Pongamos que llama un periodista…

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Pongamos que un periodista llama. El comunicador anda en su puesto de trabajo y ha de atender al informador sobre un tema en concreto. Tal informador es bien conocido por el comunicador. Pertenece al medio de comunicación X que, habitualmente, suele hablar poco de la empresa o institución para la que trabaja el comunicador y, cuando lo hace, suele ser para hablar mal.

El comunicador tiene suficiente experiencia con ese medio de comunicación concreto y sabe que cualquier llamada de cualquiera de sus periodistas tiene como objetivo lograr algunos datos que avalen una perspectiva de la noticia tomada de antemano que, evidentemente, es una perspectiva contraria a los intereses del comunicador y de su empresa.

La llamada del periodista espera. Hay que tomar una determinación en segundos. Y la pregunta es: ¿vale realmente la pena atender a ese informador que sabes perfectamente no va a escribir nada bueno acerca de tus intereses? Si, no… ¿Que hacemos? Se le dice al periodista que no está el comunicador, que mejor que haga sus peticiones por correo electrónico. O por el contrario: pase lo que pase, hay que responder a todo lo que pida.

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