Relación esfuerzo-logros

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  • Llamada telefónica: comunica. No está. Se ha ido el interlocutor. No volverá. Sí lo hará, pero no se sabe cuando. ¿Sirve de algo dejar nota de la llamada? Ha cambiado de trabajo. No hay cobertura. No entiendo lo que me dices. Hablamos, pero no acordamos nada…
  • E-mail: no me ha llegado el correo. Creo que lo he borrado, superaba la capacidad de mi cuenta. Puede ser que lo haya perdido. No puedo abrir el documento adjunto. Tiene algún virus, seguro…
  • Internet: el navegador no responde. El enlace no funciona. Es imposible descargar el programa. La navegación es muy lenta…
  • Medios de información clásicos: la noticia no llega a publicarse, se cayó a última hora. Noticias como ésta hay muchas, no nos interesa. Salió publicada, pero en un lugar recóndito. Salió publicada, la información, pero incluía un error tipográfico, o un contenido mal expresado, seguro que alguien se cabrea…
  • Publicidad: los colores no están bien reproducidos. Yo pedí página impar y en domingo a este precio, y con lo que cuesta, ¿por qué ha salido mal? He descubierto un error en el texto…

La comunicación, en muchas ocasiones, se traduce en un intento frustrado por alcanzar una meta que se complica. A veces se consigue, otras no. Desconozco la proporción, pero para alcanzar un resultado hay que realizar varios intentos( 3, 10, 20…). El problema se plantea cuando los esfuerzos llegan a ser muchos y la energía se debilita. No se ha acertado. Algo ha fallado, pero qué: ¿la comunicación? La falta de respuesta genera momentos de confusión. Entonces el caos se abre paso. ¿Qué pasa en estas situaciones? ¿Se pueden controlar? ¿Existe una economía de la eficiencia de los esfuerzos para lograr una comunicación óptima que nos permita lograr los objetivos propuestos con costes tolerables? ¿Deberíamos invertar ese control eficiente? ¿Se improvisa mucho? ¿Existen códigos compartidos que faciliten niveles de comprensión adecuados que eviten la crispación?

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