El silencio administrativo y la comunicación

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El silencio administrativo me parece una figura de lo más interesante. Con el tiempo, y muchas generaciones de funcionarios, nos hallamos ante una fórmula por la que una institución cualquiera puede aceptar o denegar una petición, simplemente dejando de contestar a quien la plantea.

Pero el silencio administrativo, como dinámica humana, va bastante más allá del mundo institucional o del funcionariado. Una forma de silencio administrativo es no contestar a un correo electrónico. Por ejemplo. La motivación de esa negativa a responder un e mail es otra claro, y de naturaleza muy variada.
Desde la perspectiva del esquema comunicativo, el silencio administrativo rompe el vínculo entre el emisor y el receptor por incomparecencia de este último que prefiere, por la razón que sea, no responder.
No me atrevería a decir que el silencio administrativo dentro de nuestra vida común, tanto en lo personal como en lo profesional, sea una mala práctica. A veces el silencio es más claro que las palabras, pero el silencio duele casi siempre y angustia, aunque esto sería una percepción demasiado humana.
Por último, pienso yo que el silencio administrativo va en contra del sentido de la Sociedad del Conocimiento, lo cual, así tal cual, no digo que no suene algo exagerado. Pero tiene cierta lógica: si la Sociedad del Conocimiento se basa en compartir información y para ello el diálogo es necesario, resulta obvio que el silencio administrativo rompe el vínculo de la comunicación y acaba con el diálogo. Para bien o para mal.

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