‘Coolhunting’

La verdad es que, para mi, hablar de algo cool me ubica a bote pronto en las expresiones de algunos amigos y conocidos norteamericanos que suelen tener esa palabra en la boca, sencillamente, cuando algo les gusta o les llama la atención.

Si embargo, cuando me zambullo en ‘Coolhunting’ (Gestión 2000) descubro de la mano de su autor, Daniel Córboda-Mendiola ( Facebook) que no, que esto de ser cool da para más, básicamente para construir un cuerpo teórico estructurado cuya finalidad es averiguar qué es cool y cómo rentabilizarlo en términos de negocio. Entiendo.

La lectura de ‘Coolhunting’ es recomendable en la medida que, con gran entusiasmo, su autor coloca al lector ante un mundo que se escondía tras una palabra. En el libro celebro y disfruto la lectura de determinados pasajes que me parecen iluminadores, como el capÍtulo ‘Mercado cool’ y especialmente la explicación del término pastiche (pag 64 ). También me parecen interesantes las orientaciones sobre aquellas ciudades que impactan sobremanera en este contexto de hipermodernidad que diría el autor. Córdoba-Mendiola destaca en este apartado Londres y Nueva York, ciudades fundamentales para el fenómeno cool, que él denomina hubs. Luego están las ciudades hotspots, que serían aquellas de segunda categoría en esto de la recreación cool, podrÍamos decir, y que son: Dubai, Mumbai, Shangai, París, Berlín, Buenos Aires, Tokio y Moscú.

Por otro lado, en el capítulo del debe, ‘Coolhunting’, bajo mi particular punto de vista, se pierde en trenzados teóricos que viven en plenitud en la cabeza del autor, pero que cuestan penetrar en la del lector, al menos en la de este lector. Pongo un ejemplo:

“Un mundo cool que usa la conveniencia para reforzar únicamente la practicidad deja sin explotar la verdadera potencialidad de la propuesta. Esta es, sin duda, la realidad del mercado cool que menos se ha explotado en la oferta y que más se ha usado como argumento de venta.

La verdadera conveniencia se debe expresar desde la concepción única del destinatario basado en la información de la que está haciendo uso, debe ser una experiencia alineada con el momento de ocio del destinatario, y debe ser percibida como auténtica en sus intenciones y cómplice de nuestro imaginario nostálgico”.

Finalmente, y como resumen, particularmente animaría al interesado en este tipo de temas a que leyera ‘Coolhunting’ pues, seguro estoy, encontrará ideas y sobre todo motivación para añadir una familia de conceptos ad hoc para entornos publicitarios y marketingnianos, ávidos siempre de nociones llamativas.

Pero a pesar de los pesares, no creo que lo cool tenga más recorrido que una moda urbana que llama la atención durante un tiempo y luego desaparece. Nunca podrá una simple palabra ser la clave que sirva de acicate para explicarnos de manera permanente en el tiempo esos procesos supuestamente inéditos que, cuando se tienen en cuenta, dan sentido a muchas cosas y valen, además, para aclararnos dudas y abrirnos a nuevas realidades por descubrir. Dicho lo cual, realmente pienso que nos situamos pues ante variaciones sobre un conjunto de ideas que viene flotando en nuestro particular universo de la Comunicación y el Marketing desde hace algunos lustros.

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