¿Con los brazos cruzados?

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Aunque llegue un día tarde, en éste mi particular ‘homenaje’ a internet, no quiero dejar de ser solemne. Por eso arranco este post con lo siguiente: ‘llegado el tiempo en el que estamos y, transcurrido lo transcurrido, es imposible quedarse con los brazos cruzados’.

El entorno tecnológico en el que vivimos nos exige continuas respuestas. No es comprensible que, a estas alturas, algunos se obcequen todavía en seguir haciendo lo mismo, y de la misma forma.

La llegada de herramientas y medios nuevos exigen cambios a gritos, pero cambios en las personas y, por ende, también en sus organizaciones. A estas alturas resulta de lo más ‘políticamente correcto’ aceptar la importancia de las nuevas tecnologías cuando, lo único que a duras penas saben algunos, es mandar un correo electrónico, o abrirlo, y navegar con relativa destreza por la red.

Seguir haciendo lo mismo que años atrás con la serie realmente inabarcable de instrumentos novedosos puestos a nuestra disposición, es una verdadera barbaridad. Hay quien dijo por ahí que el cambio en internet, antes de nada, debía ser mental. A nadie se le escapa, sin embargo, que cambiar es difícil. El ser humano por definición siempre se resiste a hacerlo.

En todo proceso de modificación de hábitos hay quien empieza antes. Suelen ser los menos. Hay, la mayoría, que se queda atrás de forma premeditada, o no, a la espera de acontecimientos. El que se lanza asume un riesgo. El que espera de forma premeditada puede que decida incorporarse cuando ya es demasiado tarde.

La tozudez de los hechos nos está diciendo, a pesar de los pesares, que estamos obligados a realizar determinadas tareas de una forma diferente y con las nuevas herramientas, que ya empiezan a ser antiguas en algunos casos, pues se han consolidados a través de los hábitos sociales generalizados. Y así será siempre: algunos innovan y, cuando pasa el tiempo, todos terminan haciendo aquello con lo que los pioneros se atrevieron antes que nadie.

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