El choque entre las viejas leyes y las nuevas herramientas de la Comunicación

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El mundo legal y su relación con internet, y no digamos nada sobre todo lo que se refiere a la desaparecida o todavía viva web 2.0, es un tema realmente difícil. Leyendo a Katie Paine, que tiene un muy interesante blog sobre cómo medir cuantitativamente los resultados de los medios participativos ( blogs, redes, microblogging, etc) me detengo en este aspecto de la evolución de internet y el control que ejerce la ley.

La primera constatación es que la visión legal de la realidad, en líneas generales, no ha alcanzado a entender definitivamente qué es y cómo funciona el mundo 2.0. Existen casos aislados de profesionales que, desde sus despachos, están avanzando en la comprensión de este nuevo mundo al tiempo que conectan ‘las viejas leyes’ con los nuevos usos sociales de internet.

El marco general legislativo, sin embargo, se sitúa bastante por detrás de la evolución de la herramienta de comunicación, llamada en este caso internet. Probablemente, en este contexto en el que inevitablemente las normas legales y los usos prácticos chocan, quien sale perdiendo es la comunicación.

La ley siempre ofrece una perspectiva restrictiva, mientras que el uso de internet se basa en una utilización amplia de las posibilidades que ofrecen las nuevas herramientas participativas. En ese contexto abundan los casos en los que se dan intereses encontrados, como el que actualmente protagonizan Facebook y Power.com.

La percepción general que ofrece la interpretación de estas leyes antiguas sobre los usos comunicativos modernos genera un clima global de incomprensión y miedo. De esa forma, antes que ver las posibilidades y potencialidades que aportan los instrumentos de la nueva ola ( blogs, redes…) la visión que representa el status quo plantea de inmediato los límites.

Yo no defiendo el que no haya límites. Tienen que existir, pues son los garantes para, en situaciones concretas, acabar con los abusos y conductas fraudulentas o inapropiadas. Ahora bien, lo que no me parece adecuado es que, basándose en esas posibilidades indeseables para cualquiera, se cercenen o coarten los avances y mejoras que las nuevas herramientas aportan.

La mejor solución tiene que pasar necesariamente por la aceleración y adaptación a los nuevos tiempos de aquellos procesos legales y normas antiguas y desfasadas. Empezamos año, al menos como propósito, no estaría nada mal.

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