El control gestiona la escasez, la participación la riqueza

Poltergeistg

No me gustan las frases que suenan a tremendismo del estilo de un:  ‘todo o nada’, o ‘conmigo o el caos’; y probablemente la frase que introduce este post suene un poco a eso. La primera idea que me viene a la cabeza cuando planteo este tema es sencilla: cuando ponemos una serie de barreras a las cosas, sin duda estamos poniendo límites al crecimiento. Por ejemplo, si reducimos las propuestas que supuestamente van a mover a una empresa hacia el éxito a aquellas que plantean únicamente los miembros del reducido grupo de la dirección, en principio existen menos posibilidades, aunque sea por una cuestión matemática: a menos cabezas pensantes, menos ideas.

 

Y no entremos en la cuestión de la calidad de las ideas, porque es una cuestión vidriosa. Resulta más que evidente que las personas que llevan los designios de una empresa saben mucho más que nadie sobre la misma, pero, ¿valdran, por ejemplo, las aportaciones que hacen los consumidores de los productos de esta compañía? Está claro que lo que opinan los clientes es fundamental pues son ellos los que finalmente tienen el poder de decidir. De hecho, siempre se ha intentado averiguar lo que un cliente piensa o dice.

 

Con la intención de obtener una muestra constante de las ideas de los consumidores han salido en los últimos tiempos iniciativas de empresas como Dell (Ideastorm) o Starbuck (mystarbucksidea) en las que se estimula la participación y la aportación de ideas, o los forums de marcas que cada vez con más profusión surgen en sitios como Facebook. La cosa tiene, hasta cierto punto, tanto tirón que hay a quien se le ha ocurrido que los consumidores podrían contar con un servicio de Comunicación Relaciones Públicas para posicionarse públicamente ante las marcas para que éstas cuenten con sus opiniones. A mi esta propuesta, que hallo en el prestigioso blog de Jeremiah Owyang me parece inviable, especialmente si pienso en el mercado español.

 

La conclusión a mi modo de ver es que, sea como sea, en el interior de las empresas o en el contacto con el mercado (o en los dos), la predisposición a la valoración de las ideas de la gente a través de la participación, es mucho más inteligente que el empeño de tener cerrado todo a cal y canto. Es que las ideas de la misma gente ( en la empresa), una y otra vez, entran en una especie de endogamia antiproductiva, pues siempre las personas tendemos a limitarnos a unos ámbitos concretos. La inclusión de más y más propuestas enriquece. Esto es obvio. El punto crítico, como he comentado en más de una ocasión, tiene que ver con la capacidad de saber compenetrarse con las comunidades y elegir las mejores ideas en un juego que satisfaga a las personas y no se sientan utilizadas.

 

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