No existe RSC, si no se comunica

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En muchas ocasiones- y suele ocurrir más de lo deseado- surgen iniciativas que tienen el marchamo de ‘nuevas’ cuando, realmente, son algo ya patentado a lo que se le cambia el nombre y poco más, no mucho. Pasa también (y hasta cierto punto es injusto) que esas nuevas actividades empiezan a calar con un nombre remozado después de haber fracasado con una denominación anterior, pero así es la vida.

En medio de esta dinámica, y desde hace varios años ya, hemos oído hablar de la Reponsabilidad Social Corporativa (RSC), que también se ha dado en conocer como RSE (Responsabilidad Social de la Empresa). En EEUU, lo mismo,comenzó en la década de los 60 y, aquí en España, lleva entre nosotros unos 15 años aproximadamente. Algunos autores estadounidenses,como Holt, Quelch y Taylor (ver el número 131 de la Harvard Deusto Business Review) no ven en estos planteamientos más que “una nueva forma de Relaciones Públicas”, lo que denota carecer del más mínimo espíritu filantrópico.

La RSC es considerada como un “conjunto de obligaciones y compromisos, legales y éticos” con el que se intenta compensar los “impactos de la empresa en el ámbito social, laboral, medioambiental…”. Existe una corriente de opinión que considera que la RSC debe ser legislada para convertirse en una obligación más de la empresa con su entorno. Esta perspectiva tiene sus detractores, expertos que consideran que la RSC debe ser voluntaria, puesto que, añaden, cualquier obligación en este sentido va en contra de la competitividad de las organizaciones.

La Comunicación

Este dibujo de la situación, para mi personalmente al menos, está incompleto, por que, ¿qué pinta aquí la Comunicación? Realmente creo que bastante porque, ¿de qué sirve que una organización desarrolle una política de RSC si ésta no se da a conocer? Esto ya lo saben las grandes empresas, como es el caso de Renfe, que últimamente ha lanzado los resultados de su estrategia en este campo.

El peso de la duda surge si, como ya he apuntado, hay quien defiende que difundir estas operaciones no es más que una forma de querer poner a la sociedad de parte de la empresa intentándole ablandar el corazón con ideas sugerentes del estilo: “¡eh, mira, yo soy bueno!” para luego dejarle caer, “oye, pero mira esto que te vendo también, ¿es bonito, eh?”.

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