No existe transparencia sin Comunicación

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Hoy en día, eso de que la empresa tiene que ser transparente parece una obligación ineludible, pero claro, según para quién y según para qué. Lo que sí está claro, bajo mi punto de vista al menos, es que la transparencia está ligada a la Comunicación. Es obvio que tu empresa es opaca cuando niegas la Comunicación en ella.

Siempre me gusta incidir que este tipo de asuntos, como la transparencia, no se puede, no se debe, plantear desde la perspectiva del ‘todo o nada’. Ser transparente no significa sentirse en la obligación de retransmitir todo y a todos. Efectivamente, y por lo tanto, hay que centrarse un poco para comprobar de qué manera hay que jugar a ese juego de la transparencia y, por su puesto, de qué manera rentabilizarlo puesto que hablamos de empresas. A este respecto indicaré varias ideas:

  • Como comentaba unas líneas más arriba, no existe transparencia sin Comunicación. En este sentido, resulta necesario concebir nuestra actividad empresarial como una unidad de comunicación, asumiendo que cualquier acción implica un mensaje, o mensajes.
  • Normalmente se liga la transparencia con la reputación empresarial. Ser transparente para una empresa significa contar con una valoración favorable de su mercado.
  • La transparencia es una consecuencia natural de la empresa moderna que se incardina en una nueva estructura comunicativa generada por internet, en la que va siendo cada vez más común abrirse a las aportaciones y a generar conocimientos compartidos.
  • La transparencia tiene una vertiente legal también. Las cuentas de las empresas tienen que cumplir con una serie de requisitos de información, por ejemplo a la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores), para aquellas empresas en España que cotizan en bolsa.
  • Ser transparente implica niveles de compromiso en temas sensibles a la opinión pública, como el respeto al medio ambiente o la necesidad de cumplir con otras exigencias que plantea la comunidad en la que se trabaja.
  • La filosofía de la transparencia tiene que basarse en aceptar que existen niveles de claridad innegables respecto a tareas: qué hace una empresa, cómo, y con qué resultados.
  • La transparencia, por contra, no puede exigir que se desvelen aquellos secretos claves de la acción empresarial, pues sería como si a un cocinero se le pidiera que revelara la medida del componente clave de su exitosa comida.
  • Ahora bien, en este mundo cada vez más interconectado, los niveles de estandarización de nuestros productos son cada vez más patentes, por lo que ya casi nadie cuenta con la exclusividad de casi nada.
  • La única exclusividad es el talento. Y el talento, como la materia, ni se crea, ni se destruye, sólo se transforma.

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