieja máquina de escribir –también finiquitada-, el enlace es más real, y más rápido. De publicarse en el extranjero, como se dijo en la reunión con expertos de Internet convocados por el Ministerio de Cultura, los “expertos” ordenarían vedar su acceso, del mismo modo que hacen China o Cuba cuando algo les molesta.

Nadie niega los derechos de autor y su pago por un tiempo razonable. Transcurrido éste, pasa a ser patrimonio común, como lo es la música de Mozart o los textos de Calderón. Los creadores –y modestamente creo que yo y otros muchos “agitadores” lo somos- han de explorar nuevas vías. Y sobre todo no cerrar los ojos a la realidad.

Con todo, el manifiesto de Internet que tanto alboroto ha causado, tiene un significado mucho más profundo. En un mundo de emporios inamovibles, de políticos y centros de poder tan alejados de la ciudadanía que les sustenta, ha sido la demostración de que la sociedad también tiene voz, y que por el “atado y bien atado” hay –como debe ser en democracia- rendijas por las que el caudal se escapa y hasta puede envolverles. Al menos, obligar a cambios que pide la mayoría sin voz oficial. No tolerar arbitrariedades sobre todo. Un lobby contra los lobbys.

El potencial de este movimiento está por ver. Observo en él leves atisbos de los viejos métodos. Entre ellos, volver a llamar a las devaluadas manifestaciones callejeras, convocadas al calor –pero fuera- de la acción inicial. Y además en la víspera del puente paralizante.

¿A alguien le extraña lo sucedido? ¿No debería ser pauta ante las innumerables disfunciones que nos aquejan? Lo cierto es que a muchos el mundo no nos gusta como está. Demasiadas injusticias, demasiados atropellos, demasiada aristocracia. Pero algo se mueve, ojalá la inercia de la polilla y la caspa, no lo engulla.

Este texto de Rosa María Artal, de quien no tenía referencia previa, como tantas veces ocurre en el mundo de internet, me parece adecuado y es un buen resumen de contexto de ¿qué es lo que ha pasado?, pregunta que probablemente, de esa forma o con cualquier otra variante, se estará haciendo la ministra de Cultura, González Sinde.

Quizás la ministra, puede ser, se haya dado ya una respuesta más o menos provisional o definitiva (tiempo ha habido), si bien dudo que ésta inserte el necesario conocimiento de causa que le era exigible antes de promover y avalar lo que promovió y avaló en el apartado que le dejaron en, entiendo, el bien intencionado proyecto de ley para la economía sostenible.

A Rosa María le inquieta- y estará bien comprobar qué tal sucede- que las manifestaciones reales que se han convocado para esta tarde noche en España, devaluen (por escasas) el ímpetu y el enorme seguimiento que ha tenido en escasas 24 horas la respuesta que en toda regla han dado las personas a través de internet y sus nuevos medios a la iniciativa del Ministerio de Cultura. No creo que la menor presencia en la calle, aunque sea un viejo tick del pasado que en ocasiones viene bien rescatar, vaya a desmerecer lo ocurrido. Y lo que es más evidente aún: la unánime respuesta lograda a través de blogs, twitter, redes sociales…, con el desembarco posterior y gradual (según se sea online, televisivo, radiofónico…) de los medios tradicionales; esa unanimidad lograda, no hay quien la quite. Pero algo más importante todavía: la respuesta en la red se puede volver a repetir en cualquier momento, quizás incluso más extensa y rotunda.

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